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La capital de EE UU, militarizada ante la amenaza de un atentado en la juramentación de Biden

El FBI y el Pentágono (Departamento de Defensa) advirtieron sobre nuevas revueltas y planes desestabilizadores de los radicales trumpistas para la toma de posesión de Joe Biden. La Guardia Nacional custodia todo Washington DC.
La capital de EE UU, militarizada ante la amenaza de un atentado en la juramentación de Biden
Efectivos de la Guardia Nacional de EE UU custodian la Casa Blanca, en Washington DC. / NBC
Efectivos de la Guardia Nacional de EE UU custodian la Casa Blanca, en Washington DC. / NBC

Un muro armado. El epicentro del poder político en la mayor potencia global es en este momento una verdadera fortaleza. Una buena parte del músculo militar de Estados Unidos está desplegado desde este jueves en Washington DC a solo seis días de un cambio de Gobierno que perfila cuatro años de una posible transformación económica, política y social de ese país, tanto hacia adentro como hacia afuera por su rol de liderazgo en la escena internacional. 

Vallas de acero reforzado de tres metros de altura rodean y cubren todo el perímetro, en un radio de dos kilómetros, de la zona donde se ubican, de extremo a extremo, la Casa Blanca y el Capitolio, en cuyas escalinatas Joe Biden prestará juramento el próximo miércoles 20 de enero como el nuevo presidente de Estados Unidos.


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Detrás de esas vallas hay un fuerte componente de efectivos de la Guardia Nacional, armados hasta los dientes, para evitar que cualquier extremista o seguidor radical del presidente saliente Donald Trump intente atacar al presidente electo Joe Biden, o incluso que otra turba de fanáticos trumpistas se atreva a generar caos y violencia en el Capitolio por segunda vez, tal y como ocurrió con el asalto al Congreso el pasado 6 de enero. Un lote de pesados bloques de cemento obstaculizan los accesos al Capitolio por toda la Avenida Pensilvania y sus calles aledañas, que conducen también a la Casa Blanca.

Decenas de camiones militares y tanquetas con equipos antimotines están estacionados a pocos metros de la Casa Blanca y del Capitolio. Pero otro de los sellos que simboliza la profunda crisis política que atraviesa EE UU, atizada por su propio presidente, a 6 días de entregar el poder, es la larga fila de hojas de papel pegadas en las ventanas de los vehículos de la Guardia y en las calles de Washington con los rostros de los asaltantes que provocaron la anarquía en el Congreso la semana pasada, pues el FBI los está buscando incansablemente. 

Más de 20.000 soldados estarán desplegados a lo largo y ancho de la ciudad para bloquear cualquier marcha o incautar posible armamento pesado que los seguidores radicales de Trump y las milicias civiles que lo apoyan, entre ellas la conocida como Proud Boys (“Chicos Orgullosos”), intenten llevar a la zona de la ceremonia inaugural para seguir los delirios políticos de su líder Donald Trump, quien los llamó a “salvar a Estados Unidos” una hora antes del asalto al Congreso. 

El Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, dirigido por demócratas, asegura que ha tomado la decisión de desplegar esa enorme cantidad de militares para apoyar a la Policía del Capitolio debido a lo que consideran fue un “grave fallo sistémico” por la débil o nula reacción que los funcionarios policiales tuvieron ante la turba de trumpistas que invadió el edificio legislativo con mucha facilidad.

Por su parte, el FBI y el Pentágono (Departamento de Defensa) advirtieron sobre nuevas revueltas y planes desestabilizadores de los radicales organizados para la toma de posesión de Biden. Presuntamente, según informes de inteligencia del Buró Federal de Investigaciones, los extremistas pretenden viajar a Washington para generar disturbios en la ceremonia de traspaso del poder, así como también planean realizar “protestas armadas” en los capitolios de cada uno de los 50 Estados del país.  

El sistema de inteligencia de EE UU, uno de los más sofisticados del mundo, está sometido a la prueba más compleja en toda su historia por el riesgo latente de una espiral de caos, ingobernabilidad y violencia que ese segmento nacionalista y ultraconservador de la fragmentada sociedad estadounidense busca imponer por su fanatismo ciego al ambicioso proyecto, inconcluso, del ‘Make America great again’, promovido por Trump. 

Otra de las estrictas medidas que tomó la Guardia Nacional, por orden del jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley (el militar de más alto rango en el país), para reforzar la seguridad en la capital estadounidense es que el National Mall estará cerrado el día de la investidura de Biden. Esa es la zona de los monumentos ubicada al frente del Congreso, donde suelen reunirse los ciudadanos durante el discurso inaugural presidencial, una tradición de más de 200 años.

El FBI exhortó el miércoles a los jefes de policía de todo el país a estar en “alerta máxima” y a compartir información de inteligencia sobre “cualquier amenaza que encuentren”. Este es un indicador de que el terrorismo doméstico organizado con fines políticos es una amenaza latente surgida como fenómeno de la cultura extremista que Trump alimentó durante sus cuatro años de mandato a través de su lenguaje reaccionario. 

Precisamente, el director del FBI, Christopher Wray, y Kenneth Cuccinelli, subsecretario interino del Departamento de Seguridad Nacional, le comunicaron al cuerpo policial que custodia el Capitolio la posibilidad de ataques a edificios federales, casas de miembros del Congreso y empresas el 20 de enero.

Los ojos del mundo estarán puestos con mucha expectativa por el nivel de seguridad, de gobernabilidad y de estabilidad política que habrá en la mayor potencia global durante y después de esa fecha, que será un punto de inflexión en el efecto de Estados Unidos a lo interno y en el resto del mundo por su enorme influencia internacional en todas las dimensiones posibles. @mundiario