En la crisis del PSOE hay razones que la razón no entiende

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Javier Fernández y Mariano Rajoy.

​La gestora socialista no tiene competencias para negociar la reforma constitucional. ¿Con qué legitimidad hablará de respeto a la ley quien no cumple sus normas internas?

En la crisis del PSOE hay razones que la razón no entiende

No puede ser una casualidad... El PSOE es un partido centenario, de origen noble y trayectoria sin demasiados borrones, que celebró el pasado 2 de mayo su 137 aniversario presentándose a las segundas elecciones en menos de medio año, con un candidato inesperado pero elegido por las bases, y con un programa aprobado por su Comité Federal basado en las líneas ideológicas marcadas en el Congreso extraordinario de julio de 2014.

Cinco meses después, el 1º de octubre, una asonada interna tumbó a la dirigencia legítimamente elegida y obliga a dimitir al Secretario General –y candidato a la presidencia–, Pedro Sánchez, en un suceso sin parangón en la historia democrática de este país e, incluso, en la historia interna de los partidos socialistas de nuestro entorno. Desde entonces, una comisión gestora se atribuye la capacidad de decidir sobre cuestiones que no le competen, vulnerando la legalidad y con el consecuente malestar entre las bases, pero aplaudida hasta el paroxismo por los medios de comunicación que están al servicio del poder y por los propios portavoces del PP. Por no hablar de los candidatos a quedarse con el espacio ideológico de la izquierda, léase lo que queda de Izquierda Unida y Podemos, que se frotan las manos.

El 29 de octubre, 34 años y un día después de llegar al gobierno por primera vez en España, ese mismo partido hace presidente de nuevo al candidato del Partido Popular, como premio a cinco años de ordeno y mando en los que se pisoteó el espíritu constitucional de derechos, libertades y garantías sociales y se empobreció definitivamente a buena parte de la clase media. Para ello, no se dudó en fracturar al grupo parlamentario e, incluso, sancionar a quienes votaron en conciencia y mantuvieron su voto contrario a Mariano Rajoy, decisión tomada en un anterior Comité Federal que no fue revocado con posterioridad.

El propio Rajoy no ha podido dejar de manifestarse encantado con estos compañeros de viaje que le placen mucho más que los advenedizos herederos que le habían puesto como aliados los jefes del Ibex, “ciudadanos” sin más proyecto que el aggiornamento del mismo programa que el PP y un cambio de caras que no convenció a su electorado.

Tiene razones para estar satisfecho. En menos de tres meses, la actual Comisión Gestora no ha tomado ni una sola decisión adecuada a su capacidad, traspasando todos los límites, llegando incluso a enviar a su cabeza visible al encuentro con el Rey en las audiencias previas a la sesión de investidura, sin que Javier Fernández ocupe escaño en el Congreso o en el Senado y sin que nadie se extrañara de algo tan anormal. Del mismo modo, se están tomando decisiones de hondo calado como pactos explícitos o tácitos con el Partido Popular, para garantizarle estabilidad y permitirle gobernar con pequeños peajes pensados para la galería.

La gestora socialista vendió como un gran logro la subida del Salario Mínimo Interprofesional, pero al mismo tiempo, amaga con no aprobar el presupuesto, aunque previamente sí lo había hecho con el techo de gasto... Y mientras tanto, con esta política errática, el partido pierde votos hasta la extenuación en las recientes elecciones de Galicia y Euskadi, y pasa del no al PSC y su postura constitucionalista de entender a Cataluña como una nacionalidad histórica, que no es más que un eufemismo para considerarla una nación dentro del Estado español –como se votó en 1978–, a aplaudir el acuerdo de gobierno del PSE con el PNV, que sigue el mismo modelo antes rechazado.

En el Congreso de 2014 se ratificó el artículo 70,2 de la Normativa Reguladora de la Estructura y Funcionamiento General del Partido, ratificada en el congreso de 2014, que dice lo siguiente: “Las comisiones gestoras se designarán de mutuo acuerdo entre la CEF y las Comisiones Ejecutivas Regionales o de Nacionalidad. Las funciones de dicha Comisión Gestora así como el plazo serán establecidos en la correspondiente resolución”. Es decir, que la gestora tendría que haber sido votada por la totalidad del Comité Federal, y no por los cuatro que quedaron en Ferraz la noche del 1 de octubre, y nunca fue ratificada por todas las ejecutivas regionales o de nacionalidad, como se había hecho en tiempos de Almunia, hace ya 16 años.

 

Javier Fernández.

Javier Fernández.

 

La reforma constitucional obliga a un debate interno previo en el PSOE.

Por si no fuera suficiente, se deja querer nuevamente por el PP amagando una posible negociación para la reforma constitucional arrogándose, una vez más –y ésta es especialmente grave–, la representatividad de unas siglas que recogen en sus resoluciones políticas el sistema autonómico con varias Nacionalidades. Por lo tanto, antes de pactar con nadie externo ese cambio, tendrá que debatirlo internamente en el único órgano que puede hacerlo: un Congreso.

El “padre” de la Constitución, Gregorio Peces Barba, en nombre del PSOE, dejaba claro lo que ahora discute y niega el presidente de la gestora socialista, Javier Fernández: “En el tema «nacionalidades», nosotros no participamos del catastrofismo con que se enfoca en la enmienda que combatimos y en la inteligente intervención que el señor Silva ha hecho para defender su posición. Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término «nacionalidad» es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones."

Conviene recordar, ante tal falta de memoria, que las comunidades autónomas que incluyen en su Estatuto de Autonomía un autorreconocimiento como nacionalidad o nacionalidad histórica, que conlleva su reconocimiento legal como tales. Para cambiar éste, o cualquier otro principio en la Constitución, primero hay que discutirlo en un Congreso. Ya tuvimos bastante con la vergüenza del acuerdo “privado” entre Rajoy y Zapatero –al final del último gobierno socialista– para condicionar en la Constitución el compromiso de déficit que exigían los organismos europeos. No debatirlo internamente en un Congreso, ni está, ni se contempla, ni se debe consentir.

 

Personalmente, no creo que la solución a este galimatías esté en Pedro Sánchez, pero es intolerable que se le intente cerrar el paso a la hora de postularse

Participar en política no debe ser un desdoro y para merecer el respeto de la ciudadanía hay que ser consecuente con lo que se predica. El tiempo sí importa. Las formas también. Nadie tiene crédito por siempre si se empeña en malgastar su patrimonio. Hay que cuidarlo y proponerse que crezca. Personalmente, no creo que la solución a este galimatías esté en Pedro Sánchez, pero es intolerable que se le intente cerrar el paso a la hora de postularse: debe haber tantas candidaturas como aspirantes a liderar el PSOE surjan.

Hasta ese momento, sería importante que se pidieran disculpas a la militancia y a los votantes y simpatizantes por la zafia manera en que se rompió la vida interna del partido, durante el nefasto Comité Federal del 1º de octubre y las consecuencias que ya ha tenido, que son además, susceptibles de empeorar; que se encauce la reclamación avalada por miles de firmas para validar la legalidad de lo ocurrido o no y que no haya que esperar al sonrojo de un dictamen de los Tribunales para resolver lo que la propia organización tiene previsto cómo se debe hacer.

Conviene recuperar la buena costumbre de no ver al discrepante como a un enemigo y favorecer al adversario político como a un amigo por conveniencias que nadie explica. Es imprescindible garantizar que no se va a precocinar el resultado del necesario Congreso –ahora paralizado–, para dejarlo en el congelador hasta que el reloj marque las horas a beneficio de una de las partes. Y, por supuesto, es absolutamente necesario que los logros alcanzados en la forma de participar internamente en el partido, se consoliden:

> Primarias para elegir a la persona que ostente la Secretaría General y a quienes deban estar en cargos electos de representación de la ciudadanía.

> Cada militante, un voto.

> Discusión interna y votación, antes de cambiar las líneas ideológicas del partido, con el cumplimiento objetivo y justo de los Estatutos y normas internas que no se utilizarán al servicio de facciones interesadas.

> Debate, hasta el fondo, del proyecto político de un partido que abrazó la socialdemocracia desde su llegada al poder y tres décadas después, por decisión de diez dirigentes que ocupan la representación, ilegítimamente, de toda la militancia, se está colocando a la derecha del centro político como aliados de conveniencia del neoliberalismo que representa el PP.

A todo esto, y con un toque de ilusión que, desgraciadamente, puede parecer naif, empieza a ser necesario recordar que, para el socialismo, el poder no ha de ser un fin en sí mismo.

En la crisis del PSOE hay razones que la razón no entiende
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