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Censura Paradiso

Cada vez se hace más “normal” ver que titiriteros, raperos, tuiteros, exposiciones fotográficas y libros sufren la censura implantada en España en pleno siglo XXI.

Fotograma de Cinema Paradiso. / RTVE
Fotograma de Cinema Paradiso. / RTVE

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Olga Rodríguez Puga

Olga Rodríguez Puga

Secretaria ejecutiva del PSdeG - PSOE. Es informática y colaboradora de MUNDIARIO.

Una de mis películas favoritas es Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), una película en la que se tratan temas básicos como el amor adolescente, la amistad, la vida y la muerte además de retratar de forma impecable la vida de un pequeño pueblo italiano marcado por la postguerra con multitud de elementos característicos de aquel periodo, como el poder de la Iglesia, la censura, la educación…. Son estas características de la película, especialmente la censura, de las que me estoy acordando mucho en los últimos tiempos.

Aquellos que nacimos en tiempos en que ya no se practicaba la censura en España aprendimos, con la película protagonizada por el entrañable Totó y su amigo Alfredo, un poco sobre cómo se había ejercido la censura en los cines de pueblo en Italia y  también en nuestro país. Los que fuimos niños y nos hicimos adolescentes en unos años coloristas y rupturistas, como fueron aquellos últimos años de los 80 y principios de los 90, llenos de películas, canciones y libros que posiblemente de ser estrenados hoy serían “secuestrados” o llevaría a sus autores, directores o cantantes a la cárcel, nos sorprendimos cuando en Cinema Paradiso vimos a un cura tocar una campanilla para que algunos fotogramas no fuesen expuestos porque los besos y ciertas escenas tenían que desaparecer de la proyección, resultaba hasta gracioso.

En los últimos tiempos venimos comprobando que la censura de graciosa no tiene nada

En los últimos tiempos venimos comprobando que la censura de graciosa no tiene nada. Cada vez se hace más “normal” ver que titiriteros, raperos, tuiteros, exposiciones fotográficas y libros sufren la censura implantada en España en pleno siglo XXI. El retroceso en nuestra libertad de expresión al que estamos siendo sometidos supongo que será tan vergonzante más allá de nuestro país que no apetece ni leer prensa extranjera para evitar una subida de colores.

No se puede consentir que nadie por hacer un títere o cantar un rap vaya a la cárcel, no debemos consentir que alguien pague una desproporcionada multa por un tuit, que un libro sea secuestrado o una exposición de inofensivas fotografías sea retirada en un país en el que los políticos corruptos y sus corruptores siguen campando a sus anchas y las políticas para combatir esa corrupción no son más que una capita de chapa y pintura para que el gobierno de los populares limpie sus culpas ante sus electores cada vez más próximos al partido naranja aburridos de Bárcenas, Granados, Gúrteles y Púnicas. Políticas vacías puesto que la policía, jueces y fiscales son incapaces de desarrollar sus funciones por falta de material, exceso de trabajo, poco personal y sobretodo porque en nuestro país lo de la división de poderes todavía no está bien encajado.

Estamos en tiempos de censura gracias a leyes como la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, y la reforma del Código Penal

Estamos en tiempos de censura gracias a leyes como la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, y la reforma del Código Penal. Desde que fueron aprobadas en 2015, por la mayoría absolutísima del PP, todos tenemos que tener mucho cuidado cuando nuestros dedos escriben un tuit llevado por la rabia de la situación de desempleo, recortes en sanidad, educación, dependencia, pensiones, asuntos todos ellos que sin duda afectan en todas las casas. Especial cuidado han de tener cantautores y raperos que intenten denunciar una situación terrible y real como pueda ser un desahucio o la pobreza en sus barrios. Tampoco se descuiden republicanos de España que quieran contrastar la plácida y respetable vida de sus majestades con las penurias y el abandono que padecen nuestros dependientes, no lo escriban en un tuit, ni hagan una canción porque podrían ir a la cárcel o, cuando menos, tener que pagar una multa muy superior al salario mínimo o a la media de las pensiones.

Mientras reflexiono conmigo misma y para estas líneas estoy recordando con ilusión el final de Cinema Paraíso donde se ve a un Totó ya adulto viendo una composición excelentemente  musicada por Ennio Morricone y montada con la secuencia de todos aquellos apasionados besos que algún cura había mandado cortar a su amigo Alfredo. Menos mal que siempre nos quedarán Alfredos que guarden fotogramas, amantes que se besen y raperos que compongan. La creatividad y el arte sobrevivirá siempre a la censura. La censura frente a la libertad ha perdido distintas batallas a lo largo de la historia, no debiéramos consentir que esta vez salga victoriosa llevándonos a todos a tiempos ya pasados y a algunos a la cárcel por sus ideas, por sus tuits o por sus canciones. No debiéramos consentirlo pero lo está consiguiendo. @mundiario