Carrillo dejó escrito que el Rey pidió a los dirigentes no profundizar demasiado en el 23-F

El Rey Juan Carlos, durante su discurso de Navidad. / Foto de archivo
El Rey Juan Carlos, durante un discurso de Navidad.

Sabemos, y ahí está el testimonio de Carrillo, sobre la petición del Rey de prudencia, de que en el asunto del 23-F no se llegó a fondo, ¿pero hasta qué fondo?

Carrillo dejó escrito que el Rey pidió a los dirigentes no profundizar demasiado en el 23-F
Es un hecho reconocido por los historiadores que han investigado este caso que, al final de la II Guerra Mundial, al decidir no procesar –como se pensó- al emperador Hirohito por los crímenes de guerra cometidos por los japoneses (en consideración a que era un símbolo y un dios para el pueblo nipón) pagó sus culpas (además de las propias) el general Hideki Tōjō, que, tras un intento de suicidio, fue severamente juzgado por el Tribunal Internacional para el Lejano Oriente y finalmente ahorcado el 23 de diciembre de 1948. Para un soldado, ser ahorcado en lugar de fusilado es una forma infame de morir. Los norteamericanos pensaron en todo.
 

Traigo a colación este caso, porque somos muchos los que pensamos que, aparte de sus culpas, el general Armada pudo haber asumido otras, nada claras, si leemos con atención lo que escribe en su libro de memorias “Al servicio de la Corona”, además de su reiterada protesta de que nunca dejó de ser leal al rey. No insinúo nada. Constato hechos con referencias que cualquiera puede comprobar por lo que han escrito y manifestado algunos de los personajes implicados en aquel lamentable episodio de nuestra historia.

En su alegato y defensa de su lealtad al Rey, Armada se refiere a una entrevista sostenida con el monarca día antes del 23 F y a un documento sobre la misma que, dada su naturaleza, pide permiso –sin obtenerlo- a la Zarzuela para ser usado en su descargo.

Habla Armada, afirma:

“Me llena de indignación que piensen que he sido desleal al rey. ¡Desleal yo al rey! Nada más incierto. En mi última visita el 13 del mes pasado, en La Zarzuela, ya le dije que había descontento en el Ejército. No pude hablar del golpe del teniente coronel Tejero porque no sabía nada de él. Conté a su majestad todo cuanto yo sabía. Lo mismo hice con el teniente general Gutiérrez Mellado. Nunca he ocultado nada a mis superiores”.

Y concluye su alegato:

“Hasta la saciedad he escrito en este libro las palabras: No engañé a nadie. El doble juego que me atribuye la sentencia de la Sala 2.a del Supremo no puede sostenerse leyendo las declaraciones de los testigos presenciales recogidas en el sumario. Antes de ir al Congreso, hablé con La Zarzuela y con el JEME. Comenté ampliamente el asunto con mis compañeros. Transcurrió más de una hora hasta que Gabeiras me ordenó ir. Así lo declaran más de quince generales y jefes. El propio general Gabeiras dice en su declaración: “Como me interesaba mantener los contactos con Tejero, autoricé a Armada para que fuese al Congreso.” Puso a mi disposición el avión que habría de ofrecer y me indicó que no utilizase el nombre del rey; que fuese “a título personal”. Cumplí rigurosamente lo ordenado. Tampoco quise engañar al teniente coronel Tejero; le hablé con claridad; le ordené que retirase la fuerza; le ofrecí el avión; le insistí durante más de media hora. Llamamos a Valencia. El general Miláns trató de convencerle. No fue posible. Fracasé, pues, en mi gestión de liberar a los diputados. Considerábamos todos que la situación era grave; creíamos que había que solucionar el problema cuanto antes. Actué “a título personal”. No me extralimité en mi gestión. Obedecí todas las órdenes.

Agrego a este resumen final que en carta manuscrita, el 23 de marzo de 1981, pedí a su majestad autorización para utilizar en mi defensa la conversación del día 13 de febrero en su despacho y que esta petición me fue denegada. Cumplí la orden, bien a mi pesar. Estoy convencido de que la carta llegó a su destino. Tengo pruebas escritas de ello”.

Pero hay otras manifestaciones interesantes de dos personajes de este asunto, situados en extremos opuestos, Carrillo y el golpista Pardo Zancada.

En sus “Memorias”, Carrillo escribe: “Al anochecer [del 24 F], tras haber descansado un poco, el rey convocó en la Zarzuela a los líderes políticos. Acudimos Rodríguez Sahagún, Fraga, Felipe González y yo. Cuando llegamos estaba también Adolfo Suárez, presidente saliente que se había portado gallardamente esa noche. Una vez reunidos el rey nos leyó una declaración en la que, en definitiva, se nos exhortaba a hacer una política que superara hechos como los acaecidos, pues si se repetían no era probable que a él le dejaran las manos libres para sofocarlos. Se nos decía además que era preciso exigir responsabilidades a los jefes comprometidos, con energía, pero sugiriendo que la represión no alcanzase a demasiada gente pues podría provocar un problema mayor: aunque no fueran éstas exactamente las palabras pronunciadas, ése, inequívocamente, era su sentido”.

De las repetidas palabras de Santiago Carrillo se desprende una clara conclusión: La depuración de las responsabilidades e implicados (algunos fueron apareciendo más tarde), en el intento de golpe de Estado de 1981, se llevó a cabo de manera discreta e incompleta, sin llegar deliberadamente al fondo del asunto. Realmente, desde la perspectiva de nuestros días no cabe otra interpretación de las palabras del Rey a los dirigentes de los partidos democráticos

Con respecto a la posición del rey con los golpistas de 23 F de 1981, el 5 de febrero de 2012, el diario “El País” recogía una información, publicada en Alemania por el semanario “Der Spiegel”, según la cual Juan Carlos expresó “comprensión, si es que no incluso simpatía” por los sublevados. El origen de tan sorprendente afirmación se situaba en un despacho del entonces embajador de Alemania en Madrid, Lothar Lahn, quien llegó informar a su Gobierno de las palabras “casi de disculpa” que el Rey dedicó a los militares sublevados contra el Gobierno de Adolfo Suárez. En una reunión privada entre el embajador y el Jefe del Estado que tuvo lugar en el Palacio de la Zarzuela el 26 de marzo, Juan Carlos explicó a Lahn que los militares conjurados “solo querían lo mismo a lo que todos aspiramos: el restablecimiento del orden, la disciplina, la seguridad y la calma”.

Uno de los protagonistas del 23-F, el ex comandante Pardo Zancada, que tras estudiar Ciencias de la Información se doctoró en la materia en la Universidad Complutense de Madrid, en un documentado libro, titulado “23-F, la pieza que falta”, aparte de un relato minucioso, desde dentro de aquel acontecimiento, deja en el aire algunas preguntas dudosas, en el epílogo y las conclusiones de su obra. El ex oficial ni se arrepiente ni se disculpa, sino que, desde su posición política, asume los hechos; pero dice algunas cosas interesantes.

Y tras referirse al sentimiento generalizado de que era preciso un “golpe de timón”, escribe:

“Los monarcas no organizan nada, ni se espera de ellos que lo hagan. Tienen quien trabaje para ellos, con o sin su dirección o impulso. El general Armada ofreció una solución para ese cambio. El secreto de si la iniciativa fue del Rey o suya sólo lo tienen ambos, y en ese punto por más que sea un desiderátum general, no hay quien entre. Ahora bien: el nombre del Rey se utilizó. Lo invocó Armada, que ería darle una salida a la situación por la vía de sustituir al que consideraba culpable de casi todo: a su rival, a Suárez. No sería honesto, no obstante, si después de todo lo leído y escrito sobre el tema no expusiese aquí, abierta y sinceramente, mi punto de vista personal sobre el origen de los hechos. Aunque pueda ser irrelevante, considero obligado expresar mi firme convicción moral de que fuera o no S. M. quien inclinó a Armada a actuar, el origen de todo estuvo en un contacto entre ambos, y que S. M. supo algo de lo que el general proyectaba”.

Sabemos, y ahí está el testimonio de Carrillo, sobre la petición del Rey de prudencia, de que en el asunto del 23-F no se llegó a fondo, ¿pero hasta qué fondo? Algunas preguntas siguen esperando respuesta.

Obras citadas:
ARMADA, Alfonso, Al Servicio de la Corona. (Barcelona, Planeta, 1983) págs. 282-283.
CARRILLO, Santiago, Memorias. (Barcelona, Plantea, 1993), pág. 718.
PARDO ZANCADA, Ricardo, 23-F, la pieza que falta. Testimonio de un protagonista. (Barcelona, Plaza y Janés, 1998), págs.368-369
El rey mostró El Rey mostró "comprensión" por los golpistas del 23-F, según 'Der Spiegel. Publicado en “El País”,5 de febrero de 2012. Edición digital. Recuperado en:

 

Carrillo dejó escrito que el Rey pidió a los dirigentes no profundizar demasiado en el 23-F
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