No serán los manifestantes quienes echen al presidente de la democracia más antigua

Womens March. / Twitter
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A Trump, legítimamente elegido según el sistema indirecto, no lo echarán los manifestantes, pero el equilibrio de poderes de la democracia más antigua pende sobre su cabeza.

No serán los manifestantes quienes echen al presidente de la democracia más antigua

No sería la primera vez que un presidente de USA saliese con el pie correcto, cuando se le auguraba la catástrofe. Reagan, por ejemplo, pese a toda la retórica apocalíptica. La innecesaria voracidad del empresario-showman Donald Trump, como antes la de Berlusconi, tiene unos cuantos antecedentes en la Casa Blanca.

Con todas las marcadas diferencias históricas, este 2017 se parece a la “era” abierta hace un siglo, luego del presidente Wilson, aislacionista “de entrada” y después líder de “la guerra que terminará con todas las guerras”, la primera mundial.

La euforia postbélica de entonces desembocó, sólo 14 años más tarde, en la Gran Depresión,  aquella defenestración literal cuyos magnates le cayeron encima a Hoover, un presidente con experiencia económica infinitamente superior a la lamentable pareja de sus predecesores, Harding y Coolidge, quien “detestaba el gobierno tanto como adoraba los negocios.”

El avezado político John Cabot Lodge, aunque republicano, opinaba desdeñosamente que “el hombre de negocios que se ocupa de un gran problema de política, es un triste espectáculo”.

Para redondear la visión no enturbiada por el brillo de Wall Street, el presidente del Tribunal Supremo de la época, Taft, sentenciaba: “Nuestro país no es apropiado para el radicalismo. Creo que es la nación más conservadora del mundo.” En la cual, sin embargo, se alzaron. en el momento necesario, un Wilson, un Roosevelt, un Kennedy, un Obama

Otros se resignaron a salir por la Watergate, para ponerse a salvo de un impeachment.

Ya se verá.

   

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