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El cinismo político es abono para el cultivo de la corrupción en España

Los últimos y graves hechos de corrupción y las medidas económicas y sociales adoptadas, contrarias al programa con que el PP ponen de manifiesto el comportamiento nada ético del Gobierno y del PP.
El cinismo político es abono para el cultivo de la corrupción en España

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J. Francisco Rodil Lombardía

J. Francisco Rodil Lombardía

El autor, J. FRANCISCO RODIL LOMBARDÍA, es colaborador de MUNDIARIO. Trabajó en Informaciones, El Correo Gallego, fue director gerente de TVG, director de La Voz de Asturias y delegado del Grupo Zeta en Asturias. Fue galardonado con el Premio Galicia de Periodismo en 1989. @mundiario

Cinismo es incumplir el compromiso electoral y decir, como dijo Rajoy: “no he respetado el programa electoral, pero he cumplido con mi deber”.

Si algo singulariza la política de los dos partidos mayoritarios y la del propio Gobierno de Mariano Rajoy es el comportamiento secuaz de los principios más radicales de la razón cínica. Unos y otros están corroborando a diario esta afirmación.

Con hechos, dichos y elocuentes silencios el presidente, sus ministros y portavoces vienen dando un ejemplo inquietante de la poca consideración que tienen por los ciudadanos. Sin dar muestras de ningún pudor, con sofismas y artificios reemplazan la realidad, cuando no la ocultan, por un relato alternativo, que desprecia la verdad y niega la sustantividad de las cosas.

Indigna que el cinismo sea la pauta de conducta de nuestros dirigentes democráticamente elegidos. Y no hablo del cinismo en su sentido más clásico, como aquel que, en la Grecia antigua, representaban Diógenes, Antístenes o Crates de Tebas, a los que imaginamos, salvando la distancia del tiempo y las circunstancias, activistas pioneros de los movimientos contraculturales de los años sesenta. No, no me refiero, a aquellos apóstoles de la doctrina antiintelectual, si no a la cualidad peyorativa moderna de la palabra cínico. Un cinismo que no cree en el ciudadano, ni en sus derechos y mucho menos en la cosa pública, patrimonio irrenunciable de la ciudadanía en un estado de derecho y libertades. Una actitud soberbia, que subestima y se burla del ciudadano, que le miente e insulta su inteligencia, que no tiene en cuenta su opinión e incumple con él su compromiso.

El cinismo político es abono para el cultivo de la corrupción, carcoma que acaba por reducir a polvo las instituciones y la propia democracia.

Cinismo es incumplir el compromiso electoral y decir, como dijo Rajoy: “no he respetado el programa electoral, pero he cumplido con mi deber”. Rajoy sabe que su primer deber como presidente del Gobierno es respetar el contrato con la mayoría de electores que le encomendaron el poder. Lo contrario es una estafa.

Cinismo es también gobernar a golpe de decreto ley, sistema inadmisible en democracia. Cinismo es vender la reforma laboral como el único modo de salir de la crisis, cuando los datos socioeconómicos, desde que se implantó la reforma, demuestran todo lo contrario al tiempo que revelan la sospecha de una premeditada artimaña urdida por intereses económicos y financieros externos, que está llevando al país a la miseria, causando un insoportable sufrimiento a la sociedad. Cinismo es la lectura que hace la ministra de Trabajo de los datos del paro. Cinismo es la gestión que el Gobierno y sus palmeros están haciendo del esperpéntico “caso Bárcenas”, del “caso Gürtel”, emparentado con el primero, el acto público de desagravio a la señora Cospedal, de lo que está pasando en el Ayuntamiento de Santiago, etc., etc., etc.

El cinismo desacomplejado del Gobierno, como el que muestra el principal partido opositor al no hacer debidamente oposición (también el PSOE tiene mucho que ocultar), genera rabia e indignación en los ciudadanos, descreimiento y desconfianza en las instituciones, en la política y en el Estado.

Que sepan los que usan la mentira, la simulación y el cinismo que le están haciendo un daño irreparable a la democracia, al pacto cívico y a la reputación externa del país, sin contar las heridas, en muchos casos incurables, que le causan al ciudadano.

Dominar y mentir son dos vocablos emparentados, con muchas semejanzas. Dominar es someter, avasallar, oprimir. Mentira y cinismo son instrumentos inherentes a la dominación, que, usados con la irreverente grosería con que lo hace este Gobierno, están llevando a la gente al límite de su capacidad de aguante.

El Gobierno de Rajoy y el partido mayoritario que le sustenta no deben olvidar que el pueblo no les ha encomendado el dominio, sino la gobernanza democrática y administración del Estado.