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La confirmación de Moreno en Ecuador muestra una triste corrosión de la democracia

Luego de 10 largos años en el poder, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, dejará el cargo. Sin embargo se respiran aires de continuidad, ya que Lenin Moreno es el nuevo mandatario. 

La confirmación de Moreno en Ecuador muestra una triste corrosión de la democracia
Lenin Moreno. / RRSS
Lenin Moreno. / RRSS

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Armando Diéguez

Armando Diéguez

Periodista guatemalteco formado en Ciencia Política y Literatura. Escribe en MUNDIARIO. Twitter: @mundiario

Lenin Moreno ha vencido por la presidencia de Ecuador frente al banquero liberal Guillermo Lasso. La elección de un candidato distinto ha calmado los temores de que Rafael Correa podría intentar aferrarse en el poder después de que cambió la constitución en 2015 para permitir su reelección permanente.

Sin embargo, la elección de Moreno carece de legitimidad para cerca de la mitad del electorado en medio de acusaciones de fraude electoral. Para empeorar las cosas, ganó en un campo electoral injusto. Correa y su partido, Alianza País, usaron su poder como funcionarios electos para hacer campaña por Moreno. Los medios de comunicación controlados por el Estado favorecían a Moreno. 

Ellos calificaron a Lasso como un banquero corrupto que haría retroceder las políticas sociales diseñadas para reducir la desigualdad y recuperar el pasado de libre mercado. Fue retratado como un enemigo de la gente común, y como un representante de la derecha latinoamericana que intentó invertir las políticas sociales que beneficiaron a los pobres. Correa construyó la elección como un voto sobre los legados de su administración, y más ampliamente sobre la sostenibilidad de un "giro a la izquierda" político en América Latina.

Otras elecciones recientes muestran evidencia de un cambio hacia la derecha en la política latinoamericana. Por ejemplo, la elección del presidente Mauricio Macri en Argentina, la transferencia de poder a Michel Temer en Brasil, y la elección de Pedro Pablo Kuczynski en Perú.

Lasso fue apoyado por partidos de derecha y de izquierda por igual, y también por algunos líderes del movimiento social que fueron las víctimas de la administración de Correa. Para los partidarios de Lasso, el enfrentamiento fue entre la autocracia de Correa, y la promesa de la liberalización y democratización del Ecuador.

Lenin Moreno heredará instituciones diseñadas para el control autocrático de la esfera pública y la sociedad civil. Su partido controla el congreso, el poder judicial, el consejo electoral y todas las instituciones de rendición de cuentas. Cualquier parecido con Venezuela, es mera coincidencia. Correa también se encargó se de los medios de comunicación, formando un emporio de medios estatales. Reguló y cerró ONGs, y formó movimientos sociales leales al gobierno.

Pero Moreno carece del carisma de Correa. Es posible que tenga dificultades para controlar las diferentes facciones de Alianza País compuestas por activistas de izquierda, tecnócratas, empresarios, y políticos tradicionales. Moreno también podría enfrentar una oposición envalentonada por la carrera apretada y las acusaciones de fraude electoral. Es una situación similar a la de Nicolás Maduro, que ante la ausencia del carisma de Chávez, ha recurrido a un enfoque autocrático para silenciar a los críticos. Ha encarcelado a miembros de la oposición, y ha reprimido protestas de manera violenta.

Moreno también enfrentará una creciente resistencia a la extracción de recursos naturales de los pueblos indígenas, aumentando las protestas contra la corrupción, y contra su administración. Las elecciones ecuatorianas muestran los peligros de la sucesión populista. Para ganar, Correa y Moreno utilizaron el estado y los medios de comunicación. El peor peligro para este tipo de políticos es que sus gobiernos carecen de legitimidad, y será difícil que Moreno pase un período presidencial placentero sin escuchar los ecos de la oposición.