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Cifuentes, Casado y Montón, tres vidas paralelas en una burbuja política

Algunos políticos han sentido la tentación de adornar su curriculum con oropeles académicos. Una triste forma de reconocer que fuera de la política no habían hecho nada. En España hay unos tres mil títulos sobre los cuales apenas existe control.

Cifuentes, Casado y Montón, tres vidas paralelas en una burbuja política
Cifuentes, Casado y Montón. / Mundiario
Cifuentes, Casado y Montón. / Mundiario

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

La dimisión de la ministra de Sanidad ha seguido el patrón de la que protagonizó Cifuentes hace escasos meses. Negativa inicial, mentiras innecesarias, abrumadora documentación en contra y salida precipitada. Casado, que presenta varias coincidencias con las anteriores, sigue una vía distinta al estar sometido a investigación judicial. Podría terminar como ellas si se abre juicio o surge nueva documentación.

Los tres tienen vidas en común. Toda su vida adulta ha transcurrido en la política profesional sin otro oficio o carrera. Sólo Cifuentes acredita un tiempo mínimo, en torno a un año, como funcionaria.

La política, un oficio tan digno como otro cualquiera, tiene algunas características que la diferencian de otros trabajos. La más relevante, en España, es que la meritocracia no pesa. Las carreras políticas dependen de formar parte de la facción dominante en la estructura partidaria. Por la misma razón, los riesgos no vienen de la realidad exterior, sino del ajuste interno de cuentas, como aconteció finalmente con la difusión de un video que comprometía absolutamente la integridad de Cifuentes y que había sido guardado celosamente durante años para utilizarlo en el momento necesario. Esa forma de actuar, consecuencia de vivir en una burbuja laboral que sobrevuela la realidad de la mayor parte de los ciudadanos, explica las formas extrañas de respuesta ante las críticas.

“No todos somos iguales”, decía enfáticamente la ministra de Sanidad cuando ya los acontecimientos habían escapado a su control, pretendiendo establecer una comparación con sus rivales políticos pero compañeros de estudios. En realidad era una respuesta del argumentario de partido, que obliga a sacar rédito de cualquier situación por inverosímil que sea. Algo parecido dijo ayer el Secretario de Organización del PP tratando de cubrir la posición de su jefe de filas.

Un cierto tráfico de influencias también es moneda corriente. Subvenciones discrecionales que favorecen a los próximos y discriminan a los contrarios son parte del funcionamiento habitual de las Administraciones. También en los estudios de master que ahora se divulgan existían esas ayudas que en realidad son las que explican la propia existencia de esas titulaciones. La política crea una demanda que la Universidad satisface.

Como ya hemos apuntado en MUNDIARIO, los citados escándalos derivan de la laxitud que ha alcanzado el sistema de títulos y certificaciones académicas, donde además de las denominadas carreras, en sus niveles de Grado y Maestría, sometidas a un estricto proceso de organización y autorización, existe un verdadero mercado basado en las leyes de oferta y demanda, que es fuente complementaria de ingresos para quienes lo desarrollan.

Universidades públicas y privadas compiten con titulaciones extranjeras o de centros especializados que tratan de acreditarse en el mercado mediante elevadas tarifas. Estamos refiriéndonos a unos tres mil títulos sobre los cuales apenas existe control.

La autonomía universitaria unida al corporativismo supone un velo de impunidad. El sistema funciona y por lo tanto a nadie le interesa revisarlo.

Los escándalos citados no han nacido de la comunidad universitaria sino de la despiadada competencia que preside la vida política. Si se han centrado en los títulos académicos es porque, extrañamente, algunos políticos han sentido la tentación de adornar su curriculum con oropeles académicos. Una triste forma de reconocer que fuera de la política no habían hecho nada. @mundiario