Claves para entender el intríngulis de Ourense

Gonzalo Jácome. / Paula Lodeiro
Gonzalo Jácome. / Paula Lodeiro

A todos, tirios y troyanos, les va a salir cara la ausencia de mecanismos legales para desfacer los entuertos creados por Gonzalo Jácome en la alcaldía de la tercera ciudad de Galicia.

Claves para entender el intríngulis de Ourense

Estrafalario, extravagante, estrambótico, excéntrico... También le han tildado de friki. Y de botarate. Todo eso y más puede ser Gonzalo Jácome, todavía alcalde de Ourense. Los casi doce mil ourensanos que lo votaron en mayo de 2019 sabían de sobra quién era y de qué iba y aún así le otorgaron su confianza. Él no engañó a nadie, aunque ahora sus más allegados compañeros de viaje en la aventura de Democracia Ourensana parezcan haber caído de un guindo. Casi todos los que llama "traidores" son, o eran hasta ahora, amigos suyos, con los que a lo largo de años tejió lazos de confianza personal e incluso profesional. Dice que los que fueron sus fieles escuderos le dan ahora la espalda porque se han dejado corromper.  Y que ya hace tiempo que estaba en marcha una operación para que el PP recupere la alcaldía, maniobra espuria que en su opinión, por razones estratégicas, se aplazó hasta después de las elecciones autonómicas.

No pocos de quienes le rodean desde la fundación de Democracia Ourensana nunca le consideraron una persona idónea para asumir la responsabilidad del cargo de alcalde. De hecho, jamás creyeron que Jácome llegaría tan lejos. Estaban convencidos de que, en función de una u otra correlación de fuerzas en el consistorio, como mucho podría llegar a ser decisivo para la gobernabilidad de la tercera ciudad de Galicia. Al menos implícitamente ese parecía ser el techo. Con lo que no contaban ni los más ilusos es con que acabarían teniendo en su mano la llave de la Diputación y a cambio de ella Baltar y el PP estarían dispuestos a entregarle la alcaldía e incluso a dar soporte en el gobierno local mediante una coalición a quien precisamente llegó a donde llegó -paradojas de la política ourensana- haciendo bandera del "antibaltarismo" 

Y ahí estaba Jácome, ejerciendo de alcalde casi por accidente, y fiel a su estilo marrullero y provocador, hasta que estalló el motín, la gran traición que el ínclito no debió sorprenderse. La acusación que le lanzan sus propios concejales, y con la que justifican la estampida, casi no se sostiene. Porque todo ellos están al cabo de la calle de la forma en que Jácome gestiona el dinero público que su partido recibe de subvenciones, asignaciones y aportaciones de los cargos de confianza. A nadie se le oculta que el grueso de los fondos pudo ir a parar a la emisora de televisión local, propiedad de Jácome, que sirvió de altavoz a Democracia Ourensana desde su nacimiento. Sin esa caja de resonancia mediática el partido nunca habría llegado a donde llegó. Fue el balcón mediático desde el que denunciaron la corrupción de los partidos del sistema para presentar la suya como la única opción capaz de regenerar la vida local.

Jácome cree ser víctima de una maniobra orquestada en la oscuridad por Baltar Jr, para  colocarle en una posición imposible en la que, sin embargo, piensa atrincherarse para que al barón popular salirse con la suya no le salga barato. No le importa que una parte de ese precio lo paguen -los estén pagando desde hace un año- todos los ourensanos, incluidos los que no le votaron y aquellos que se arrepintieron de votarlo. La que fue su parroquia electoral en el pecado lleva la penitencia. Pero el experimento estaba condenado al fracaso desde el mismo día en que nació. Lo tenía todo en contra, desde la propia voluntad de los socios, que nunca se fiaron los unos de los otros, hasta el interés de los poderes fácticos de la ciudad, que se jugaban demasiado con un alcalde decidido a plantarles cara o simplemente a ir por libre. Y a todos, tirios y troyanos, les va a salir cara la ausencia de mecanismos legales para desfacer este tipo de entuertos y a ser posible evitarlos. @mundiario

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