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¿Está confinando la normativa electoral el derecho a la información?

Hace casi veinte años que las organizaciones profesionales que agrupan a los periodistas vienen denunciando la imposición de los denominados bloques electorales en los medios audiovisuales.
¿Está confinando la normativa electoral el derecho a la información?
Participantes en el debate del 12-J en la TVG. / Mundiario
Participantes en el debate del 12-J en la TVG. / Mundiario

Salta a la vista: durante los procesos electorales se impone una suerte inaceptable estado de excepción informativa. La libertad de prensa, al menos en el ámbito televisivo, es confinada por un par de semanas. Su ejercicio sufre serias restricciones, que afectan tanto al derecho a la información de la ciudadanía como al de los periodistas a desarrollar su labor sin trabas ni limitaciones. No es un problema de los informadores, ni de los medios que lo padecen. Es algo que erosiona la columna vertebral de la democracia. Se trata de una anómalía, sin parangón en Europa, que viene de lejos y que persiste por voluntad de los grandes partidos, vehiculada a través de las juntas electorales, un órgano jurídico-administrativo, supuestamente arbitral y apartidista, donde sin embargo la política se impone claramente al "sentidiño". Y ese statu quo no se modifica porque antes o después todos salen beneficiados por esta normativa que, bien mirado, genera una endogamia perniciosa para la salud del sistema político.

Hace casi veinte años que las organizaciones profesionales que agrupan a los periodistas vienen denunciando la imposición de los denominados bloques electorales en los medios audiovisuales. Discrepan de que la información sobre el desarrollo de la campaña deba ser proporcional a la representatividad de cada grupo político y los resultados obtenidos en las anteriores elecciones, con independencia del auténtico interés informativo de lo que digan o hagan. También muestran su desacuerdo en que forzosamente aparezcan en pantalla de menor a mayor. Se trata de criterios políticos, no periodísticos, que en última instancia dan al espectador y al radioyente gato por libre, pura propaganda en lugar de información y en consecuencia, por carecer de interés noticioso, son escasamente útiles para el ciudadano a la hora de decidir a quién votar.

Para muestra, un botón. En Galicia se da una situación que por disparatada debería mover a la reflexión a quien tenga capacidad para cambiar una reglas que, pretendiendo garantizar su limpieza, adulteran la dinámica natural del juego político. Una opción política muy respetable pero testimonial e irrelevante, la Marea Galeguista de Pancho Casal, a la que ninguna encuesta da opciones de entrar en el Parlamento, resulta ser la segunda que más minutos ocupa en la información electoral de las televisiones y radios  públicas de cara al 12-J. Se le otorga más voz que al PSOE, al Bloque y a Galicia en Común al considerarla heredera o sucesora de la En Marea que en 2016 dio el "sorpasso" a los socialista, cuando en realidad es el refugio de quienes no aceptaron incorporarse a la versión 3.0 del rupturismo diseñada por Podemos, Esquerda Unida y Anova.

Aceptar la supeditación del criterio del verdadero interés informativo a las directrices políticamente interesadas de las juntas electorales, además de menoscabar la profesionalidad de los periodistas y restringir el derecho a la información de la ciudadanía, afecta y mucho a la ya de por sí mermada reputación de los medios audiovisuales públicos. Se refuerza la creencia generalizada de que, de un modo u otro, están sometidos a intereses políticos, que no son neutrales, aunque no sean partidistas, y que reflejan la verdadera pluralidad en tanto en cuanto las restrictivas normas a las que se han de atener, por ejemplo, los bloques electorales tienden a dificultar a irrupción de los nuevos actores partidistas o de los movimientos sociales en el tablero institucional. En ese sentido puede decirse que todas las televisiones estatales y autonómicas, aún las controladas por el progresismo, son conservadoras por naturaleza. No facilitan precisamente los cambios de escenario. @mundiario