El consejo de Montgomery a Sánchez y el uso el lenguaje adversario

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Pedro Sánchez y el general Montgomery. / Mundiario.
Con frecuencia Padre Sánchez emplea los mismos términos de los independentistas en pugna con el Estado.
El consejo de Montgomery a Sánchez y el uso el lenguaje adversario

Decía el general Montgomery que no hay peor error que amoldarse a la estrategia y las tácticas del enemigo (o del adversario) o hacer propio su lenguaje. Esta cita del vencedor del Alemein sobre Rommel me viene a la memoria con frecuencia cuando escucho al doctor Pedro Sánchez referirse al “conflicto territorial” o al “conflicto político de Cataluña”. Me explicaré. Esas expresiones las emplean los independentistas para presentarse ante mundo como víctimas de un estado opresor que los persigue, sanciona y encarcela por sus ideas, y no por sus actos. De entrada, en puridad en España no existe ningún conflicto territorial propiamente, es decir, conflicto entre territorios, sino el creado por un sector de vecindario civil de una comunidad que desea separarse del resto, al mismo tiempo que otro sector de la población de ese territorio se encuentra cómoda con en su situación en relación con los demás. Ergo, el conflicto no es entre territorios, aunque el antiguo condado de Barcelona quisiera apropiarse, por parte de estos, con el Reino de Valencia y las Baleares.

El cuanto al conflicto político deja de ser cuando éste rebasa los límites del marco jurídico y legal que es la Constitución y se incurre en acciones punible que, en defensa de ésta, previstas en todos los Códigos Penales de las naciones democráticas. A los independentistas no se les ha procesado por sus ideas, sino por el modo en que quisieron aplicarlas. Me canso de citar a Kelsen en cuanto a que el Estado es un conjunto de Leyes, que se pueden modificar, pero por sus propios cauces. El doctor Sánchez ha hecho suyo el lenguaje de Junqueras (y de sus esenciales 13 votos para seguir en la Moncloa) condenando la “judicialización del conflicto”, lo que nos conduce a la paradoja de que el mismo no fue creado por los que vulneraron la Ley, sino por quienes, como era su deber -entonces con el propio apoyo del ahora presidente del Gobierno-, la aplicaron.

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en una rueda de prensa en La Moncloa. Twitter @desdelamoncloa

¿Qué otra cosa cabía ante los actos consumador de los luego condenados por sedición, sino procesarlos? ¿Qué medidas de orden político se deberían haber aplicado entonces sin recurrir al Código Penal? ¿Y de qué hubiera servido? Y hablando de servir, salvo un cambio de estrategia en Junqueras y parte de los suyos, pero no en el resto, ¿están sirviendo para algo los indultos, mientras se reitera que su objetivo sigue siendo independencia y amnistía? La propia presidenta del Parlament, señor Borrás, le ha mandado un mensaje inequívoco a Sánchez, o se aviene a lo que exigen o se considerarán legitimados para seguir adelante con el respaldo del ilegal referéndum de 2017, que a su entender legitima todas las futuras acciones frente al Estado.

Aliados contrarios en el Gobierno

Y mientras desde el propio Gobierno, la señora Belarra, de Podemos, se una a las exigencias de los independentistas (amnistía, inmunidad para Puigdemont y los fugados y referéndum pro independencia) el ministro de Cultura y primer secretario del PSOE en Cataluña, Iceta, que ya en su día predicó a favor de los indultos, viene a decir que a las conversaciones Gobierno-Generalitar hay que poner sobre la mesa nada menos que “la reforma de la Constitución”, léase a favor de lo que exijan los consocios de Esquerra Republicana, que ya advierten que aunque no apoyen los presupuestos generales, las conversaciones deben seguir como si nada.

Y sobre estos antecedentes, se dice que Iceta va a ser una pieza esencial en esas conversaciones futuras para después del verano. Y atentos, porque está de momento en hibernación la renovación del Estatuto del Pais Vasco, tras las cesiones recientes en materia de terrorismo y sus consecuencias, y la propia presencia del Estado. Los dirigentes del PNV lo han dicho claro, en el mejor de los casos se avienen a un Estado Confederal, conde la nación vasca asuma una cuota de soberanía, y eso sólo en principio.

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno; junto a Pere Aragonés, presidente de la Generalidad de Cataluña. / La Moncloa

 

Como inveterado lector de los documentos del PSOE, algunos tan contradictorios como la Declaración de Granada de 2013, creo que en el fondo Pedro Sánchez se aleja de algunos principios fundamentales del socialismo en general y de su partido en particular, que sostiene en dicho documento sobre lo que se quiere para el Estado de las Autonomías, que residan donde residan, o sea, su vecindad civil, los españoles han de ser iguales en deberes y derechos. En ese sentido, dicha declaración tiene, por otro lado, perlas tan curiosas como la sugerencia de que el Tribunal Constitucional no pueda corregir (como sucedió en 2010 con el Estatut de 2006) un texto de este tipo si ha sido refrendado por la población interesada. Y cuando Sánchez dice que los catalanes “tienen un Estatuto no han votado”, no sabe lo que dice, porque lo cierto es que en aquel referéndum acudieron a las urnas menos de la mitad del electorado, si bien los que lo hicieron, en un 75 por ciento estuvieron a favor del texto que había bendecido Zapatero sin conocerlo.

El hecho diferencial

Que un socialista, como dice señor Sánchez, se instale en expresiones como “el hecho diferencial”, como si el origen o las particularidades culturales hayan de traducirse en diferencias substanciales, dentro de un mismo Estado, es una antinomia. Es decir, conflicto o contradicción entre dos leyes, principios racionales, ideas o actitudes. Aunque no hay antinomia mayor que la que se da entre moral y política.

Por eso, ahora los de la Línea de la Concepción que también quieren ser independientes de Andalucía aluden al “hecho diferencial”. Pero de eso trataremos otro día. @mundiario 

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