El caos y confusión generados por Puigdemont apunta a la división en sus filas, según El País

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont. / RRSS
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont. / RR SS

Para el diario de Prisa, el soberanismo forma una extraña amalgama de radicales antisistema y movimientos callejeros con partidos políticos tradicionales como Convergència —hoy PDeCAT— y Esquerra Republicana.

El caos y confusión generados por Puigdemont apunta a la división en sus filas, según El País

El caos y confusión generados por Puigdemont apunta, en último extremo, a la división existente en sus filas. El soberanismo, que forma una extraña amalgama de radicales antisistema y movimientos callejeros con partidos políticos tradicionales como Convergència —hoy PDeCAT— y Esquerra Republicana, ha consumado su fracaso: ha fracturado a la sociedad, ha puesto en fuga a las empresas, no ha logrado ningún apoyo internacional y, para culminar, está a punto de desencadenar la aplicación del artículo 155 con el consenso de tres grandes fuerzas parlamentarias —PP, PSOE y Ciudadanos—, destaca el diario El País en su editorial.

Se confunde Puigdemont al interpelar al PP y señalarlo como responsable de la situación en la que vivimos, dice el diario de Prisa, en cuya opinión es el Estado y sus instituciones, en pleno uso de sus facultades constitucionales y en representación de la ciudadanía y sus derechos, el que está dispuesto, hoy más que nunca, a actuar para restablecer el orden constitucional ante el caos sembrado por el soberanismo.

En otra esperpéntica jornada que demuestra hasta qué punto el soberanismo ha tocado fondo, el presidente Puigdemont sometió este jueves a la ciudadanía a otro ejercicio de funambulismo político

En otra esperpéntica jornada que demuestra hasta qué punto el soberanismo ha tocado fondo –argumenta también El País–, el presidente Puigdemont sometió este jueves a la ciudadanía a otro ejercicio de funambulismo político.

Convocados los medios de comunicación en tres horarios distintos con mensajes contradictorios sobre el contenido de los anuncios que se trasladarían a la opinión publica, Puigdemont optó, una vez más, por inundarnos de retórica vacía, medias verdades y falsedades manifiestas. Pero, sobre todo, otra vez, buscó ganar tiempo y trasladar la responsabilidad a otra institución —el Parlament—, asegura el diario de Prisa.

Para El País, es radicalmente falso, como señalaba el president, que haya agotado todas las vías de diálogo: su incomparecencia en el Senado, que debía tener lugar en el mismo momento en el que pronunciaba su discurso, es la muestra más reciente de que el diálogo —según lo entiende el president— solo puede versar sobre cómo forzar al Estado a aceptar la independencia de Cataluña, si por las buenas o por las malas.

También falta a la verdad Puigdemont –añade el editorial– cuando caracteriza el artículo 155 de la Constitución como una agresión ilegal y autoritaria que pretende acabar con el autogobierno: una vez más, el president obvia que es su desafío a la Constitución, el Estatut y las sentencias del Constitucional las que motivan el recurso a un artículo que todas las Constituciones democráticas incluyen, precisamente para tratar casos como el que estamos viviendo en Cataluña.

Según este periódico madrileño, no puede ignorarse tampoco su inveterada apelación al civismo del movimiento independentista. Violar las leyes, forzar las normas democráticas, romper la convivencia y, sobre todo, pretender privar ilegalmente de su ciudadanía y derechos a millones de catalanes y a sus representantes políticos legítimos dista mucho de constituir un comportamiento cívico y ejemplar.

El caos y confusión generados por Puigdemont apunta a la división en sus filas, según El País
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