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Cataluña censura el dumping fiscal y la mayor competitividad madrileña

Isabel Díaz Ayuso. / RR SS
Isabel Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, exige medidas contra la Comunidad de Madrid que ha superado en crecimiento económico a una Cataluña ensimismada y falta de gobierno eficaz. Antes que competencia reclama proteccionismo.
Cataluña censura el dumping fiscal y la mayor competitividad madrileña

En el zoco presupuestario todo es posible. Regatear un cuartel en San Sebastián, reclamar un asiento para el Vicepresidente Iglesias en una comisión de fondos europeos o pedir la intervención del Estado desde la autonomía que reclama la independencia. Y lo que veremos todavía.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, exige medidas contra la Comunidad de Madrid que ha superado en crecimiento económico a una Cataluña ensimismada y falta de gobierno eficaz. Antes que competencia reclama proteccionismo. Si hasta ahora parecía que el marco autonómico era el cauce para ensayar formas diferentes de afrontar la gestión pública y la prestación de servicios, a través del uso racional de los instrumentos competenciales, como financiación, capacidad fiscal y normativa o  política económica, ahora el portavoz de los intereses del Gobierno de Cataluña en las Cortes, nos dice que no, pues la Comunidad de Madrid lo hace tan bien que es ya la primera autonomía española por PIB, desbancando a la líder histórica, la propia autonomía catalana.

Para lograrlo exige al Gobierno, en el mercadeo del presupuesto, que se estudie el posible dumping fiscal que utiliza el archienemigo ideológico, el PP madrileño. Lo viene haciendo desde hace muchos años, rebajando impuestos, favoreciendo la apertura del comercio más días festivos, captando eventos, acometiendo obras de infraestructura y estimulando el crecimiento por todos los medios legales a su alcance. Mientras la Comunidad catalana abandonaba la perspectiva estatal embarcándose en el alocado y al final frustrado camino hacia la independencia. El resultado, huida de las empresas, deterioro de la confianza empresarial, división social, abandono de la gestión ordinaria de los asuntos públicos y finalmente, pérdida de competitividad.

Aún podría añadirse la gigantesca maquinaria administrativa catalana, un ejemplo claro de clientelismo, la soberbia mostrada durante décadas frente a los demás territorios por parte del nacionalismo o el narcisismo de la diferencia, cultivado hasta extremos pintorescos. Todo ello ha influido en el relativo estancamiento que Cataluña muestra actualmente, para cuya resolución Rufián reclama el concurso estatal. No se va a encontrar en esa demanda con el PNV, al que otro sistema singular le facilita recursos ingentes y cuya mayor aspiración es la dilución del Estado en su Comunidad. Pero encontrará el apoyo de Podemos siempre prestos a poner la ideología por delante de la economía.

La última palabra la tendrá el Gobierno estatal. Si se suma, de grado o forzado por las alianzas que lo sostienen, enviará un mal mensaje político y electoral. Porque si bien en Madrid se han aplicado exenciones fiscales que las demás Comunidades podían aplicar o se han adoptado medidas liberalizadoras, el camino no debe ser cercenar a los que crecen sino incentivar a los que no lo hacen, a través de la financiación autonómica, de los Presupuestos o, de ser necesario, de los cambios estructurales necesarios. No se entendería que por razones electorales se limite la capacidad de una Comunidad Autónoma . Podría producirse un resultado contrario al deseado, afianzando al PP madrileño, una mezcla desacomplejada de liberalismo y casticismo

La reciente historia política de la Comunidad de Madrid se resume en escándalo político y éxito económico. Numerosos dirigentes juzgados por corrupción, políticas sectoriales a veces erráticas pero un efecto capitalidad determinante. Madrid es un agujero negro económico, lo engulle todo, su fuerza gravitatoria es absoluta, nada escapa, todo es atraído, logrando así una masa crítica extraordinaria. Lo mismo ocurre en otras megalópolis.

El problema de fondo es otro. Las ineficiencias estructurales de la economía española son bien conocidas. El llamado "capitalismo de amiguetes", la escasa competitividad, la elevadísima deuda, el déficit estructural, la inseguridad jurídica, las posiciones de dominio de mercado en algunos sectores, la ineficiencia judicial y desde luego la corrupción. Cambian los gobiernos, permanecen los problemas.

Es curioso que durante cuatro décadas de Estado autonómico, Cataluña exigiese continuamente más y se beneficiase en mayor medida que otros territorios y sólo ahora, cuando su propia política se revela como perjudicial, se ocupe de limitar a terceros, mientras procura que las inversiones estatales o las concesiones políticas fluyan en su favor a mayor ritmo que nunca.

El Gobierno ya ha logrado la tácita aprobación de la Ley de Presupuestos y al tiempo la estabilidad suficiente para agotar la legislatura. Sería momento de abordar algunas de las reformas estructurales pendientes aprovechando la expectativa favorable a la recuperación económica. @mundiario

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