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Casado quiere para Sánchez un rescate que el PP no quiso para la España de Rajoy

Resulta curioso constatar cómo el líder del PP, Pablo Casado, pretende apadrinar actualmente una línea que Mariano Rajoy había rechazado expresamente cuando los jerarcas de la Unión Europea le sugerían que pidiese un explícito rescate de la economía española.
Casado quiere para Sánchez un rescate que el PP no quiso para la España de Rajoy
Pedro Sánchez y Pablo Casado, en videoconferencia. / La Moncloa
Pedro Sánchez y Pablo Casado, en videoconferencia. / La Moncloa

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Suso Veiga

Suso Veiga

El autor, SUSO VEIGA, columnista político de MUNDIARIO, es profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Fue portavoz económico del BNG en el Parlamento de Galicia entre 1993 y 2005, y asesor del Gabinete de la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia desde setiembre de 2005 hasta abril de 2009. @mundiario

¿Está Pablo Casado en su laberinto? Medio año después de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno, el máximo dirigente del PP, Pablo Casado, está intentando buscar una salida del laberinto político en el que, voluntariamente, se internó hace unos meses.

Tal y como figura en los manuales de gestión pública, la aparición imprevista de crisis de gran envergadura es una fuente potencial de oportunidades para demostrar la solidez –o, en su caso, la excelencia– de los equipos humanos convocados a la tarea de hacerles frente. Nadie discute que la pandemia provocada por el coronavirus reúne todas las condiciones contempladas en cualquiera de los enunciados teóricos que puedan ser invocados.

Pablo Casado tenía una gran ocasión para demostrar que poseía propuestas y capacidad de liderazgo suficientes para dotar de credibilidad a su condición de potencial alternativa gubernamental. Ello requería varias condiciones: comprender las circunstancias políticas extraordinarias -e inéditas- derivadas de la crisis sanitaria; asumir la legitimidad de los resultados electorales del pasado mes de Noviembre; abandonar la lógica del frentismo con Vox y, en caso de albergar algún tipo de duda, consultar con otros dirigentes conservadores europeos (singularmente con A. Merkel y con el presidente de la República portuguesa).

En estos tres meses, Casado no ha sido capaz de encontrar una salida airosa de su particular laberinto. Atrapado en la lógica de maximizar a toda costa el desgaste del Gobierno Sánchez ha formulado críticas poco congruentes con la propia genética ideológica de su formación: desde la denuncia de un supuesto autoritarismo por la instauración del estado de alarma hasta la descalificación por la excesiva centralización de algunas competencias de las Comunidades Autónomas en el gobierno estatal. Las preguntas estaban servidas: ¿qué hubiera hecho el dirigente popular en el hipotético caso de estar en la Moncloa? ¿Cómo habrían sido, en ese supuesto, las relaciones entre el presidente Casado y sus colegas de partido que hoy encabezan los gobiernos de Galicia, Madrid, Andalucía, Castilla-León y Murcia? A veces, los ejercicios de política-ficción resultan ilustrativos para encontrar las claves explicativas de la realidad presente.

La tentación de trasladar al ámbito de la UE la línea de oposición frontal al Gobierno de coalición PSOE-UP era demasiado golosa como para dejarla pasar. Los intentos de establecer –a través del Partido Popular Europeo– unas condiciones duras, semejantes a las fijadas en la crisis del euro del 2010, para aquellos países receptores de ayudas procedentes de las finanzas de la Unión no parece que vayan a fructificar porque Merkel y Macron no quieren someter a un peligroso test de estrés al club comunitario.

Resulta curioso, en todo caso, constatar cómo Pablo Casado pretende apadrinar actualmente una línea que Mariano Rajoy había rechazado expresamente cuando los jerarcas de la UE le sugerían que pidiese un explícito rescate de la economía española. Lo que entonces no querían aceptar en la calle Génova (y por eso limitaron la solicitud de rescate al ámbito del sector bancario) ahora parecía lo más adecuado para salir de la actual tormenta económica. El adanismo de Pablo Casado, además de impostado, implica un elevado nivel de riesgo en estos inciertos tiempos que corren. @mundiario