Con la política exterior de España bajo mínimos, solo queda la figura del Rey

Exteriores, bajo mínimos.
Exteriores, bajo mínimos.
Desde el aislamiento posterior a la II Guerra Mundial y que duró hasta 1953, nunca España había tenido tan poco peso en la escena internacional como en la actualidad, a juicio de este autor.
Con la política exterior de España bajo mínimos, solo queda la figura del Rey

Uno de los aspectos más importantes de la política general del Estado siempre ha sido su política exterior. No es que España sea un país con una larga tradición diplomática, pero nuestra vocación universal es evidente desde el momento que colonizamos América y constituimos el imperio español. Desde 1942 hasta 1898 seguimos un patrón exterior muchas veces caótico pero siempre importante en los rumbos de nuestra política interna. Cuando llega el desastre del 98, España se pliega en sí misma y se cierra a la escena internacional hasta que después de la I Guerra Mundial acude a la Sociedad de Naciones. Luego vendría nuestra Guerra Civil que no interesó a las democracias hasta el punto de evitar la defensa y el apoyo a la II República para así no sucumbir en otra guerra global europea que llegó igualmente tras la fracasada política de apaciguamiento respecto a Hitler.

No podemos negar que durante el franquismo España tuvo una posición internacional destacada por su localización estratégica en las políticas de seguridad común y de defensa que se articularon a través de la OTAN, en el marco de la guerra fría. Una vez que llegó la democracia a nuestro país y culminamos con éxito, o por lo menos de manera pacífica, nuestra transición, logramos un capital político que unido a nuestro capital histórico hicieron que España volviese a cobrar protagonismo en Latinoamérica y se integrase en los dos sistemas occidentales más importantes: la UE y la OTAN. Todo esto logrado bajo el liderazgo de Felipe González y su apuesta europea y de apoyo a la unificación alemana que le hicieron conseguir no solamente una posición personal protagonista en el proceso de integración europea, sino que llevaron a España a nuestras mayores cotas de prestigio internacional de los últimos 2 siglos.

De la proyección exterior de España en 1992, ¿qué queda ya de eso? Podemos concluir que prácticamente nada. La España actual no solamente es un Estado sin soberanía, sino también sin política exterior ni proyección alguna en el escenario internacional. Cuando la globalización ha traído nuevos escenarios en los que España podría jugar un papel decisivo en torno al eje hispano-americano, hemos quedado diluidos en una Unión Europea que sigue sin desarrollar de manera coherente y eficaz su tan ansiada como buscada PESC, trasladando la parálisis institucional y económica a las acciones exteriores de sus países miembros, en especial el nuestro.

Una de las grandes mentiras y estafas que el PP llevaba en su programa electoral era el devolver España al lugar que le correspondía en la Unión Europea y en el mundo, recuperando el prestigio a través de lo denominado "marca España", condicionando nuestro plan exterior a un eslogan comercial de dudosa consistencia y de poca solidez. ¿Cómo es posible que exista una marca "España" si previamente hemos perdido nuestra voz y nuestra presencia en el mundo? Un razonamiento que no se hizo desde la derecha y cuyos frutos llevamos recogiendo desde la llegada al Gobierno de Rajoy. Decían que con Zapatero no éramos nada en el sistema internacional, pero la realidad es que con el gobierno del PSOE teníamos más presencia y conseguimos más logros que con el ejecutivo de Rajoy. Zapatero consiguió esa "silla" en el G-20, silla que toda la derecha ridiculizó porque no le interesaba reconocer este paso a escala internacional que es, sin lugar a dudas, el mayor dado en política exterior desde nuestro ingreso en la UE. ¿Qué ha conseguido Rajoy? La pérdida de los pocos representantes españoles en las instituciones europeas que nos quedaban, además de que nos expolien o privaticen, como cada uno le quiera llamar, empresas nacionales en Latinoamérica. Nada, pero absolutamente nada, en política exterior va mejor ahora con el PP que cuando gobernaba el PSOE.

Las ayudas al desarrollo y la cooperación exterior han disminuido un 70% desde el 2011, coincidiendo además con que España es el país que mayor rechazo produce, en la actualidad, que nos gastemos el dinero en la ayuda a terceros países. Algo que contrasta con el aumento de casi el 52% en gastos de la denominada "acción exterior" (gastos de representación y protocolo).

Ante este panorama España está presa no solamente de sus limitaciones como miembro permanente en el "euroreich", sino que tampoco tenemos un Gobierno al que le importe la política exterior más allá de reclamar dos o tres veces al año la soberanía española de Gibraltar. No podemos pensar que la política exterior es un campo elitista y complejo que no nos afecta a todos los españoles, porque es todo lo contrario. Desde el punto de vista económico la acción exterior tendría que ser clave en nuestra recuperación, y no me refiero a convenios inservibles, limitados y ridículos que firmamos para que Alemania se lleve a los profesionales mejor formados en nuestro país.

Es poco posible que en los próximos dos años, como mínimo, esta precaria proyección internacional de España vaya a cambiar demasiado, aunque Rajoy cese al ministro actual que no pinta absolutamente nada en el mundo y que es prácticamente invisible para los propios españoles. A veces la falta de peso del ministro de Exteriores puede ser compensada con la presencia y el liderazgo del presidente del Gobierno, pero ahora mismo tampoco podemos consolarnos con esta alternativa, con un presidente del Gobierno que se reúne con el primer ministro británico y le llega a decir sin pudor "It´s very dificult todo esto".

¿Queda alguien en España que sirva como embajador activo en el resto del mundo? Sí. Y esta persona sigue siendo el Rey Juan Carlos. @marcial_enacion

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