Buscar
loading...

Chuck Schumer, el -otro- hombre que tiene a Washington D.C. contra la pared

El líder de la minoría demócrata criticó en 2013 que "cerrar el Gobierno por no salirse con la suya es una idiotez". Cinco años después, él mismo lo ha hecho.

Chuck Schumer, el -otro- hombre que tiene a Washington D.C. contra la pared
Chuck Schumer, líder del Partido Demócrata en el Senado.
Chuck Schumer, líder del Partido Demócrata en el Senado.

Firma

Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Que sí, que el titular es cierto. El bochorno que atraviesa Washington D.C., que la semana pasada ordenó un cierre de Gobierno por tercera vez en tres décadas, tiene como -el otro- principal responsable a Chuck Schumer, el líder de los senadores demócratas. Schumer, cuyo verdadero nombre es Charles Ellis Schumer, ha logrado pasar bajo el radar de las críticas pese a que el cierre inicial del 19 de enero fue prácticamente firmado por él.

El líder de la minoría en la Cámara Alta se negó rotundamente a aceptar las condiciones que le puso sobre la mesa el honorable Partido Republicano, ese al que hasta ahora se tiene como el principal catalizador de esta crisis apagada a medias el lunes cuando el Capitolio aprobó prorogar los fondos de la Administración por tres semanas. Los conservadores han salido en tromba en defensa de los proyectos antiinmigratorios de Donald Trump y fue la financiación de los mismos la que abrió la caja de Pandora. El trámite pasó sin problemas en la Cámara de Representantes pero, como se ha hecho costumbre, se estrelló en el Senado, donde Schumer impuso su santa voluntad y lideró a sus chicos a dar un rotundo no al disparate de los derechistas. El argumento del senador por Nueva York fue que lo propuesto por los republicanos iba directamente en contra de su agenda personal y la de su partido, ensimismado más que nunca en proteger a inmigrantes y desfavorecidos del huracán xenófobo de Trump.

Con esa contundente respuesta a la propuesta conservadora, Schumer forzó el cierre del Gobierno Federal durante 72 horas, todo para salirse con la suya. "Cualquiera puede venir y forzar un cierre gubernamental solo por no poder hacer su voluntad. Yo creo firmemente en la reforma migratoria. ¿Qué pasa si voy y le digo a mis colegas que voy a cerrar el Gobierno del país y que no pagaré mis cuentas solo para salirme con la mía? Pensar así es la política de idiotas", dijo Schumer a la cadena CNN en 2013 cuando la Administración de Barack Obama tuvo que cerrar por un motivo no tan semejante al que se vio arrastrada la de Trump.

Para entender mejor aquellas palabras hay que ponerlas en contexto: en el otoño de 2013, Washington D.C. echó el cierre por la falta de fondos. En aquel año, sin embargo, el pleito estaba en que los republicanos, que como ahora controlaban las dos cámaras legislativas, se negaron a extender el cheque que les exigió el otrora presidente Barack Obama. Era un fuego cruzado entre dos bandos y nada más. En este 2018, sin embargo, el tiroteo es más complejo, pues están enfrentados los republicanos moderados con los republicanos radicales, los republicanos con los demócratas, los demócratas con Donald Trump y Donald Trump hasta con su sombra. Es pues una auténtica guerra civil y global con tintes caligulescos en la que Schumer ha participado activamente pero ha salido ileso y, encima, se presenta como el hombre que tuvo el honor de presentar la primera bandera blanca.

Lo cierto del caso es que Schumer ha estirado el alambre tanto como Trump hasta que entre ambos lo han llevado a su punto de máxima tensión. La financiación del muro fronterizo con México, la obsesión del empresario, se ha convertido en el enemigo natural de los progresistas, que parecen estar dispuestos a todo con tal de mantener su posición pro-inmigrantes, refugiados y extranjeros en general. Esa posición, sin embargo, tan solo alimenta el odio y el fanatismo de los votantes más radicales del actual presidente.

La próroga acordada por el Senado el lunes de esta misma semana vence el 5 de febrero y para entonces ya sea el senador o el mandatario deberán dar su brazo a torcer si no quieren que la vergüenza de su obstinación los devore. Con todo, en favor del legislador juega que él defiende a las víctimas del sistema beligerante del republicano. En el fondo sorprende que entre Trump y Schumer realmente no hay mayores diferencias, pero en la superficie la razón por la que uno es linchado y el otro no es por el grupo que tiene a sus espaldas.