Casado y Cía: apuestan por mantener la LOMCE

Pablo Casado. / Mundiario
Pablo Casado. / Mundiario

Como signo renovador del PP, Casado aboga -sin complejos- por las esencias fundamentalistas del conservadurismo. Su educación ha de ser coherente.

Casado y Cía: apuestan por mantener la LOMCE

No es difícil comprobar que ser joven es un asunto principalmente biológico. Según algunos, una enfermedad que pasa pronto. Suele conferir más agilidad para determinadas cosas, pero no necesariamente las virtudes que el marketing le asigna como si la inconsciencia de los pocos años fuera un grado de prestigio. En política, por ejemplo, esta poquedad, aunque sea moda, no implica más generosidad para la convivencia colectiva. La fogosidad, la inexperiencia y el triunfalismo suelen traer conflictos no muy distintos de los que se achacan a la gerontocracia cuando está impregnada de fría aspereza y credulidad displicente .

Con gente joven por medio, los relatos fluyen estos días tan nuevos que ni atención ponen a si desarrollan guiones viejos. En el PP, por ejemplo, el supuesto “rejuvenecimiento” y “renovación” del partido parece buscar la restauración  más desacomplejada de las esencias fundacionales. Los asuntos feministas o educativos –el campo simbólico más potente al que remiten sus peleas nuestros partidos actuales-, pero también el “techo de gasto” o “Cataluña”, “la familia”, “la libertad”, “el mérito y el esfuerzo” o el “derecho a la vida” han sido los primeros acentos conceptuales de Casado en su tránsito hacia la calle Génova (de Madrid). La lectura de esta peculiar conjunción semántica, ya permite ver quiénes le acompañan en este viaje: Vox, Hazte oír, FAES, Libertaddigital, muchos comentaristas de ABC, La Razón y algunos programas de COPE o esRadio, entre otros medios y siglas, siempre a favor del “rearme” frente a lo que –por democrático que pueda ser- de antemano califican como “sectario” “peregrino” y rompepatrias. En el horizonte inmediato de este frentismo “reconquistador” –y sin que medien ni 100 días de gracia al nuevo Gobierno- volverán  a oírse  gestos e invectivas vividas en el relevo acontecido en marzo de 2004: como si la nueva presencia en La Moncloa fuera el resultado de un robo o, según muchos, de un golpe de estado que el nuevo líder del PP tratará de contrarrestar “a lomos –dice Isabel San Sebastián- de un proyecto regenerador cuya base es la recuperación de los valores sobre los que se levantó el PP”.

Esta fogosidad mitinera que, después de un congreso tan novedoso como dudoso, ha invadido a los populares, puede acabar en fiasco si los problemas que se conocen del paso del nuevo líder por las universidades resultan judicialmente ciertos. Sería una más entre las concordancias que conlleva ser joven intrépido y de un partido cuyas marrullerías son muy conocidas por los jueces sin que mejore su ejemplaridad representativa. Igual que sentirse portador de los afanes regeneradores del Cardenal Cañizares, procurando que no se repare mucho en lo visto con Soraya Sáenz Santamaría…

Amor a España

La “hipótesis abierta” que, según Albiac, comienza -pues según este opinador “Santamaría era lo más muerto”-, en medio de las dificultades internas y externas a superar ha optado por recuperar como voz ilusionante la de los segmentos más activos frente a cambios favorables a los derechos y libertades de todos. Su estrategia parece inclinarse de este modo por potenciar las fuerzas más neoliberales y neocons conocidas, hasta erigirse en portavoz absoluto de la limpieza y el amor a España.

En esa “España de las banderas en los balcones” que tanto le interesa al joven Casado, quedan demasiados ciudadanos fuera. Entre privilegiados y creyentes en que el pasado, muy de antaño, ha sido mejor que este presente, andan los compromisarios doblemente patrióticos que le han elegido, los que  apuestan por la Europa más recalcitrante. El problema es que, con este nostálgico lenguaje mitinero y tipo Trump, los problemas pendientes seguirán tal cual o más bien peor.  Por tanto, ni rejuvenecimiento ni lifting trae este treintañero. Por algo dice que quiere mantener la LOMCE, lo mejor que sus camaradas han hecho por que lo preceptuado por el artc. 27CE acerca del derecho de todos a una buena educación, continúe siendo débil, corto y segregador.

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