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MUNDIARIO

Controversia sobre un sistema garantista

La parte negativa de un sistema excesivamente garantista es que puede llegar a crear situaciones absurdas.

Controversia sobre un sistema garantista
Símbolos de la justicia.
Símbolos de la justicia.

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Raúl Saavedra

Raúl Saavedra

El autor, RAÚL SAAVEDRA, es colaborador de MUNDIARIO. Es ingeniero industrial por la ETSIIM. @mundiario

España tiene un sistema garantista para los delincuentes, ¿y para los inocentes? Casi sin darnos cuenta hemos pasado de un sistema donde el culpable por saltarse la ley vivía asustado a otro donde la gente inocente trata de pasar desapercibida y con miedo. Todo es consecuencia de un sistema judicial garantista, un sistema en el que hoy se han de resolver los problemas. Ya no hay guerras en Occidente para dirimir disputas y para controlar la insurrección de territorios, ni siquiera el que ostenta el poder lo ejerce para que la ley se aplique, ahora cualquier conflicto se traslada al poder judicial para que lo solucione aplicando ellos la ley. Se le exige que no solo juzgue y emita sentencias, se le pide que las ejecute, lo cual muchas veces es una aberración como vimos con el procés y ahora con el juramento e inhabilitación de los políticos presos y electos como diputados.

Este sistema garantista busca que jamás un inocente pueda ser condenado pero en la realidad sigue llevando a los pobres a la condena por los pocos medios de que disponen para conseguir un buen abogado y mucho menos para soportar recurso tras recurso. Incluso Hacienda pone a veces sanciones donde para recurrirlas si son injustas o fruto de un error primero han de pagarse, cosa que no siempre está en su capacidad económica y ya no digamos soportar el coste de los recursos y los diez o doce años que puede durar el proceso hasta que los tribunales europeos le den la razón, algo que muchas veces se sabe desde el inicio por sentencias precedentes. Donde el sistema sí es garantista es con los ricos o poderosos, entonces puede aguantar perfectamente esos doce años paseándose libremente por las calle, esquiando o de vacaciones, y utilizar todos los trucos cambiando jueces, o alegando defectos de forma hasta que alcancen una edad donde ya no tengan que penar o, como estamos viendo, hacer una fortuna a cambio de un par de meses de cárcel. 

La parte negativa de un sistema excesivamente garantista es que puede llegar a crear situaciones absurdas. Lo dicho: hemos pasado de una sociedad donde el delincuente vivía asustado y escondido a otra donde se pasean impunemente por las calles de Waterloo o se mofan de todos nosotros mientras cobrar sueldos públicos. Es legal y justo que a cualquiera se le otorgue la presunción de inocencia y así estemos asistiendo en directo al juicio por un referéndum ilegal, una DUI, y la forma de hacerlo. Es justo pero para la gente sencilla difícil de entender.

Más de 400 testigos cada uno dando su versión de los hechos y tratando de soltar su perorata política, normalmente cortada por el juez Marchena, tratan de aportar pruebas de algo que está grabado, de un delito que se pudo ver en directo en todas las televisiones, de discursos grabados, de órdenes del Tribunal Constitucional avisando de que iban a cometer un delito y de sus consecuencias. En la calle cuesta entender que con pruebas tan concluyentes sean necesarios tantos testigos y aunque sabemos que hay agravantes y atenuantes que se deben analizar, no deja de parecernos un circo que pretende llevar a Puigdemont a Europa a contar su caso con sueldo público y los otros independentistas a ser parlamentarios españoles, ahora suspendidos.

Aceptar los discursos de pseudoaceptación del marco constitucional, que claramente equivalen a que no piensan acatar la Constitución, es difícil de entender para el común de los votantes. Después de pretender que los jueces tomasen la decisión de cesar en sus funciones a los independentistas encausados, al final la ha tomado la Mesa del Congreso.

Lo dicho es solo un ejemplo más porque si hablamos del caso Mata, ERE, Rato, Bárcenas, y tantos otros no acabaríamos nunca. Lo que sabemos los ciudadanos es que la gente honrada, la que en la antigüedad linchaba a los delincuentes, ahora estén preocupados de no ser linchados. Lo estamos viendo cada día en los actos de Ciudadanos en el País Vasco o Girona, donde pese a las amenazas Albert Rivera tuvo el valor de romper la foto de Josu Ternera  en el pueblo  donde le hacen homenajes. Ataques y amenazas también las han sufrido el PP y Vox, a los que la izquierda y los nacionalistas radicales llaman fascistas. Claro que si quieren incendiar España, ¿por qué iban a leer la definición de la RAE sobre el fascismo? Les viene como un traje a la medida. @mundiario