Cómo explicar a un nieto lo que está pasando en el mundo

Ursula von der Leyen, nueva titular de la Comisión Europea. / Twitter
Ursula von der Leyen, la nueva titular de la Comisión Europea. / Twitter
Como seguramente a todos, a mí también me cuesta explicar a hijos, nietos, amigos y colegas la situación política y económica, tanto nacional como internacional. Recurro a exponer más preguntas que respuestas, más incertidumbres que certezas, más deseos que desánimos.
Cómo explicar a un nieto lo que está pasando en el mundo

En el caso de España, dos asuntos dominan la escena política actual: Primero, la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés, con duras penas para 12 dirigentes políticos catalanes por sedición y malversación, y consecuentemente protestas pacíficas masivas, acompañadas de incidentes de orden público graves en Barcelona y otras ciudades catalanas. Y segundo, las elecciones generales del 10 de noviembre, como resultado de que los partidos políticos representados en la pasada legislatura de 6 meses no fueron capaces de llegar a acuerdos para dejar gobernar en minoría al PSOE como partido más votado o formar un gobierno de coalición o con un pacto legislativo.

Las preguntas del millón en la política seguirán siendo: ¿Habrá nuevo gobierno y cuándo? ¿En minoría o coalición? ¿Con voluntad de emprender un diálogo para buscar soluciones al problema del encaje de Cataluña en España? ¿Y cómo será la respuesta del Govern? ¿Estará en condiciones de negociar con las líneas rojas de la Constitución y el Imperio de la Ley, antes o solo después de nuevas elecciones en Cataluña? Y en cuanto a la economía en general: ¿Habrá voluntad para atacar los problemas del futuro como las pensiones, la financiación autonómica, el mercado único, la industrialización, la energía y el cambio climático? ¿Para poner en marcha un Estatuto de Trabajadores moderno que tenga en cuenta los efectos de la revolución digital y tecnológica e impulse la productividad y competitividad de las empresas?

Sigue sorprendiendo el crecimiento económico de España, que con alrededor del 2% en este año está entre los más altos en Europa. Pero que con una clara tendencia a la desaceleración necesita más que nunca un gobierno estable y dispuesto a atacar las reformas pendientes. Mi primer deseo: ¡Que el mismo espíritu que iluminó a los responsables de la Transición y de los Pactos de la Moncloa inspire en algún momento cercano a los dirigentes políticos actuales!

En cuanto a Europa, tenemos el Brexit ante portas, con la posibilidad de un acuerdo a última hora, sin descartar el riesgo de una salida sin pacto. También tenemos la nueva Comisión en Bruselas ante portas bajo la presidencia de Ursula von der Leyen.

Con retos por delante para mejorar la gobernanza de la Unión Europea, si quiere seguir jugando un papel relevante en un mundo siempre más globalizado y complejo. Les recuerdo un dato que le gusta resaltar siempre que puede a la canciller alemana Angela Merkel: que la Unión Europea es responsable del 7% de la población mundial, del 25% del PIB mundial, pero también del 50% de los gastos sociales mundiales. Eso, a la larga, va a necesitar de grandes reformas, para que el Estado de bienestar siga siendo una marca de identidad propia. Y les recuerdo otro dato: que en 2050 ningún país europeo por si solo será miembro del G8. Pero si actuamos con una sola voz, seguiremos siendo miembro de ese círculo de naciones y podremos participar activamente en las decisiones sobre nuestro futuro político, económico y social. Como advirtió el escritor mexicano Juan Rulfo en otro contexto: “O nos salvamos juntos o nos hundimos separados”.

En un perfil de Ursula von der Leyen que publiqué en MUNDIARIO poco después de su nombramiento (“Ursula von der Leyen, una madre de siete hijos para liderar y poner orden en Europa”, 8 de julio de 2019) escribía que, conociéndola algo, estaba seguro que daría la “batalla por sus ideas pro europeístas.

Es una persona suficientemente independiente para defender sus valores, suficientemente experimentada para manejarse con éxito en los pasillos del poder, aparte de haber aprendido a ser suficientemente diplomática para desactivar conflictos, crear alianzas y poner en marcha soluciones”. Mi segundo deseo: que tenga mucha suerte.

En cuanto al mundo, no hay duda que estamos viviendo tiempos de mucha incertidumbre. En Oriente Medio, por la confrontación entre Turquía y Siria en los territorios kurdos fronterizos, y entre los Estados Unidos de América con Irán, con Corea del Norte y con Rusia, por el riesgo de un rearmamento nuclear. En todo lo que tiene que ver con el comercio internacional, por las guerras desatada por Washington contra Pekín y Bruselas. En todo lo que tiene que ver con nuestra seguridad, por el riesgo de actos terroristas motivados por extremistas políticos y religiosos. En todo lo que tiene que ver con la migración, por su creciente importancia. En todo lo que tiene que ver con el cambio climático, por su relevancia para el futuro de las próximas generaciones. Y en todo lo que tiene que ver con nuestro sistema democrático, por las tendencias crecientes hacia autocracias. Mi tercer deseo: que no salte una chispa en algún lugar del mundo que haga que la paz, el valor más importante del que hemos disfrutado durante más de 70 años en el mundo occidental, explote por los aires.

Es verdad que las malas noticias nos acompañan día a día. Pero también es verdad que hay muchos expertos como el economista e historiador sueco Johan Norberg que resaltan, y le cito: “A pesar de lo que escuchamos en las noticias y en boca de muchas autoridades, la gran historia de nuestra era es que estamos presenciando la mayor mejora de los estándares de vida globales que hayan tenido lugar jamás. La pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, la mortalidad y el trabajo infantil están cayendo a la mayor velocidad de la historia”.

La revolución industrial 4.0 y la globalización son responsables de una prosperidad económica y social que nunca habíamos conocido antes. Con muchos problemas pendientes de respuestas, sí. Pero también con muchas oportunidades, si somos capaces de ayudar a soñar soluciones y poner en marcha reformas innovativas y consensuadas. Es responsabilidad de los “adultos mayores” – así definen los chilenos a los miembros de mi generación– de seguir luchando por mantener y mejorar lo conseguido hasta hoy con nuestros conocimientos y nuestra experiencia: apostando por la excelencia y la empatía, así como la ilusión de defender la democracia y la economía social de mercado, que son en esencia los valores europeos por los que vale la pena luchar. Transmitámoslos miles de veces a nuestros hijos, nietos, amigos y colegas para que no caigan en las trampas de los demagogos y populistas, que con su visión de ¡Cuanto peor, mejor! están socavando nuestro futuro. @mundiario

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