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Debate: ¿Esto es todo?

Casado, desangrado en su eterna sonrisa. Albert, enredado con sus cositas de juguete. La foto con marco que no se quería quedar de pie... En fin, hay cachondeo para rato.

Debate: ¿Esto es todo?
Debate electoral ante el 28-A. / TVE
Debate electoral ante el 28-A. / TVE

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Carlos Raya

Carlos Raya

El autor, CARLOS RAYA, es colaborador de MUNDIARIO. Es licenciado en Sociología por la UNED. Es especialista universitario en Seguridad y Yihadismo por el Instituto General Gutiérrez Mellado, diplomado de Estudios Avanzados de la Sociedad de la Información por la Universidad de A Coruña (USC), especialista universitario en Propiedad Intelectual por la UNED y doctorando en Sociología de la Propiedad Intelectual por la USC. @mundiario

Hace años que un debate no generaba tanta polémica previa. Por las formas de unos y otros parecía que la escabechina del Presidente Sánchez estaba servida. Y la pinza de la derecha apretó todo lo fuerte que pudo, no hay duda de que las intenciones eran morder con fuerza. Pero las cosas funciones por perspectivas y ya nos tienen acostumbrados al machaque diario. Tan acostumbrados que nos quedamos con ganas. La pregunta se fue perfilando cada vez de forma  más clara: ¿esto es todo el poder que pueden desplegar contra Pedro? Claro, es muy diferente soltar la consigna en el mitín, con los tuyos, que tener enfrente al Presidente, contestando, quien se iba creciendo al mismo ritmo que la pinza se desarmaba.

Casado se instaló en la sistemática del acoso, sin molestarse en explicar quien era ni qué pintaba allí. La impresión era la de un niño caprichoso que quiere quedarse con el juguete ajeno. Quizá fue el peor parado de la noche, en un papel más pasivo que activo de quien tiene más que ocultar que proponer, lo que trasluce el estado de agotamiento de toda su organización. Un partido destrozado por la corrupción, la inactividad y el descubrimiento de más de cien acuerdos ocultos con Bildu.

Mucho más lúcido se desarrolló Albert Rivera, quien atizó todo lo que pudo y más al Presidente. Legaba sin hipotecas y con la lección muy bien aprendida, tan aprendida que en alguno momentos dio la sensación de tratarse de una autómata clon de Inés Arrimadas. La naturalidad no es el fuerte de Ciudadanos. Sus juegos de souvenirs y fotos de las vacaciones pasaron de sorprender a cargar y de aburrir a ser el chiste del debate. Se fue desinflando por más ganas que le ponía y él solo se remató en un minuto de oro enlatado con salsa de eslogan incluido.

El tercero en discordia fue el sereno, brillante y sensato Pablo Iglesias. La defensa continua de la Constitución contra una derecha que dice defenderla sin cumplirla fue magistral. La construcción de sus mensajes fue clara y concisa. Incluso le sobraba tiempo. Fue capaz de mantener la fuerza de su salida hablando sencillamente de lo importante para la gente. Ahí fue un político de altura. A parte del buen rollito con el Presidente, con agradecimientos mutuos incluido, su empeño en ser el único sujeto de posibles acuerdos postelectorales resultó un poco cargante.

Y el Presidente Pedro Sánchez fue el gran acosado y el gran ganador. Empezó indeciso, nervioso, demasiado a la defensiva. Como para no estarlo. Como un buen bizcocho se fue creciendo y pasó al ataque con momentos brillantes y zascas dignos de festejar. Habló de su programa, sin prisas, por lo menudo. Tiene Pedro la ventaja de que no necesita hablar de promesas, sino de hechos. Su lista de tareas realizadas en diez meses y en minoría descompuso el rostro de Casado, que se enfadó aún más y desarmó a Rivera que salió del lance sacando más regalitos, que fue disponiendo como una trinchera delante de su posición. Incluso colocó uno de las fotos en el atril de Pedro, detalle que quizá fue el más feo de la noche.

En resumen, más de lo mismo: la derecha al ataque, en su salsa, machando y con pocas propuestas que llegaron solo de Ciudadanos. Casado desangrado en su eterna sonrisa. Albert enredado con sus cositas de juguete. La foto con marco que no se quería quedar de pie... En fin, hay cachondeo para rato. Por el otro lado una izquierda serena, propositiva, constitucional y dispuesta a pactar y construir más que a destrozarse mutuamente.

Pero esto solo es el entrenamiento. El debate de verdad es esta noche. Ayer solo probaron sus misiles más pequeños midiendo las defensas enemigas. Nadie sacó lo mejor de su arsenal, porque hacerlo sería estúpido. En estos lances quien pega de último gana. La tragedia está servida. ¿Veremos de nuevo a la derecha de la crispación, el acoso y la mentira? ¿Cuál será su nueva estrategia? ¿Albert volverá a hacer protagonista a Torra? ¿Sacará Casado a pasear de nuevo Bildu? ¿Esto es todo lo que tienen? Menuda desilusión. @mundiario