La campaña electoral en Perú culmina con una gran incertidumbre

El maestro Pedro Castillo cabalga un caballo en Lima.
El candidato presidencial Pedro Castillo cabalga un caballo en Lima.
Seis candidatos presidenciales se disputan el pase a la segunda vuelta. La pandemia de la Covid-19 y la crisis económica han provocado un descontento en la población. 
La campaña electoral en Perú culmina con una gran incertidumbre

La campaña electoral en Perú llegó a su fin. Y se ha dado en medio de una agresiva segunda ola de la pandemia de la Covid-19 que golpea al país sudamericano sin tregua alguna. Según el último reporte oficial del Ministerio de Salud, hasta el viernes se registraron 1 628 579 contagiados y 54 285 fallecidos por el virus. Esta grave situación, a la que se suma la avanzada crisis económica, ha provocado que la ciudadanía no se haya interesado en definir quién puede ser el nuevo presidente y los integrantes del Congreso a partir del próximo 28 de julio.

Los números de las encuestadoras muestran esa realidad. Ninguno de los seis candidatos mejor colocados supera el 13% de intención de voto. En la historia de las contiendas electorales peruanas, dicha cifra lo tenía -generalmente- el que se encontraba en el quinto lugar, pero ahora lo posee el líder de los sondeos. Nadie ha podido calar con su mensaje en un electorado cada vez más desconfiado debido al quinquenio turbulento - cuatro presidentes y la  confrontación incesante con el Congreso- y la corrupción destapada por el caso Lava Jato que involucra a los últimos cuatro expresidentes.

Las tendencias se marcaron en el tramo final de la campaña. Tanto en la izquierda y la derecha se jugaron una suerte de primarias para adjudicarse el pase a la segunda vuelta. En la primera corriente, el candidato Yonhy Lescano, del partido Acción Popular, y la candidata Verónika Mendoza, de la coalición Juntos por el Perú, se disputaron los votos del sur donde mayoritariamente están alineados con una postura contra el Establishment tradicional. Sin embargo, en los últimos días, apareció de atrás una opción radical: Pedro Castillo.

Castillo, de 51 años, es maestro de profesión y postulante por el partido Perú Libre. Se hizo conocido en 2017 cuando lideró las protestas en contra de la  evaluación periódica de los docentes propuesto por la entonces Administración de Pedro Pablo Kuczynski. Con sombrero de ala ancha, típico de su región natal Cajamarca, Castillo ha sorprendido con su avance a las encuestadoras. Y es que la estrategia de este candidato ha consistido en apelar a un discurso que reivindica a los pueblos olvidados por el Estado peruano durante años. A esto se le agrega su posición conservadora en asuntos como la igualdad de género entre hombres y mujeres, el aborto y el matrimonio homosexual. 

En la orilla de la derecha también hubo un giro de última hora. A inicios de marzo, el empresario Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, captó la atención de la prensa por un discurso agresivo y populista muy similar al del expresidente estadounidense Donald Trump y el actual mandatario brasileño Jair Bolsonaro. Ubicado a la extrema derecha, el candidato apodado como 'Porky' se posicionó como la primera opción de los sectores ultras. Sin embargo, una serie de reportajes periodísticos revelaron que López tenía millonarias deudas tributarias y manejos poco claros en la construcción de su imperio en el sector turístico en Cusco.

Al caer López por los escándalos, emergió la apuesta por el candidato Hernando de Soto, de la formación Avanza País. Este economista, con 80 años a cuestas, fue asesor del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000). Además, ha sido reconocido por  líderes mundiales como los expresidentes estadounidenses Bill Clinton, George HW Bush y Ronald Reagan; así como los actuales mandatarios Vladimir Putin (Rusia) y Emmanuel Macron (Francia). El problema, sin embargo, con De Soto es que se descubrió que viajó a Estados Unidos para vacunarse contra la Covid-19. Además, las críticas han caído sobre él por tener un plan de gobierno de dos páginas donde no hay medidas concretas para enfrentar las crisis sanitaria y económica provocadas por la enfermedad. 

En medio de ese contexto, Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, ha recobrado el protagonismo. A pesar de que es una de las culpables de la inestabilidad política de los últimos cinco años, Keiko ha logrado ubicarse en el pelotón de arriba con una ferviente defensa de la Constitución de 1993 y del gobierno de su padre, Alberto Fujimori. La suerte, sin embargo, le es distinta en el terreno judicial. La fiscalía ha solicitado 30 años de prisión para Keiko por los aportes irregulares a sus campañas electorales del 2011 y 2016.

Finalmente, los sondeos indican que el Congreso tendrá entre 10 a 12 partidos. Con una alta fragmentación, el próximo inquilino de Palacio de Gobierno tendrá el deber de formar una coalición que le permita gobernar los cinco años. Y es que la tentación de la vacancia por incapacidad moral permanente sigue allí como un plan B para la futura oposición al Ejecutivo que podría llevarnos otra vez a una inestabilidad donde el único perjudicado es el Perú. @mundiario

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