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MUNDIARIO

Corbyn abandera la nueva posición laborista acerca de la movilidad social

La decisión del Partido Laborista de sustituir la Comisión para la Movilidad Social por una Comisión de Justicia Social que promueva políticas de oportunidades para todos es muy acertada.
Corbyn abandera la nueva posición laborista acerca de la movilidad social
Seguidores del líder laborista británico Jeremy Corbyn. / @jeremycorbyn
Seguidores del líder laborista británico Jeremy Corbyn. / @jeremycorbyn

Paolo Rungo

Profesor de economía.

Este 21 de noviembre, Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista británico, ha lanzado su nuevo programa electoral. Mientras que la estrategia del Partido Conservador para las elecciones que se celebrarán el próximo 12 de diciembre en el Reino Unido se desarrolla en torno a la promesa del Brexit, los laboristas han propuesto un plan de política interna que, en palabras de su mismo líder, es “el plan más radical, esperanzador, centrado en las personas y mejor financiado de los tiempos modernos”. En la sección de políticas de trabajo del mismo programa electoral, se encuentra la nueva posición laborista acerca de la movilidad social, es decir, el abandono de esta idea como medida de equidad. Este cambio, que quebranta décadas de consenso político, ya había sido anunciado el pasado verano, cuando Corbyn declaró en un evento sobre educación que la movilidad social “ha fracasado”. No solo ha fracasado, sino que encubre una idea de sociedad que favorece a los que ya disfrutan de mayores privilegios.

Pocas personas pueden presumir de unas condiciones económicas mejores que las de sus padres. De hecho, muy pocas personas que crecen en familias de clase trabajadora tienen la oportunidad de cambiar su situación. En un estudio publicado en junio del año pasado, la OECD, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que coordina las políticas sociales y económicas de 36 países, ha señalado que, en España, las personas nacidas en familias de baja renta tardan unas 4 generaciones en alcanzar los ingresos medios del país. El 45% de los trabajadores manuales tienen padres que desempeñan trabajos manuales. Por el contrario, menos del 20% de los hijos de trabajadores manuales ha conseguido algún puesto de mando. La falta de movilidad social, además, se extiende a otras dimensiones, como la salud o la educación. En media, en los países de la OECD, el 43% de las personas cuyos padres han conseguido acabar, como máximo, la educación secundaria, no han mejorado los resultados de sus padres. Sin embargo, solo siete de cada cien personas con padres universitarios han terminado su formación en la educación secundaria.

La cima de la jerarquía social

Han intentado enseñarnos que, gracias a la educación, al esfuerzo y, en el caso de algunos afortunados, al talento personal, es posible alcanzar la cima de la jerarquía social. Sin embargo, en una sociedad cada vez más desigual, hemos aprendido que lo que somos depende, en primer lugar, de dónde venimos.

La inexistencia de movilidad social ha motivado a políticos e instituciones, entre las cuales la misma OECD, a proponer políticas para facilitar la transición entre clases.  Estas políticas, que, sin duda, pueden mejorar la situación de algunos, huyen de la cuestión principal. La idea de movilidad social es injusta. En primer lugar, presupone que la jerarquía social existente es aceptable, que es justo y normal que, como ha denunciado el pasado octubre Oxfam Intermón, la organización no gubernamental española de cooperación para el desarrollo, los máximos directivos de las empresas del IBEX 35 cobran 123 veces más que el salario medio de sus empleados. O que 12,3 millones de personas en España (el 26% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, como ha puesto en evidencia el 9º informe de AROPE (At-Risk-Of Poverty and Exclusion –en riesgo de pobreza y exclusión– por su sigla en inglés) de EAPN, la coalición independiente de grupos y organizaciones involucrados en la lucha contra la pobreza y la exclusión social en los Estados miembro de la Unión Europea. La desigualdad no es un problema, siempre que unas pocas personas consigan escapar del entorno desfavorable en el que han crecido. En este sentido, la idea de la movilidad social favorece a los que están arriba, que no dudan en promocionarla como única alternativa. Es cierto que, como nos han enseñado las experiencias fallidas del Socialismo Real, una sociedad plana, sin clases ni jerarquías, carecería de los incentivos personales que estimulan el desarrollo humano y el crecimiento económico de un país. Sin embargo, no se puede justificar la estratificación social existente solo porque algunos consiguen pasar a través de sus muros.

Finalmente, detrás de la movilidad social está la idea de que algunas ocupaciones son superiores a otras, lo cual implica que las personas que las desempeñan gozan, justamente, de mayor o menor prestigio y reconocimiento. La señora (porque, normalmente, es una señora y no un señor) que cuida de mi madre enferma no se merece el mismo reconocimiento de un profesor universitario, y esto debe reflejarse en nuestras nóminas y en nuestro estatus. Como ya he aclarado, estas diferencias constituyen un estímulo útil, un incentivo para que más personas intenten estudiar e invertir en su formación, lo cual puede redundar, quizás, en mejores condiciones para todos. Sin embargo, la escuela que elegimos, así como las ganas o la capacidad que tenemos de estudiar, dependen en gran medida de nuestros orígenes. Además, salvo automatización, que podría empeorar aún más las cosas para quienes ya están peor, seguirán siendo necesarias algunas ocupaciones rutinarias y menos valoradas. La movilidad social implica un movimiento vertical, en donde algunos intentan escapar de su clase para ir hacia arriba en la escalera jerárquica de nuestra sociedad. Pero no hay nada de malo en tener un trabajo manual como empleado en una fábrica, así como no hay nada de malo en no haber estudiado, en tener amigos que no han estudiado, y en estar orgullosos de nuestra propia situación y del barrio donde hemos crecido.

Una mayor movilidad social puede fomentar la equidad en una estructura social que no admite cambios, pero la justicia social es un asunto de dignidad de todas las personas, que se logra mediante salarios y condiciones de vida justos para todos, independientemente del punto de partida y de la ocupación que cada uno desempeña. La decisión del Partido Laborista de sustituir la Comisión para la Movilidad Social por una Comisión de Justicia Social que promueva políticas de oportunidades para todos es muy acertada. @mundiario