Monarquía o república: antes o después tendrán que devolver la voz al pueblo español

El rey Juan Carlos I.
El rey Juan Carlos I.

La crisis de la monarquía no es sólo coyuntural. Según este analista, los españoles menores de 40 años quieren pronunciarse sobre las cuestiones que se hurtaron a sus padres.

Monarquía o república: antes o después tendrán que devolver la voz al pueblo español

La historia política de los pueblos está regida por el principio de causalidad: los hechos se encadenan y suceden unos a otros, transfiriéndose consecuencias perdurables y creando nuevas causas que a su vez producen nuevos efectos. Al margen de la serie de episodios que vive la familia Borbón, desde hace años, las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y las de otros solventes consultores sobre esa institución reflejan una disminución progresiva de su popularidad, especialmente notable entre los menores de 40 años que no conocieron la llamada Transición política, y en particular el papel que se le asigna al Rey en este proceso. La respuesta del pueblo español, es decir, el rechazo a la monarquía se palpa en la calle, y no sólo en los abucheos o silbidos que ya son habituales cuando aparecen en público los miembros de esta familia.

Estos hechos denotan la existencia de una cuestión de mayor transcendencia, y parecen advertir de que las jóvenes generaciones exigen que se les reconozca la capacidad de pronunciarse sobre un aspecto esencial de su condición de ciudadanos, la forma del Estado y su articulación política, por lo que esta pérdida progresiva popularidad de la Monarquía, precisamente entre los ciudadanos más jóvenes, va más allá de lo meramente coyuntural.

El franquismo se transforma en monarquía

El proceso jurídico de la transformación del franquismo en la Monarquía parlamentaria contó con un instrumento especialmente diseñado para evitar que los medios de comunicación y, por lo tanto, el público en general, pudieran discutir en libertad sobre otras alternativas. Fue el modo en que se resolvió la conversión realmente curiosa. Es decir, que se pusieron los medios jurídicos para impedir que se llevara a cabo la propia alternativa de las fuerzas democráticas y de millones de ciudadanos: un referéndum decisivo que se planteara la alternativa República o Monarquía y un Estado unitario o federal.

Una pieza esencial junto a las sucesivas leyes de la Reforma, fue el Real Decreto-Ley de 1 de abril de 1977 (BOE: 04/12/1977, N ° 87) sobre la Libertad de Expresión, que derogaba el artículo 2 de la Ley de Prensa de Fraga, de 1966, pero que establecía que la Administración podría decretar que el secuestro de gráficos o documentos sonoros que contuvieran noticias, comentarios o información, en contra de la unidad de España, constituyeran demérito o detrimento de la Monarquía o el prestigio de las Fuerzas Armadas. Ésta fue la herramienta decisiva, además de la autocensura o la complicidad, para silenciar a los medios de comunicación, para evitar un debate nacional real y plantear la posibilidad de un referéndum sobre la continuidad de las previsiones de Franco, reformadas en parte sí; pero conservando elementos esenciales de su Ley de Sucesión, parte de cuyo contenido se va a transferir a la Constitución de 1978. Tal cual.

Un tema mal cerrado

Por lo tanto, es evidente que los ciudadanos que no asistieron a la forma en la que el franquismo logró la continuidad del sucesor del dictador a título Rey, jefe de una monarquía electiva, consideran hoy que no es un tema cerrado por la Constitución de 1978 y reclaman que les permiten dar la respuesta que se hurtó a sus padres con la complicidad o el silencio de los medios, y una Ley de Prensa reformada para evitar que pudiera plantearse el debate de las cuestiones esenciales sobre el futuro de la nación, la articulación del Estado y el papel de las fuerzas armadas, vigilante guardador de la voluntad del dictador.

Podrán retrasar todo lo que quieran, pero antes o después tendrán que devolver la voz al pueblo español. Y sin trampas, como se hizo como cuando se incluyó en el todo la monarquía, sin alternativa posible, en el referéndum de 1978, tras la renuncia del PSOE a sus ideales republicanos con la neta colaboración de lo que el propio Juan Carlos I califica en su biografía autorizada “El Real Partido Comunista de España”. Carrillo dice en sus memorias que el pacto con la Corona fue la única manera de asegurar la democracia y que de mantener los principios republicanos, la Corona se habría asegurado para continuar el apoyo del Ejército, lo que impediría obtener lo que era más importante entonces. Pero, ¿hasta cuándo la monarquía podría sustentarse de espaldas a los españoles, apoyada sólo en los cuarteles…?

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