¿El comportamiento del alcalde de Baralla es una anécdota o una patología del PP?

Manuel González Capón, alcalde de Baralla (Lugo), del PP.
Manuel González Capón, alcalde de Baralla (Lugo), del PP.

La terca renuencia del PP a condenar el franquismo socava severamente su credibilidad como un mecanismo necesario para la representación de la derecha democrática.

¿El comportamiento del alcalde de Baralla es una anécdota o una patología del PP?

La historia del Partido Popular  en relación con el franquismo es un ejercicio continuo de incoherencia democrática. Su tenacidad frente al reconocimiento de una realidad histórica cada vez más distante, contribuye a encadenarlo y hacerlo rehén de una de las etapas más oscuras de nuestra historia. Es una evocación que se le atraganta y los vincula tácitamente con los actores de unos sucesos pretéritos que más allá de haber roto de forma sangrienta la legalidad constitucional, mostraron la peor cara de nuestra sociedad.

Las diferentes franquicias en la que se amalgamó la derecha española de los últimos treinta años,  (Coalición Democrática, Alianza Popular,  Partido Popular), de la mano del  fallecido Sr. Fraga acataron formalmente los principios sobre los que pivotó la Transición. Pero no es menos cierto que en sus filas abundaron personalidades ​​del régimen fascista. El mismo D. Manuel, o personajes como D. Licinio de la Fuente, D. Gonzalo de la Mora, Cruz Esteruelas, el Sr. López Rodó, el Sr. Silva Muñoz, y un largo etc. No sin cierto fervor a una parte destacada del elenco se les definió como “los siete magníficos” entendiendo magnificencia el haber destacado como ministros, bajo la egida de la “lucecita del Pardo”,  también conocida como  general Franco.

Más próximos, destacados dirigentes populares nos obsequiaron con perlas diversas de inevitable añoranza del pasado... El Sr. Mayor Oreja asegura satisfecho que no se puede condenar el franquismo, ya que durante el mismo " la vida era plácida " (sic). Por vía de ejemplo quizás D. Julián Grimau, entre muchos otros, si no se  “cayese” por la ventana de una comisaría disentería frontalmente. El inefable Sr. Hernando, portavoz  popular de acendrado compromiso social (la desnutrición infantil es culpa de los padres), a quien la bandera constitucional de España durante la Segunda República  le desquicia tanto como a novicia recatada el asedio de varón rijoso, no se cohíbe en afirmar que el régimen (democrático) del 14 de abril fue la causa de la muerte de 1.000.000 españoles. Algo similar al juez que su fallo señalaba que la violación fue causada por usar minifalda la ultrajada.

Amén de mostrase como un botarate indocumentados cuyos rudimentos de la historia reciente parecen bebidos de D. Pío Moa, (que no duda en decir de si mismo que es  historiador), la dimensión de sus afirmaciones está en ser  la voz oficial de la organización conservadora, en la que sus manifestaciones fijan posición.

El alcalde Baralla afirma  que las víctimas de los secuaces del general africanista lo tendrían merecido. Lastima que desde sus tumbas los victimados no pudiesen responder al alcalde popular. Esto no deja de estar en sintonía con  acontecimientos que se han convertido en clásicos de Galicia y otros lugares, donde  funerales en recuerdo del “general” no andan precisamente ayunos de presencias de dirigentes conservadores..

Durante la Transición, las diferentes franquicias ideadas por D. Manuel, maquillaron como demócratas toda  la vida a los servidores de la dictadura, que irrumpen disciplinados con la Constitución bajo el brazo, en los municipios, diputaciones  o parlamentos. En muchos casos la invasión, es un punto y seguido donde si algo cambia es para que todo siga igual. Por ello es entendible la incapacidad de cualquier tipo de repudio o rechazo de una etapa que estaba latente en  sus sentimientos.

Hoy envalentonados por la prosa encendida del llamado “TDT party”, incluida la cadena vinculada a la confesión religiosa que durante el franquismo monopolizó la conciencia y  la moral y llevó bajo palio al dictador, esa derecha radical que se halla tan cómoda como protagónica  dentro del partido  conservador español , cree que ha llegado el momento de prescindir cosméticos . Superando incluso esa fase alevosa, donde con cinismo se  equiparan víctimas y asesinos, fascistas y demócratas, legalidad y golpe de Estado.

El ejemplo de Alemania

Alemania tan admirada por los líderes populares es extremadamente rígida con las veleidades  apologéticas del fascismo  o con  cualquier acto de alabanza a sus actores... Sería absurdo plantear un  Valle de los Caídos como el de Cuelgamuros en tierra germánica cuyo destino fuese dar reposo a los restos de Hitler y Goering. O una versión de  la Fundación Francisco Franco, en su caso, Adolf Hitler, mantenida con prebendas y  dinero público.

Ciertamente, las expresiones infames que salen de la boca del Sr. Hernando con el fin de atenuar la evidencia de las actitudes ideológica que demuestran algunos jóvenes y no tan jóvenes  militantes del PP, no pueden esconder la sonoridad de algunas acciones, declaraciones y comportamientos de  personas integradas en las filas de su partido con diferentes responsabilidades. En el caso del Sr. Hernando tampoco cabria descartar  que al mismo tiempo tratase  de iniciar otra maniobra de distracción, una "guerra de banderas” que asociar al  manido " Gibraltar Español ", tratando de apartar de su jefe D.Mariano las torturas a que le somete  su ex tesorero y pagador ahora alojado en  Soto del Real.

Ni España tiene  afortunadamente diez  u once millones de electores ubicados en el fascismo, ni la abundante  militancia que nutre al PP, tiene tendencias totalitarias.  Por lo tanto  y por que es indudable el sentido democrático de la mayoría de sus militantes,  es absolutamente necesario que el partido conservador español, que se pretende de centro derecha , supere sus complejos y se contemple en sus homólogos europeos con larga tradición democrática. Que observe a la señora  Merkell rindiendo homenaje a masacrados por el fascismo nazi. Seria alarmante para nuestra bisoña democracia que una minoría muy específica, pero fuerte, infecte con su virus neofascista los fundamentos democráticos que sustentan la corriente ideológica conservadora española.

 

¿El comportamiento del alcalde de Baralla es una anécdota o una patología del PP?
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