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Casado y la osadía

Casado ofrece pasado. Y lo hace desde la osadía, la intrepidez de atacar con espingardas y sables curvados, y hasta catapultas semejantes a las que Sila utilizó en Pompeya, a los actuales gobernantes. 

Pablo Casado. / Twitter
Pablo Casado. / Twitter

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Pablo González Mariñas

Pablo González Mariñas

El autor, PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS, es colaborador de MUNDIARIO. Es político, profesor de Derecho Administrativo y escritor. Fue miembro del Partido Galego Independiente y diputado por la UCD en el primer Parlamento de Galicia. Tras ser uno de los fundadores de Coalición Galega, en 1985 encabezó la escisión del sector más nacionalista, que dio origen al Partido Nacionalista Galego. Fue conselleiro de la Presidencia y diputado por el BNG. @mundiario

Un hombre de derechas es conservador. Para él, el paraíso está en lo que pasó, en el pasado, de manera que, si avanzamos, nos alejamos de ese paraíso anhelado. Por eso hay un hondo pesimismo en el pensamiento de la derecha, porque la marcha del tiempo es imparable y la vuelta atrás, aunque en un momento de reacción triunfe, no se puede consolidar: “Qui a paseé, est passé”. La izquierda, en cambio, preñada de utopías, sigue creyendo en que el hombre y la sociedad son perfectibles, que a pesar de todo la humanidad avanza sobre la oscuridad de la ignorancia y que progresamos, dificultosamente, pero lo hacemos, hacia un futuro más alegre.

La figura de Pablo Casado, en este eterno contexto dialéctico, no ofrece dudas: Casado ofrece pasado. Y lo hace desde la osadía, la intrepidez de atacar con espingardas y sables curvados, y hasta catapultas semejantes a las que Sila utilizó en Pompeya, a los actuales gobernantes. Para el asedio ha identificado las que entiende fisuras de Pedro Sánchez:  “buenismo” frente a la inmigración, rendición ante el independentista Quin Torra, “pago” de favores al PNV por el acercamiento de presos (obligación legal), ofensa a las víctimas de una desaparecida ETA… Y por ahí trata de perforar la confianza en un gobierno que de momento ha concitado una renovada ilusión popular.

Lo sorprendente es que lo hace en un momento en que su propia confianza de gobernante honrado (que se supone convicto del “cursus honorum” y la meritocracia) se resquebraja ante el presunto trato de favor y sus problemas judiciales. La osadía, leal a las más “entrañables” esencias, que puede en otras condiciones tener el valor del arrojo o la intrepidez, estando así las cosas, parece más bien falta de decoro o falta de responsabilidad hacia su propio partido. Pero es sólo apariencia: la biología, que es de derechas, suele perder la batalla con la sociología, que es de izquierdas. Y esto lo saben bien Casado y su partido. @mundiario