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MUNDIARIO

Carta a un ciudadano ejemplar

A ese vecino anónimo que vigila incondicional desde el anonimato de su ventana que nadie haga lo que, según él, no debe.
Carta a un ciudadano ejemplar
Seguridad total. / Francisco Puñal Suárez
Seguridad total. / Francisco Puñal Suárez

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Fernando Cueto

Fernando Cueto

El autor, FERNANDO CUETO, es colaborador de MUNDIARIO. Publicitario, consultor, escritor y bloguero. @mundiario

Estimado vecino: Hoy me he enterado de tu ejemplar acción denunciando el insolidario comportamiento de un padre y su hijo pequeño jugando en uno de los soportales de la urbanización. No he podido más que sentir admiración por tu recto proceder. ¡Qué bonhomía! ¡Qué capacidad de compromiso con la sociedad! Sin duda hace falta más gente como tú en el nuevo orden que algunos quieren imponernos. Hacen falta vigilantes de las normas que, de manera anónima, denuncien las conductas antisociales de individuos que atentan contra nosotros aunque no lo parezca. No importa si ese niño tiene necesidades especiales o sufrió un ataque de ansiedad que había que calmar. Tampoco es relevante si el padre está bajo una fuerte depresión por haberse quedado sin ingresos o ya no aguantaba más sentirse encarcelado. Él no tenía derecho a aliviar su situación sin contar con tu permiso. O todos o ninguno, debiste pensar. Si es débil, que se joda. Si tiene problemas, que se joda. Si no aguanta más entre cuatro paredes… ¡que se joda! Por eso tú, un ciudadano ejemplar que jamás incumples una norma, que no has pagado nada sin IVA y que nunca has dejado tu coche en doble fila decidiste llamara a la policía para que viniesen a escarmentar a ese padre y si también sancionan a su hijo, mucho mejor. Hay que enseñar a los niños desde pequeños a ser obedientes. A ser sumisos con el poder. Y lo que más me admiró es que ni siquiera pudiste ver bien lo que hacían porque los muy ladinos se fueron a uno de los soportales que quedaban un poco fuera de tu vista así que llamaste a otro vecino de tu cuerda para pedirle que les hiciese una foto con el móvil y te la mandase. Pudiste ver su delito: caminar de una pared a otra varias veces. Unos 20 metros de ida y otros tantos de vuelta. ¡Qué desvergonzados! Tu indignación subió de grado y ahí sí, hay decidiste que era intolerable y marcaste el número de la policía como buen ciudadano que eres.

No importó que cuando llegaron, diez minutos después, el padre y el niño ya hubiesen regresado a su piso y los agentes tuviesen que retirarse sin presa. Tú habías cumplido y estarás ojo avizor por si vuelven a cometer ese acto indigno. Y se me ocurre que cuando todo esto acabe alguien debería darte una medalla como reconocimiento a tu acto, como agradecimiento por tu labor abnegada y vigilante y hacer pública tu identidad para que todo el mundo pueda saber quien eres, como eres y, sobre todo, el tipo de vecino que eres. Gente como tú eres lo que necesita la sociedad orwelliana que algunos desean, una sociedad donde algunos animales son más iguales que otros. Enhorabuena. @mundiario