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MUNDIARIO

¿Cómo van a contribuir a la gobernación del Estado los que tienen voluntad de destruirlo?

Parece una absurda paradoja que se pretenda construir una coalición estable de Gobierno del Estado apoyada por quienes proclaman su voluntad de destruirlo

¿Cómo van a contribuir a la gobernación del Estado los que tienen voluntad de destruirlo?
Sánchez y sus consocios
Sánchez y sus consocios

En el primer mitin que el Partido Comunista de España celebraba en Vigo desde la Guerra Civil, en el barrio de Lavadores (la pequeña Rusia, llamado), en medio de banderas rojas y republicanas, su secretario general Santiago Carrillo sorprendió a todos cuando dijo que “cambiar la bandera vigente por una republicana no justificaría otra guerra civil”. Yo estaba presente y lo recuerdo bien. Venía a decir que su partido, sin abjurar de sus fundamentos, aceptaba el marco constitucional que se negociaba para superar el franquismo y que ese marco, aceptado por todos, era espacio donde podían converger y contender las diversas ideas.

No hace tanto, el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, explicaba que su partido no tenía prisa por llegar al Gobierno de cualquier modo, y explicaba con detalle la causa de su incompatibilidad para entenderse en un proyecto común con Podemos, ERC,Bildu y los independentistas en general porque no compartían el sentido del Estado que tenía el PSOE, por lo que era imposible gobernar ese Estado con quienes quieren modificar el marco constitucional y salirse del mismo. Huelga citar la serie de ocasiones en que Pedro Sánchez remachó esa idea, por los mismos motivos.

Llama por ello los olvidos y el optimismo de quienes consideran la cosa más natural del mundo la deriva de Pedro Sánchez –aparte de los aspectos morales del modo en que se desdice de lo que ayer proclamaba, y eso que dice “siempre cumplo lo que digo”---, el viraje del primer secretario del PSOE en orden a formar en la práctica una coalición permanente con los partidos independentistas como Bildu, ERC y otros, que le permita, junto a Podemos, mantener una mayoría de Gobierno permanente durante mucho tiempo.

No le conciernen sus propias palabras

Como proclaman sus partidarios, como su cualidad esencial, es que “no siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos”, cosa que ni Maquievelo hubiera expresado mejor. Una cosa es que, dentro del marco constitucional se alíen extraños compañeros de cama, si lo que contraponen son ideas –como decía Carrillo--, pero partiendo de la base de que esa confrontación se realice dentro del marco comúnmente aceptado, circunstancia que no se da en este caso.

Porque los aliados que se ha buscado Sánchez para gobernar no comparten, sino que combaten y quieren desmontar el marco constitucional, no solamente reformarlo. No Bildu ni Esquerra Republicana han renunciado a ninguno de sus planteamientos y objetivos; es decir, destruir el Estado actual, salirse del mismo y proclamar sendas repúblicas independientes. ¿En qué cabeza puede caber que con estos dos aliados y otros parecidos se pueda construir y mantener una mayoría de Gobierno para la estabilidad y el futuro de ese Estado?

Son notables las carencias que sobre Teoría del Estado que marcan el discurso de Pedro Sánchez, aparte de su ignorancia sobre la propia historia de España y del mundo, como cuando dijo que el divorcio lo trajo el PSOE o que España no pudo estar en la Conferencia de San Francisco de 1945, en que se fundan las Naciones Unidas, con presencia de la Rusia de Stalin, “porque era una dictadura”.

Leer a Kelsen

Pero el problema va más allá. Sánchez no ha debido de leer a Kelsen ni tiene claro que el Estado existe en la medida que está sujeto a la Ley, y que ese principio no varía aunque se reforme la Ley en lo que sea necesario para reforzar la propia existencia del Estado.

Tanto Bildu como ERC y los otros consocios de Sánchez se refieren a la Constitución salida de la “Transición” como “el régimen del 78”, trasponiendo una idea de que fue la mera transformación de otro régimen, el de Franco, pero con los mismos fundamentos transformados. Por eso, partiendo de esa premisa, resulta ingenuo creer que quienes califican de ese modo al marco general de nuestra convivencia y quieren destruirlo y salirse del mismo van a ser piezas fundamentales para su gobernación y existencia.

De ahí que tantos notables miembros del PSOE, de impecable trayectoria reclamen a Sánchez que retorne al marco constitucional en todos los sentidos y se deje de peligrosas aventuras con una clase de socios de los que él y los suyos tantas veces abjuraron porque no eran simplemente de fiar. ¿En qué han cambiado los planteamientos de Bildu o ERC para que ahora lo sean?

En una situación como la que vivimos, en todos los ámbitos e incluso por encima de la ideología, muchos ciudadanos creyeron, creímos, como ocurre en otros países, que parecía razonable un gran pacto de Estado entre los partidos constitucionales. Y cuando esa voluntad existe, y existen los líderes adecuados al frente de los mismos, ese pacto es posible, como lo fueron los “Pactos de la Moncloa”. Pero en cambio, ¿ante qué estamos? Todo lo contrario: el Partido del Gobierno, como consecuencia de marcadas ambiciones de poder de sus líderes, se lanza al vacío de la mano de quienes, insisto, quieren demoler el Estado que se pretende que ayuden a gobernar.

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Lo que quieren hacer algunos con la Constitución

Se ha dicho que la política hace extraños compañeros de cama. Y es cierto, pero dentro de la misma habitación. Lo que aquí se pretende es una mudanza plena. No queda un solo ámbito de lo que fue “La transición” que hoy no se cuestione, empezando por la amnistía y la Constitución misma, especialmente sobre su definición de España y el desarrollo autonómico.

En resumen, no seamos ingenuos y no enmarquemos las alianzas del Sánchez en el marco ordinario del confluir ocasional de fuerzas divergentes que respetan el marco donde moverse. Y conviene recordar que el Estado existe en la medida de que exista primero la convicción de que debe existir. Ni Bildu ni ERC ni otros consocios de Sánchez tienen esa voluntad, como nos decían Ábalos y el propio Sánchez apenas ayer.