¿Cuál es la auténtica diferencia entre un gobierno del PP y uno del PSOE?
Si tenemos en cuenta que el Poder Legislativo reside en el Congreso y el Poder Ejecutivo presenta los proyectos de Ley, la diferencia es saber quien vivirá en La Moncloa.
La abstención del PSOE ya ha sido aprobada por su Comité Federal, y aunque quedan dudas sobre cómo se ejercerá o quién será nombrado Secretario General en su próximo Congreso General, ya no habrá tiempo para evitar un gobierno presidido por Mariano Rajoy. Ello nos libra de la verguenza ajena de que nos pidiesen por tercera vez que les solucionaramos el problema de la gobernabilidad ya que los políticos no eran capaces de lograr acuerdos que les lleven a solucionar nuestros problemas, o al menos intentarlo.
En esta legislatura la diferencia entre un gobierno de Rajoy y el que Sánchez pretendía postular es mínima. Es cierto que la alternativa de Sánchez tenía la particularidad de requerir el apoyo de independentistas y darle la vicepresidencia, junto con el control del CNI y RTVE, a Podemos, pero en la práctica los independentistas no iban a apoyar leyes nacionales y los cambios que prometía Sánchez o Iglesias deberían pasar por el apoyo del PP como los cambios que requiera el PP necesitarán los apoyos del PSOE. Desgraciadamente se han tardado 10 meses en reconocer lo evidente. Nadie en el PSOE hizo una campaña interna para explicar a las bases que no se puede hacer las reformas que España necesita sin acordarlas con el PP. Algunas veces las circunstancias nos llevan a la situación de tener que elegir entre lo malo y lo menos malo, y lo menos malo era el gobierno de Rajoy porque lo que hoy votó el PSOE es si querían un gobierno de Rajoy en minoría o un gobierno de Rajoy en mayoría, si querían ser los jefes de la oposición o se la entregaban a Unidos Podemos en unas nuevas elecciones. Venció la sensatez aún después de que la campaña del "No es No" careció de una campaña informativa menos apasionada.
Desde el principio Rajoy lo tuvo claro, la opción más eficaz para resolver problemas era pactar con el PSOE en la llamada opción A, la misma que llevó a Albert Rivera a decir sí a un gobierno de concentración entre PP-PSOE-C's que pudiese, con su mayoría cualificada y suficiente, llevar a cabo las modificaciones constitucionales y urgentes. La diferencia entre unos y otros es que Ciudadanos se involucró y consiguió que el PP aceptase 150 puntos programáticos para profundizar en la democratización y contener la corrupción y privilegios, mientras que el PSOE ha preferido no poner condiciones a su abstención y analizar ley a ley cuáles aprueba y cuales rechaza. No va a ser una legislatura fácil pero es una situación similar a la de la Comunidad de Madrid. El PP gobernando en minoría con el apoyo de Ciudadanos para puntos pactados, o perdiendolas cuando la oposición mayoritaria se une y C's vota como oposición que es. Esto es lo que ha llevado a que los presupuestos de Madrid contengan enmiendas de Ciudadanos, pero también del PSOE y bastantes de Podemos.
Es la democracia, el Congreso, con una oposición en mayoría, decidirá qué leyes aprueba y cuáles rechacha, y todas las leyes orgánicas o cambios constitucionales han de ser pactados por el PP y el PSOE moderados por Ciudadanos que será el punto de encuentro. No tiene porqué ser una legislatura mala o corta si todos son conscientes de que han de ceder, empezando por el PP y siguiendo por todos los demás. Se necesitan amplios consensos para una ley de educación, o electoral, o sobre aforamientos, o sobre las seis condiciones básicas de Ciudadanos, o para afrontar el reto del Parlament, y eso requiere aptitud de diálogo. Confiemos que esta espera haya sido para bien.