Cuerpo defiende el cierre del espacio aéreo español y descarta impactos en el comercio con EE UU
El estreno del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, al frente de la vicepresidencia primera ha entrado de lleno en la guerra de Irán. Su primera gran defensa pública ha girado en torno a la delicada decisión de cerrar el espacio aéreo español a cualquier operación vinculada con la ofensiva militar de EE UU e Israel sobre régimen de los ayatolás, conocida como operación Furia Épica.
La medida implica no solo impedir el sobrevuelo de aeronaves militares implicadas en la guerra, sino también vetar el uso de bases estratégicas como Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para misiones relacionadas con el conflicto. Es, en esencia, un posicionamiento claro de España por no participar, ni directa ni indirectamente, en una intervención militar que el Gobierno considera contraria al derecho internacional.
Cuerpo ha acudido a una entrevista en Cadena Ser para afirmar que, pese a las amenazas de Donald Trump de cortar cualquier vínculo comercial con Madrid por su beligerancia hacia la operación militar, en La Moncloa no contemplan impactos económicos por esta vía. El Ejecutivo de Pedro Sánchez sitúa la decisión en el terreno de los principios, alineándose con una lectura restrictiva del uso de la fuerza en el ámbito internacional.
En este sentido, Cuerpo ha insistido en que las relaciones comerciales con Washington no se han visto alteradas. Según su explicación, “las empresas españolas operan en las mismas condiciones con EE UU que las francesas o alemanas”, en un marco regulado fundamentalmente por la Unión Europea, que ostenta las competencias comerciales de los Veintisiete. La conclusión que traslada el Gobierno es que el desacuerdo en materia militar no se ha traducido en represalias económicas.
El Gobierno cierra filas
Desde el punto de vista militar, diversas fuentes coinciden en que el impacto operativo del veto español es limitado. EE UU dispone de alternativas logísticas en Europa para sostener sus operaciones en Oriente Próximo. Sin embargo, el valor de la medida es eminentemente político y diplomático en el rol que ejerce Sánchez a nivel global como adalid progresista.
Cerrar el espacio aéreo incrementa los costes logísticos de la operación —más distancia, más combustible, mayor complejidad en el reabastecimiento—, pero no altera el curso del conflicto. Donde sí deja huella es en el mensaje, España marca distancia respecto a la estrategia de Washington y reafirma una política exterior más autónoma dentro del bloque occidental.
La decisión, sin embargo, sí ha aterrizado en la encarnizada política española. Desde el Partido Popular se cuestiona la coherencia del Ejecutivo, y la portavoz en el Senado, Alicia García, la ha tildado de “una hipocresía improvisada”. A la izquierda del PSOE, sectores como Podemos han ido más allá, reclamando incluso “expulsar a los soldados estadounidenses de las bases de Rota y Morón” y, como han venido recalcando varios socios del Gobierno, el secretario de Organización Pablo Fernández reiteró su petición para que España se salga de la OTAN.
Por su parte, el Gobierno ha tratado de cerrar filas. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha subrayado que la negativa a colaborar en operaciones militares no implica una ruptura de los acuerdos bilaterales ni del uso general de las bases conjuntas, que siguen operativas para otros fines. Robles ha indicado que “desde el primer momento” se le informó al Ejército estadounidense “que no se autorizaban las bases ni, por supuesto, tampoco se autorizaba la utilización del espacio aéreo español para actuaciones que tengan que ver con la guerra en Irán”.
Relaciones con EE UU: pragmatismo pese a la discrepancia
Uno de los principales desafíos del Gobierno en estos actos de funambulismo diplomático la capacidad de mantener una relación funcional con Estados Unidos pese a un desacuerdo de este calado. El propio Cuerpo ha revelado contactos “fluidos” con representantes estadounidenses y ha insistido en que el vínculo bilateral sigue siendo “normal”.
Este enfoque refleja una lógica pragmática en separar la cooperación económica y diplomática de las discrepancias en política de defensa. Además, esta posición pone a prueba el perfil de Cuerpo, llamado a consolidar la estabilidad económica española cuando la guerra está trastocando todos los mercados y amenaza con alterar la estabilidad global.
España, bajo el liderazgo de Sánchez, intenta situarse en ese equilibrio complejo. La defensa del derecho internacional y la prudencia militar conviven con la necesidad de mantener relaciones económicas estables con Estados Unidos. @mundiario