La Covid-19 también muestra de qué nos han privado

Una persona indica el stop a la Covid-19. / PIxabay
Una persona con llamado al stop de la Covid-19. / PIxabay

No solo evidencia carencias palpables; peor problema es que quieran hacernos ver que solo son responsabilidad nuestra.

La Covid-19 también muestra de qué nos han privado

No sabemos si un ciego guiando a otro ciego hará que los dos caigan en el hoyo; es muy probable que alguien diga que es perverso fijarse en esas cosas cuando luce el sol y se puede ver el cielo azulado. Lo peor es que nos parezca indiferente y que siempre tengan excusas para no hacer a tiempo lo que debían haber hecho, ahora que se les acumulan todas las carencias, mientras los problemas les estallan en las manos o están en grave riesgo de provocar algo peor.

El SCHOCK

Los últimos acontecimientos de Madrid –como los de muchos otros territorios-siempre muestran la misma improvisación y, al final, prisas por aparentar que se está con una preocupación inmensa por arreglar lo que ya no tiene solución o es excesivamente complicado que la tenga. Larra ya se quejaba en los años 30 del siglo XIX, de que siempre estuviéramos “en los principios”, haciendo como que hacíamos y dejando las cosas un poco oscuras, “para poderlas aclarar mañana. ¡Ay de aquel día –decía- en que no haya nada que hacer, en que no haya nada que aclarar!”

Que los hospitales madrileños estén al borde del colapso, ya era sabido cuando tanto aplauso rondaba los balcones y los sanitarios clamaban por una atención primaria bien atendida y una mejor dotación de profesionales. A poco que se mire cualquier hemeroteca digna, se podrá contrastar esa reclamación con alabanzas gloriosas a la “mejor sanidad del mundo” mientras se desnutría su red pública y se engordaban un suculento negocio de intereses privados que, para colmo, daría beneficios patrióticos a capital extranjero.

Que en 1977 los Pactos de la Moncloa constataran un fracaso enorme en lo que había sido la atención proporcionada a la educación, parece haberse satisfecho con que hayamos escolarizado, veinte años más tarde, a todos los chicos y chicas menores de 16 años veinte años. Nos hemos cansado y le arregla poco al 25% de esa población, que –como decía en julio el presidente del Consejo Escolar del Estado- no logra titular a tiempo en la ESO. Save the Children, es más radical, pues habla de un 28,3% de población infantil que, en riesgo de exclusión, pone en cuestión la supuesta equidad educativa que pregona la CE78. ¿Es bastante educarles en el semianalfabetismo que denotamos leyendo en el móvil, pero sin discriminar una engañosa información?

Con la Covid-19,  la doctrina del Shock, que desmenuzó Naomí Klein en 2007, está mostrando, por una vez a los ojos de todos, que no funciona la mano “invisible del mercado”. Bien  ha podido ver todo el mundo cómo se colapsa a la mínima y, en situaciones como la actual, clama para que el patrimonio de los presupuestos de todos la ayuden en sectores estratégicos. No es un placer constatar que las escasas protecciones que después de la segunda Guerra Mundial nos hemos ido dando, muy mediatizadas en España, han tenido gran preocupación, especialmente en estos 20 años últimos, en erosionarlas con bloqueos diversos de la justicia distributiva, obstáculos a controles administrativos serios y mucha decisión privatizadora.

La presencia de este virus rampante –de momento en 30 millones de personas-, y con una segunda ola llegando bien crecida hasta donde no hay mar, colapsa la vida que se ha vendido como la mejor del planeta justo ahora, después de que se ha erosionado tanto el bienestar  común. Tan flaco lo han dejado que parece que ya solo fuera posible para quienes antes, y antes de antes, vivían bien. Invocando la segregación, la diferencia absoluta, las multas controladoras y los confinamientos sociales -tan del siglo XIX, de las novelas de Dickens-, provocan un individualismo feroz y apático como entonces y, como solución única, una beneficencia caritativa, absolutamente corta. Con la vuelta al quietos, parados y mucha responsabilidad personal, pretenden conjurar toda  revisión crítica y que no nos fijemos en cómo han preferido desocuparse de lo que los ciudadanos necesitan para remediar sus carencias.

¿JUNTOS: A DÓNDE?

Al guionista de esta serie se le ha ido la mano en el clímax. Es lamentable que, desde marzo –si no desde antes-, quieran dar ahora la imagen de que iremos mejor si vamos juntos y entre mucha bandera. Su lentitud y lo que ayer no dijeron a la ciudadanía no los hace creíbles cuando más crecido está este lío. Quisieron dar la impresión de que todo iba a ir mejor sin remover cuanto ha facilitado llegar a la peligrosa incertidumbre de este momento. Esperemos que, en los capítulos que sigan, dejen de marear la perdiz y muestren gestos más convincentes. Una de las guindas que –en medio del espectáculo- soltó la señora que dice mandar en Madrid, fue que necesitaba 2.500 policías más; parece tener prisa por llegar pronto a los tiempos del siglo XIX en que el Estado era de cuatro, defensores como mucho del voto censitario: ya poco queda por vender en esta Comunidad.

De momento, en otro de los sectores fundamentales de una sociedad democrática, la Educación, los sindicatos que tenían convocada huelga de docentes para el día 22 y 23 de este mes para denunciar carencias que la pandemia ha hecho acuciantes en cuanto a profesorado, instalaciones y obligaciones que ven difíciles de cumplir, no la han desconvocado, pese a que va a ser muy dura. Puede que la Administración crea que lo arregla con la obligación que les han impuesto de prácticamente el 100% de servicios mínimos y una renovada apelación a la “vocación” eterna del profesorado y los maestros; sería un laudable ejemplo cívico de responsabilidad. ¡Suerte para sortear las apariencias en medio de tanto simulacro! ¡Suerte, también, para que las catástrofes que venimos trabajando durante años den tregua al desánimo colectivo!. @mundiario

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