Corrupción en el PP: Cuando prescribe el delito sólo queda la política

El extesorero del PP Luis Bárcenas.
El extesorero del PP Luis Bárcenas.

Si los sobresueldos apuntados por Bárcenas fuesen reales, la situación es la siguiente: antes de 2007 no hay delito porque ha caducado y después tampoco porque ninguno pasó los 120.000 euros.

Corrupción en el PP: Cuando prescribe el delito sólo queda la política

Si los sobresueldos apuntados por el extesorero del PP Luis Bárcenas fuesen reales, la situación es la siguiente: antes de 2007 no hay delito porque ha caducado y después tampoco porque ninguno pasó los 120.000 euros.

 

Cada semana que pasa desde el estallido del 'caso Bárcenas', cobra más sentido en dos direcciones la frase que pronunció el presidente Mariano Rajoy: "Todo es falso, salvo alguna cosa". Esto sería real si se hubiese referido a nuestra democracia desde que gobierna el PP; pero es una falsedad porque en lo referido a los sobresueldos y la presunta financiación ilegal de la derecha lo que realmente parece es que "todo es verdadero, salvo alguna cosa".

Únicamente en un país como el nuestro, alguien como Rajoy puede seguir durmiendo en la Moncloa a pesar de estar acorralado por la sombra de la sospecha y la certeza de que casi todas las explicaciones que ha dado sobre Bárcenas, que no han sido muchas por otro lado, se han terminado por demostrar inciertas. No solamente pesan sobre él los supuestos cobros ilegales, sino que ha quedado marcado por la mentira y la estafa moral como forma de actuar y de rendir cuentas ante los españoles. Muy poca gente le cree, de sus votantes casi nadie, de los que no lo somos ninguno, pero tiene la osadía de decir en New York que él trabaja para darle la vuelta a estas encuestas, prueba inequívoca de la falta de sentido moral que posee el personaje, al tratar la cuestión ética y la decencia como una simple tendencia demoscópica.

No contento con esto pasó por diversos foros americanos explicando que la mayoría de los españoles están con él y que no tiene intención de dejar el poder ahora que después de tantos años empieza a disfrutarlo de manera aún más despótica. No porque Rajoy no haya sido un déspota poco ilustrado en su manejo del poder dentro de su partido, sino porque ahora somos todos los españoles los que sufrimos su indolencia política y su nula sensibilidad humana. Creo que no explicó a la ONU que su gobierno había introducido un copago hospitalario para los enfermos ingresados que requiriesen tratamiento. Desconozco, sinceramente, si en la UE existe otro país que haya llegado a este nivel de práctica inhumana, pero cuando tenemos un Estado que se gasta cantidades indecentes en Defensa y en pagar intereses -los intereses de una deuda ilegítima y que es una estafa-, no se puede justificar, bajo ningún concepto, esta deshumanización de la política. 

En parte esta es la base de esa neoideología que se podría calificar como "fasciliberalismo", que combina el totalitarismo político del fascismo clásico con el neoliberalismo económico que nos rebaja a los seres humanos a meros números y animales en competencia. Porque precisamente en esta crisis muchos han dejado de ver al vecino como un vecino, como un conciudadano, como un compatriota, para empezar a verlo como un rival, en una espiral destructiva que nos conduce, inevitablemente, al darwinismo sociológico que es todo lo opuesto a una sociedad justa y democrática y que siempre ha sido, y seguirá siendo, la antesala de los peores capítulos escritos por la humanidad.

Y esto es, además, un escenario provocado de manera consciente porque cuanto más ocupados estemos en sobrevivir y en competir para evitar la pobreza, menos pensaremos en pedirles cuentas a los que nos gobiernan y nos han hundido en este pozo que parece no tener fin. España es un país devaluado donde la corrupción puede colarse en todos los rincones porque cuando existe hambre y necesidades, la dignidad civil y los valores democráticos acaban pasando a un segundo plano. Por supuesto que encontramos resistencias, gente que se resigna a vivir bajo el yugo del despotismo y la caridad, pero en este país estamos tan perdidos política y socialmente que muchos han abandonado toda esperanza de renacer para simplemente aspirar a sobrevivir lo que les quede de vida. Hasta tal punto hemos llegado, que ya la cuestión no es qué vamos a hacer los jóvenes con nuestros sueños, sino cómo van a terminar nuestros mayores los años que les quede en este mundo. Esta derecha desalmada no ha respetado absolutamente nada, a excepción de los bancos, la Iglesia y la CEOE, que son esos lobbys intocables para Rajoy. 

Yo no sé, porque no soy jurista, si el 'caso Bárcenas' acabará en el cajón de nuestras vergüenzas aunque llegue a probarse como ciertos los apuntes del ex tesorero. Sería, en parte, como la repetición del 'caso Naseiro', el cual quedó anulado no por falta de pruebas o de culpabilidad sino por defecto en la instrucción. Es verdad que el PSOE fue condenado por el 'caso Filesa', pero el PP no lo fue por Naseiro porque maniobraron en los plieges de la justicia para impedir cualquier sentencia. Y esto, en defintiva, no es ser inocente de financiación ilegal. 

Ante esta posibilidad, en cualquier democracia decente, como apuntaba al principio, se podría dar el escándalo de que nadie se sentase en el banquillo ni fuese a la cárcel, pero lo que sí sería seguro es que ninguno estaría atrincherado en su presidencia o en su ministerio. Cuando el delito prescribe y solo queda la esencia democrática y los valores de la responsabilidad que tampoco funcionan, ¿a qué podemos aspirar los ciudadanos? A la política. La política, en España, es nuestra única salvación, y quien lo niege o alimente un discurso antipolítico, o se está condenando a sí mismo o busca seguir condenando a los demás, dependiendo del lugar que ocupe. 

No podemos obligar a los sinvergüenzas a que acaben en la cárcel si el estado de derecho no los condena, pero sí podemos obligarlos a salir de nuestras vidas si utilizamos el instrumento más poderoso que existe en la democracia: el voto electoral. @marcial_enacion

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