Cuantos más suban al globo digital, más riesgo de estrellarse correrán las masas

Tejero, en el Congreso, durante el golpe de Estado del 23-F en España.
Nunca lo sabremos. Así me respondió Torrente Ballester, preguntado sobre el fallido golpe de Estado de 1981.

Nada puede sorprendernos ya, empezando por las ininterrumpidas sandeces facilitadas por la galaxia digital, que está precipitando a las masas de siempre en la subversión... 

Cuantos más suban al globo digital, más riesgo de estrellarse correrán las masas

Nada puede sorprendernos ya, empezando por las ininterrumpidas sandeces facilitadas por la galaxia digital, que está precipitando a las masas de siempre en la subversión, y no en la rebelión, de valores. De lo económico y lo político, a la creación artística.

         Las críticas inmediatas y mejor razonadas incurren también con frecuencia, sin advertirlo, en el mismo vicio.

         En 1938 se hizo vivir la ficción como realidad a millones de radioyentes de EEUU, apoyándose en H. G. Wells y convirtiendo la imaginación en periodismo hablado.

         Treinta años después algún medio se sacó de la manga que “un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad” no se había dado en la Luna sino en un plateau de TV. Este bromista negaba la veracidad del mayor logro extraplanetario de la historia.

         Ninguno de los dos, sin embargo, perpetraba el incalificable antidocumental Operación Palace, orquestada “revelación de la verdad del 23-F.”

         Dándole al mando en el descanso de una vieja película, oímos cómo un joven trataba de explicarse tras la emisión de aquel “reportaje”. Aun sin haberlo visto, comprendimos que topábamos con un montaje, el cual, maldita la gracia, pretendía emular nada menos que a Orson Welles y, sobre todo, jugaba con fuego real.

         Nada semejante sucedió en medio siglo con el magnicidio de Dallas, excepto dentro de la ficción más estricta.

         “Nunca lo sabremos”, me respondió Gonzalo Torrente Ballester cuando, en un café de sobremesa, le preguntamos sobre el fallido golpe de Estado de 1981.

         Los archivos continuarán opacos hasta 2031. Los de USA siguen cerrados para deshacer la trama de la conspiración contra el presidente el 22-N-63, que originó sí, montañas de versiones. pero  exclusivamente en el cine y la literatura.

          No así el desaprensivo divertimento de Jordi Évole, bien sujeto a las cadenas de sube y baja.

Comentarios