El CIS vuelve a constatar la falta de liderazgo de los principales dirigentes

El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

¿Cómo explicar que semejante derrumbe anímico de España no provoque una reacción fulminante de gobernantes y dirigentes -de todos los gobiernos y respectivas oposiciones- para revertir el desánimo?

El CIS vuelve a constatar la falta de liderazgo de los principales dirigentes

Un proverbio oriental deliciosamente irónico, dice que "profetizar es siempre arriesgado, sobre todo con respecto al futuro", y si ese futuro está a dos años vista, como es el caso de las elecciones generales, es una eternidad y avanzar resultados suena a temeridad. 

Por eso, a mí me parece que lo sustancial del último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- no es que "el PP remonta y supera en siete puntos al PSOE" o que "El PSOE obtiene sus peores expectativas en intención de voto", como titulaban los periódicos. 

Lo verdaderamente relevante -y dramático- de esta foto fija del CIS son otros dos datos. El primero es la valoración que hacen los ciudadanos de Rajoy y de su Gobierno y de Rubalcaba a los que suspenden sin paliativos y sin que quepa pensar en la "cocina" manipuladora de resultados. Ambos dirigentes obtienen el rechazo de la inmensa mayoría de los españoles a los que les merecen poca o ninguna confianza al frente del gobierno y de la oposición.

El CIS vuelve a constatar la falta de liderazgo de los principales dirigentes, un mal que aqueja a la política y a la sociedad españolas desde hace años, aunque el dato es más preocupante para Rubalcaba. A ver como se recompone para recuperar la confianza de la sociedad ahora que "el PSOE ha vuelto con las ideas claras" tras la conferencia política del fin de semana. 

El segundo dato relevante es el estado de ánimo de la población que refleja la encuesta. Como si los españoles hubieran perdido la esperanza, todo, desde la economía y la política hasta las instituciones, se mueve entre lo malo, muy malo y lo peor en este  barómetro realizado en octubre, que es desolador y muestra a una sociedad desesperanzada y deprimida en la que reinan la incertidumbre y el desaliento. 

Lo grave es que llevamos tanto tiempo sumidos  en la crisis sin experimentar mejoría -el optimismo de César Alierta no responde a la realidad de la calle- que cabe pensar que la mediocridad y falta de liderazgo de los dirigentes que recoge el CIS impiden encontrar alternativas para cambiar el rumbo de las cosas. Así, no es extraño que la gente dé carta de naturaleza a la ley de Murphi pensando que el año que viene nos va a ir peor. 

¿Cómo explicar que semejante derrumbe anímico del país no provoque una reacción fulminante de gobernantes y dirigentes -de todos los gobiernos y respectivas oposiciones- para revertir esta situación de desánimo social? 

El CIS vuelve a constatar la falta de liderazgo de los principales dirigentes
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