¡Cuidado con las trolas!

Una imagen de la inocencia. / Pixabay
Una imagen de la inocencia. / Pixabay

Tómense estas tres como referencia posible y mudable: no tienen pretensión de valor absoluto en un listado aleatorio

¡Cuidado con las trolas!

El 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, durante muchos años lo peor no era que nos colaran alguna inocentada, sino que se rieran porque no habíamos caído en la cuenta de la pifia. En un presente tan quebradizo como el de este año que termina, lo recomendable es no bajar la guardia ante la cantidad de trolas que nos pueden estar contando: estas tres son focos tensos de lo verdadero y lo falso.

1.- El peligro (de la Covid-19) ha terminado

Cuando estos días oímos afirmaciones de este carácter, parece que se refieran a la vacuna. En parte, es válida esta si nos referimos a que hay un inicio de solución para contener la pandemia; la trola consistiría en dar por hecho que, puesto que ese desenlace ya está ahí, podemos bajar la guardia y regresar directamente a donde solíamos antes de marzo de 2020. Falta mucho, probablemente un año, para que la ansiada normalidad, no la “nueva” que unos y otros se apresuran a vendernos, sino la auténtica, sea posible sin riesgos mayores que los que habitualmente tiene el vivir.

Esta parte de la trola o inocentada, son propensos a inducirla quienes se ocupan de rentabilidades económicas de manera compulsiva,  tendentes a ver cortapisas a su libre iniciativa en cuanto es necesario para preservar la salud de todos; no admiten que la vida y salud (de los demás) son valores superiores. Debiéramos tomar nota de quiénes son estos audaces emprendedores, inmunes al dolor ajeno, y, por el mismo sano principio, cortar cualquier tipo de relación comercial, transacional o del tipo que fuere con ellos: no les importamos nada, salvo como material de desguace y en condiciones flexibles.  Libertad no es esto, y menos cuando median decisiones políticas que nos atañen a todos; este tipo de utilitarismo moral no es difícil de ver en estos días de supuestas fiestas de Navidad –no solo el día de Inocentes-, cuando hay tanto candidato ocupado en que no nos olvidemos de la falta de sustancia de  supuestos halagos que intentan hacer a nuestro ego. Lo que no debiéramos olvidar es que el voto es una prolongación de nuestras neuronas, y que no debe ser para quienes solo saben usarlo para reírse de nuestra inocencia.

2.- El Brexit ya está arreglado

Es en gran medida otra hipérbole que, antes de que venga el día uno de enero -y los que falten para que cada sector económico esté encauzado sin demasiado estropicio-, se ha puesto en circulación para que nos olvidemos de la hecatombe que han supuesto estos días para los transportistas varados en el Canal de la Mancha a la espera de los trámites burocráticos;  la máquina de las supuestas negociaciones para apurar los plazos ha dejado mil flacos por remendar.

Lo cierto es que esta historia, como otras muchas de marcha atrás, es muy desagradable; será difícil que durante un tiempo más bien largo no siga generando múltiples inconvenientes a unos y otros. Los resabiados cultivadores de la melancolía imperialista de la Gran Bretaña seguirán diciendo que su Brexit es una victoria; nunca dirán que el uso de la libertad no es eso ni para eso. Mientras los dejen funcionar con sus privilegiadas transacciones internacionales, menos lo explicarán los que controlan la autonomía legal de la City londinense respecto a la propia Inglaterra, Escocia, Gales, El Ulster y todo lo que resta de la época victoriana, incluido ese peñasco llamado Gibraltar. Al lado de la preservación de ese privilegio, lo demás, incluida la pesca y el turismo, son cuestiones menores, que perjudicarán a los ingleses y europeos del común.

3.- Atacan la libertad de elección de centro

“No vamos a permitir que se ataque a la enseñanza concertada”: eso decía todavía hace dos días alguien relevante de la Comunidad de Madrid, en cuya Consejería encabezan –como no podía ser menos desde el “Tamayazo- los lamentos por que la LOMLOE cercene, a punto de entrar en el BOE, “la libertad de las familias a la hora de elegir un centro donde educar a nuestros hijos y proporcionarle la formación necesaria”. Lo dicen y se quedan tan anchos: ¿qué hay más sagrado que los hijos o que la libertad? Y, si nos lo creemos sin más explicaciones, es otra santa inocentada que nos quieren colar; por repetición no queda.

También en esto sucede, sin embargo, que tampoco en educación la libertad es eso que dicen; si no supiéramos qué se callan les sería más fácil. La cuestión es que, como adultos, ya mayores y en riesgo, tenemos memoria de que, “cuando carecía de importancia la diferencia entre el ahora y el antes” –como dice Antonio Gamoneda en sus recomendables recuerdos de infancia: Un armario lleno de arena-, siempre querían lo mismo: que sus colegios privados, de pago, se distinguieran sobradamente del común escolar; ya entonces alegaban como “función social” la segregación de los “selectos”, en corralitos particulares hacia los que habían conseguido que se decantara una parte sustantiva de los recursos que el “Estado Nuevo”  detraía del gasto público. Los Pactos de la Moncloa, firmados 40 años después de aquella infausta Guerra, cuentan los déficits que –no solo de plazas escolares- faltaban a un enclenque panorama educativo de acceso universal en equidad para todos; las facilidades que las sucesivas leyes franquistas habían ido dando a la “iniciativa privada” –con licencias, subvenciones, exenciones fiscales y otras enjundiosas disposiciones para facilitarles sus negocios “de pago”-, fueron totales, mientras la deficiencia acumulada, con supresión de centros públicos y, sobre todo, con la depuración y exilio de tantos y tantos profesionales, habían hecho del sistema educativo un erial. Hay un Decreto, del día 05.05.1941 (BOE del 17), que explica que, en adelante, se subvencionaría a la enseñanza privada –católica entonces en más de un 90%- con un 50% de los recursos de lo que se destinara a personal y material de las escuelas de primera creación.

Probablemente estos defensores actuales de la libertad de elección de centro indiscriminada, nos digan que ellos no estaban allí; sí estábamos quienes tuvimos que sufrir esa penosa historia y nos suena a burla que digan que esta morigerada LOMLOE les “ataca” o les roba; ser demócrata  –salvo que nos hayamos equivocado al estudiar la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789- no se compadece bien con sostener privilegios injustificados a cuenta del dinero del común; si lo miran bien, el art. 27 de la CE78, tampoco. @mundiario

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