Buscar
loading...

Centro, interés general y políticas públicas: la argumentación es fundamental en política

El espacio de centro reclama que las políticas públicas se argumenten en razones de interés general de manera que se promueva la libertad solidaria de los ciudadanos.

Centro, interés general y políticas públicas: la argumentación es fundamental en política
Adolfo Suárez.
Adolfo Suárez.

Firma

Jaime Rodríguez - Arana

Jaime Rodríguez - Arana

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de A Coruña y director del departamento de Derecho Público Especial. Doctor en Derecho por la Universidad de Santiago. Doctor honoris causa en Ciencias Jurídicas por la Universidad Hispanoamericana de Nicaragua. Miembro de la Academia Internacional de Derecho Comparado de La Haya y columnista de MUNDIARIO..

En los últimos tiempos se observa, a diestra y siniestra, una peculiar tendencia a la ausencia de explicaciones y argumentaciones en relación a las políticas que se ponen en marcha. Todo lo más, como si fuera una fórmula mágica polivalente, se esgrime, con ocasión y sin ella, la referencia abstracta al interés general. Por cierto, un interés general que ordinariamente, ni se concreta ni se justifica.

La política es una tarea de rectoría de los asuntos públicos orientada  a la mejora integral y permanente de las condiciones de vida de los ciudadanos. En la medida en que la política democrática descansa sobre el Estado de Derecho, la racionalidad y la justicia deben presidir la confección y elaboración de las políticas públicas, así como su comunicación y explicación a los ciudadanos. Comunicación y explicación son dos funciones bien relevantes de los nuevos espacios políticos que han de realizarse pedagógicamente, dedicando tiempo a exponer las argumentaciones y las razones que justifican la acción de gobierno o la oposición política.

La realidad demuestra, más bien, que la pedagogía y la explicación brillan por su ausencia, especialmente entre nosotros en materia de políticas públicas. Probablemente porque reclaman compromiso, trabajo, esfuerzo, ponerse en la piel de quienes escuchan, de las personas a que van dirigidas los mensajes. Además, la pedagogía hay que hacerla cerca de las personas, de los ciudadanos, y ello supone que hay que desplazarse con el “riesgo” que hoy entraña alejarse del poder real y adentrarse en mundos complejos y poco “rentables” tecnoestructuralmente hablando.

Los nuevos espacios políticos, entre los que se sitúa el espacio del centro, traen consigo una particular exigencia de pedagogía política. Efectivamente, en el desarrollo de sus políticas, las formaciones inspiradas en el espacio de centro deben atender de modo muy particular a la comunicación con el entorno social, con toda la sociedad.

El trabajo de pedagogía política no es, de ninguna manera, una labor de adoctrinamiento, de conversión ideológica, sino precisamente de transmisión de los valores de las políticas que se proponen o que se realizan.

El respeto a las posiciones ideológicas, a los valores que individualmente cada ciudadano defiende, debe conjugarse con la insistencia en la llamada a abrirse a la realidad de las cosas, y a su complejidad, haciendo ver que las soluciones simplistas no son soluciones, que la prudencia es una buena guía en las decisiones políticas, y que esta no está reñida –antes al contrario- con las metas sociales ambiciosas; que importa más el trabajo serio y consolidado que los gestos superficiales y sin fundamento, que bajo la apariencia de progreso esconden un progresivo deterioro de la vida económica y social e incluso de la ética, que nunca tardará demasiado en ponerse en evidencia.

El centro es un espacio político de apertura, pluralidad, dinamismo y complementariedad

En este tiempo en el que algunos confunden el centro con la ambigüedad, la pusilanimidad o la indiferencia, la exigencia de explicación y de pedagogía es, si cabe, más relevante. Si así no se hace, la gente se siente decepcionada, frustrada, se aleja de los políticos y, es lógico, empieza a abrirse a nuevas propuestas en las que la comunicación y el mensaje, más si es novedosos y desafiante, suponen algo nuevo en relación con lo viejo y caduco.

Desde el centro, que es un espacio político de apertura, pluralidad, dinamismo y complementariedad, es menester que se transmitan al pueblo las políticas a emprender acompañadas o precedidas de las razones de su formulación, así como de las consecuencias que de ellas se van a desprender.

La pedagogía política impide la demagogia porque la racionalidad es su principal manifestación. Cuando las propuestas o las medidas se pueden explicar porque son razonables, lógicas, con argumentaciones al alcance de cualquier fortuna, es probable que el pueblo soberano pueda comprender mejor el alcance y sentido de esas políticas. Y cuando esas políticas se hacen para todos porque son exigencias de la centralidad del ser humano, entonces se transita por el buen camino y no es difícil explicar las causas y las razones de tal proceder. En cambio, cuándo domina el silencio, la ausencia de explicaciones y la rendición de cuentas es una falacia, la misma democracia va perdiendo enteros. Entonces asoman la demagogia, el populismo,  o la manipulación social. Hoy, desde luego, bien presentes en nuestra realidad política. @jrodriguezarana