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¿Hay algo nuevo en las circunstancias que rodean el asunto de Rodrigo Rato?

Rodrigo Rato está siendo investigado, quizás algo tarde pero ser quien fue, pero con previsibles conclusiones del fiscal que conllevan acusaciones por delitos que acarrean duras penas.

¿Hay algo nuevo en las circunstancias que rodean el asunto de Rodrigo Rato?
Rodrigo Rato. / Twitter
Rodrigo Rato. / Twitter

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Raúl Saavedra

Raúl Saavedra

El autor, RAÚL SAAVEDRA, es colaborador de MUNDIARIO. Es ingeniero industrial por la ETSIIM. @mundiario

Rodrigo Rato está siendo investigado, quizás algo tarde pero ser quien fue, pero con previsibles conclusiones del fiscal que conllevan acusaciones por delitos que acarrean duras penas.

Sus antecedentes ya no eran buenos. Su abuelo y su padre ya habían sido condenados en el año 1967 por delitos económicos que con cifras de 70 millones llevaron penas de 146 millones de pesetas y tres años de cárcel para su abuelo y de dos años para su padre, multa aparte, y es que en aquella época valía todo pero si un escándalo saltaba a la opinión pública, la resolución era rápida y severa. Ya se sabe que las dictaduras no pueden subsistir sin el apoyo popular y de vez en cuando hay que dar un castigo ejemplar además de edificar casas sociales. 

Rodrigo Rato era rico, muy rico, y sin embargo recayó en política para acabar en ilustres cargos con malos sueldos. Su participación en los gobiernos del PP fue considerada de buena hasta por la oposición. Para todos era un buen gestor que estaba en esos cargos por vocación de servicio ya que el no necesitaba la remuneración que llevaban los cargos y podía haber ocupado otros donde y cuando quisiera. De hecho salió del Gobierno para ser director gerente del Fondo Monetario Internacional, el famoso e influyente FMI, entre los años 2004 y 2007, los previos a la crisis que algunos países continúan sufriendo. El participa en la nefasta idea de parcelar las hipotecas y venderlas como bonos en diversos países, lo que acabaría en la mayor crisis financiera de los últimos tiempos. 

De allí sale para hacerse cargo del caos de Caja Madrid, una de las más afectadas por la burbuja inmobiliaria y la subsiguiente crisis de las hipotecas. Funda Bankia arrastrando múltiples accionistas, gente que confió en él, en sus promesas, y en su saber hacer. Grave error porque había un tremendo agujero oculto que le había pasado desapercibido mientras se entretenía con las tarjetas B, él no se había dado cuenta, la auditoría externa tampoco, y el Banco de España tampoco. Demasiadas coincidencias para que las protestas de los afectados no alzasen sus quejas y buscasen responsables.

Con dinero en diversos países al parecer, aunque él afirma que no en paraísos fiscales, pasó a ser sospechoso. No está claro que haya sido corrupto o hiciese las mismas cosas que aquellos que se hicieron ricos en política porque él ya lo era al entrar, pero si parece que hay múltiples irregularidades que dan lugar a un registro de su domicilio que tuvo abundante tiempo de limpiar y hasta sacar brillo a los cristales. Está bien que se investigue si hay indicios para ello como parece ser el caso, está bien que se retenga al sospechoso mientras se efectúan los registros, pero si analizamos la prensa y las imágenes de la televisiones, veremos la escena de un policía empujando su cabeza para entrar en el coche, siempre dramatizando, veremos al PP aprovechando para mostrar lo implacable que es la justicia en España, aunque sea con amigos , o personas importantes, que no se discrimina, y eso no es justo porque Rodrigo Rato no estaba detenido sino retenido, que no es lo mismo.

La actuación de este supuesto buen gestor no ha quedado clara ni en el FMI ni en Bankia ni para Hacienda, pero no se puede hacer de él un negocio, ni afirmar que está detenido, ni condenarlo sin juicio. Dejemos al menos que declare su versión, que se le juzgue si hay cargos, y que pague como otro ciudadano más. Ese es el camino porque de momento lo único que puede llegar a ser es un imputado más de los muchos que hay en espera de juicio, por cierto muchos de ellos en las listas electorales.