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El chavismo retoma la Asamblea Nacional y se nubla el futuro de la crisis de Venezuela

El mucho o poco tiempo que le quede a Juan Guaidó como presidente interino o solo como líder opositor estará enfocado en hacer lobby ante el mundo democrático para forzar a Nicolás Maduro a negociar su salida del poder en vista de la extrema crisis económica que vive el país.
El chavismo retoma la Asamblea Nacional y se nubla el futuro de la crisis de Venezuela
Jorge Rodríguez, uno de los hombres fuertes de la dictadura chavista, jurando este martes como presidente de la nueva Asamblea Nacional de Venezuela. / El Nacional
Jorge Rodríguez, uno de los hombres fuertes de la dictadura chavista, jurando este martes como presidente de la nueva Asamblea Nacional de Venezuela. / El Nacional

La incertidumbre de Venezuela se prolonga en un limbo político. El último vestigio de democracia y legitimidad que quedaba en el país más inestable de América ha sido anulado por la presencia de la fuerza política que lo hundió en la crisis económica y social más grave de su historia. El régimen de Nicolás Maduro se ha hecho este martes con el control absoluto de todas las instituciones de Venezuela, lo cual termina de consolidar el sesgo totalitario de un Gobierno autoritario que busca perpetuarse en el poder contra viento y marea a pesar del desgaste que vive la población.

Y es que el chavismo recuperó este 5 de enero el control de la Asamblea Nacional de Venezuela que había perdido en 2015. Luego de que la oposición ganara hace cinco años el control del Parlamento y fuesen anulados sus intentos de leyes por el Tribunal Supremo de Justicia, al servicio político de Maduro por el financiamiento que este le provee, los aliados del sucesor del expresidente Hugo Chávez han vuelto a entrar al hemiciclo del Palacio Federal Legislativo en Caracas para diseñar un marco jurídico que le permita a Maduro gobernar con un mayor control sobre la economía y el poder político ante la liberalización que ha tenido lugar en el país con el fenómeno de la dolarización debido a la extrema hiperinflación que el propio Maduro causó en el 2017.


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Las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2020, en las que no participó la inmensa mayoría de la oposición y que fueron tildadas de fraudulentas por la principales instancias internacionales, dieron a la coalición de partidos oficialistas más del 90% de los 277 escaños del Parlamento, según los datos del Consejo Nacional Electoral, dominado también por el chavismo, aunque esas cifras no encajan con la enorme abstención de más del 80% que el malestar social por la crisis generó en la población venezolana.

Esto implica que ahora el régimen de Maduro tendrá pista libre para promulgar leyes que afiancen su control sobre las empresas, los capitales en dólares y las pocas inversiones que quedan en el país con el objetivo de captar las divisas que las sanciones de Estados Unidos ha impedido entrar a Venezuela.

Aunque es desconocido por el mundo democrático, en la práctica, el aparato político del Gobierno de Nicolás Maduro domina desde hoy todas las instituciones del país, lo cual abre el camino de un ciclo en el que podría consolidarse la fuerza de una especie de dictadura que también domina las policías, los distintos niveles militares y el sistema de inteligencia nacional para garantizar su control sobre el territorio. 

La Asamblea Nacional era la única institución legítimamente constituida que permanecía bajo el control de la oposición, pero solo sirvió como un poder simbólico debido a los bloqueos del Tribunal Supremo, y le valió a Guaidó como una plataforma para autoproclamarse presidente interino de Venezuela en enero de 2019, ganando así el reconocimiento y el apoyo diplomático de 60 con Estados Unidos al mando de una cruzada internacional para presionar al régimen de Maduro con sanciones y obligar a negociar o a entregar el poder, evidentemente, sin éxito.

El futuro de una Venezuela en crisis extrema con este nuevo Parlamento

El nuevo presidente del Parlamento, el exministro de propaganda chavista Jorge Rodríguez, lanzó una clara advertencia a los opositores: “Reconciliación sí, pero sin amnesia, perdón sí, pero sin olvido. Hay crímenes que no pueden ser perdonados, hay crímenes que deben ser pagados”, afirmó Rodríguez, quien minutos después insistió: “No puede haber perdón con olvido, no puede haber reconciliación con amnesias. Se atrevieron a firmar un contrato donde aceptaban y le pagaban 200 millones de dólares a mercenarios para asesinar al presidente de la República”. Según Rodríguez, los adversarios del régimen “montaron un aparato de guerra psicológica, mediática, de sanciones, para que se debilitara el ser venezolano”. “Hay ofensas que no se pueden pasar por alto”, recalcó. “Estamos obligados al exorcismo”, se atrevió a decir.

Las declaraciones de quien ahora llevará el mando del Poder Legislativo y buscará la creación de leyes que expandan la influencia de Maduro sobre la economía dolarizada, los partidos políticos, la Fuerza Armada y la misma Presidencia de la República, dejan entrever el camino de una deriva autocrática mucho más grande en el Gobierno chavista, que afectará aun más las ya mermadas condiciones de vida de los venezolanos.

El futuro de Guaidó y su estrategia para desplazar a Maduro

En el otro lado de una balanza que cada vez se hace más dispareja, el líder de la oposición, Juan Guaidó, visto ahora como un “presidente interino saliente”, intentó mantener el pulso frente Maduro y tomó posesión a primera hora de la mañana como presidente de un Parlamento paralelo bajo la figura de la “continuidad administrativa”, que no existe en la Constitución, considerado por sus seguidores y por la comunidad internacional como la auténtica Asamblea Nacional de Venezuela.

“Desde mi condición de presidente interino y presidente de la Asamblea Nacional, convoco por esta vía a todo a construir la línea de defensa de la República y la democracia en este país”, manifestó el dirigente opositor. Una de sus principales preocupaciones es ahora el reconocimiento internacional, pues la Unión Europea debate si seguir reconociendo a Guaidó como “presidente encargado” o solo como el líder de la oposición, lo cual tendría efectos sobre su estrategia de presión contra Maduro. El joven opositor se dirigió a esa importante instancia para pedirle su apoyo en la lucha “por elecciones presidenciales libres, justas y verificables”. “El llamado a la comunidad internacional es a respaldar el mecanismo de solución al conflicto que pasa por la celebración de elecciones libres”, expresó.

El mucho o poco tiempo que le reste a Guaidó como presidente interino o solo como líder opositor estará enfocado en hacer lobby ante los principales actores diplomáticos y geopolíticos del mundo con el objetivo de forzar al régimen de Maduro a negociar la entrega del poder usando sus dos puntos débiles; las finanzas y su seguridad legal ante las causas judiciales que existen en su contra por lavado de dinero y corrupción. @mundiario