La Constitución del 78, llamada a no durar mucho, no da más de sí

Sede del Tribunal Constitucional de Portugal.
Sede del Tribunal Constitucional de Portugal.

No solo contiene el lastimoso anacronismo de dar preferencia al varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona, sino que pone a los militares como garantes del orden constitucional.

La Constitución del 78, llamada a no durar mucho, no da más de sí

Que la Constitución del 78 no da más de sí fingen ignorarlo los políticos faltos de cabeza para dibujar su reforma y de agallas para proponérselo al pueblo soberano. Si les quedara algo de sentido de la responsabilidad, en las próximas generales los partidos de gobierno y las bisagras incluirían propuestas concretas en su programa electoral.

La Carta Magna vigente estaba llamada a no durar mucho sin tocar por varias razones que se resumen en una: no prevenir que las circunstancias políticas, sociales y culturales serían muy otras de las existentes en el momento en que se forjaban los consensos necesarios para sacarla adelante. Los padres que la engendraron sabían que el tiempo político corre que es una barbaridad pero no advirtieron que poniendo trabas casi insuperables al mecanismo de actualización de la norma anticipaban su envejecimiento prematuro. Concedámosles el derecho a errar, pero no hagamos méritos de los errores evitables.

Entre éstos se cuentan, además del lastimoso anacronismo de dar preferencia al varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona, poner a los militares como garantes del orden constitucional; mantener la división en provincias y las Diputaciones, crear una ley electoral que consagra el bipartidismo y pasa la garlopa al principio de que todos los votos valen lo mismo; la imperfecta definición de la aconfesionalidad del Estado para beneficiar a la Iglesia Católica …  Aunque en distinta medida, estas concesiones indicaban gran dependencia del pasado y muy poca confianza en el futuro.

En su deseo de templar gaitas, llegaron los constituyentes a los extremos de imponer a todos los ciudadanos el deber de usar la lengua del imperio; emplear la palabra nacionalidad en un sentido no acreditado antes; invitar a constituirse en autonomías a las regiones que no habían mostrado interés en alcanzarla y otras demasías de esa guisa. Habilidad hispana bien acreditada: cerrar puertas con trancas de paja.

Celebrar las convergencias que dieron origen a la CE y empeñarse en no buscar las necesarias para ponerla al día es incoherencia descalificante. Sólo se la puede permitir una clase política que no sabe qué cosa sea la democracia. Talmente la nuestra.

La Constitución del 78, llamada a no durar mucho, no da más de sí
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