No es un drone: Superman sobrevuela la Torre y trabaja más que Hércules

Superman.
Superman.

¿Es la nueva Burbuja? ¿Es un helicóptero? ¿Es un drone? ¿Es el voluntarista “podemos volar”? No. Es Superman. Al menos yo lo he visto, en la ciudad donde vivo, que ahora, durante una semana, sobrevuela avizor el Superhombre.

No es un drone: Superman sobrevuela la Torre y trabaja más que Hércules

¿Es la nueva Burbuja? ¿Es un helicóptero? ¿Es un drone? ¿Es el voluntarista “podemos volar”? No. Es Superman. Al menos yo lo he visto, en la ciudad donde vivo, que ahora, durante una semana, sobrevuela avizor el Superhombre.

Superman es menos forastero que nadie. Todos los años, por agosto, preside el encuentro de la “capital del cómic”.

Contra los malos vientos de “la que está cayendo”, las mareas con vocación de tsunamis, brazos cruzados en vez de huelgas, ebullición sin explosión.

Superman sube a planetas cuya edad se cuenta por luces, y en aquel hiperespacio desde el que viajó a bordo de una auténtica nave nodriza, desciende a este diminuto universo y sigue, bajo el nombre de Clarck Kent, trabajando como periodista en The Planet, salvándose de eres que eres gracias a scoops sólo a su alcance.

Es por eso que, estos días, los cánticos de la peña tienen esta letra: “Super-man, Super-man, contigo los nuestros siempre ganarán.”

O esta otra:

“Oé, oé, é, oé, oé, oé, a Super-man alinearé.”

Aseguran que las noches de duros trabajos incluso para él, el héroe descansa en la Torre de Hércules.

Los emoticónicos juran que comparte el lecho de Breogán con María Pita.

No es un drone: Superman sobrevuela la Torre y trabaja más que Hércules
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