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Calviño no explica qué impuestos subirá y qué recortes hará, a la espera de las ayudas

La vicepresidenta económica del Gobierno insta a superar el "ruido" sobre una eventual solicitud de rescate, para centrarse en un enfoque común europeo para afrontar la crisis del coronavirus, pero nadie que mejor que ella para explicar bien las cosas y acabar con tanta rumorología.
Calviño no explica qué impuestos subirá y qué recortes hará, a la espera de las ayudas
Nadia Calviño. / Mundiario
Nadia Calviño. / Mundiario

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

La economía española necesita más transparencia y menos ruido. En este contexto, la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, insta a superar el "ruido" sobre una eventual solicitud de rescate, para centrarse en un enfoque común europeo para afrontar la crisis del coronavirus, pero nadie que mejor que ella para explicar bien las cosas y acabar con la rumorología. Parece una obviedad señalar que España deberá ajustar sus cuentas públicas mediante una nueva política fiscal y algunos recortes, dos frentes que el Gobierno no acaba de explicar a fondo. Al contrario, desde el Ejecutivo se lanzan confusos globos-sonda que retroalimentan ese "ruido" que le incomoda a la ministra, cuando la deuda pública ya repuntó en marzo a un récord de 1.224.243 millones de euros.

Como señala Nadia Calviñola propuesta lanzada por Francia y Alemania para la puesta en marcha de un fondo de recuperación de la economía europea de 500.000 millones de euros destinado a los países y los sectores más golpeados por la pandemia de la Covid-19, a través únicamente de transferencias presupuestarias, constituye una medida "verdaderamente importante" y va "muy en la línea" de lo que habían defendido España e Italia, pero ni en el mejor de los casos bastará con eso para encauzar todos los problemas de España. Máxime cuando, como admite la vicepresidenta de Asuntos Económicos, aún "no está todo ganado", pues el resto de países de la UE tendrán que opinar sobre el plan de Angela Merkel y Emmanuel Macron, y también falta por conocerse la propuesta que hará la Comisión Europea la semana que viene.

Nadia Calviño admite, de hecho, que se empezarán a hacer planes a medio plazo, como reclama el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, una vez que España pase a la siguiente "fase" económica, que tampoco ha explicado.

Lo que sí sabemos es que una parte importante de las nóminas de las empresas españolas está siendo nacionalizada, vía ERTEs, por lo que el déficit y la deuda pública aumentarán de manera significativa en 2020. Entre las cosas que no pueden ocultarse está, pues, el déficit público, que este año podría ser de 120.000 millones de euros, es decir, cuatro veces más que en 2019. Y si a esa cifra le sumamos los vencimientos de deuda pública de este año, otros 85.000 millones, España deberá financiar más de 200.000 millones. ¿Cómo? De eso ya sabemos menos.

En las conversaciones de Madrid con Bruselas se trabaja en torno a una idea hasta ahora poco explicada: los costes transitorios de la pandemia deberán ir por un lado y los compromisos permanentes, por otro. Dicho de otro modo, las posibles ayudas europeas –ya veremos cuáles– se aplicarían a los costes transitorios derivados de la crisis del coronavirus, pero no a los problemas económicos de cada estado miembro, que en el caso de España incluiría, por ejemplo, el anunciado ingreso mínimo vital. 

Si bien sobre el papel parece clara la línea divisoria entre unas cosas y otras, en la realidad esto no es así; especialmente si se lo preguntan al vicepresidente del Gobierno de Podemos, Pablo Iglesias. Claro que todo esto lo está negociando la vicepresidenta Nadia Calviño, con lo cual los roces con Bruselas pueden ser menores.

El objetivo debe ser que la crisis sanitaria no derive en una crisis económica monumental, lo cual exige mucha disciplina fiscal, a riesgo de que las desviaciones obliguen, a su vez, a más recortes y a más impuestos, receta ya conocida en España tras la crisis de 2008.

Descartados los eurobonos, en juego están ahora el mencionado fondo de reconstrucción y el papel del Banco Central Europeo, ya que no es lo mismo comprar bonos para bajar los tipos de interés de manera generalizada que comprar los bonos emitidos por determinados gobiernos –el de España entre ellos– para contener el aumento de los diferenciales provocado por la intensificación de los temores sobre la solvencia. Es otra fina línea que Alemania vigila con lupa; especialmente su Tribunal Constitucional, que no quiere que Christine Lagarde mezcle ovejas churras (bonos alemanes, resistentes) con ovejas merinas (bonos italianos y españoles). 

En paralelo con este debate sobre quien paga las facturas del gasto público necesario, en Europa se da también otro gran debate que tiene que ver con lo que hay que hacer tras esta crisis sanitaria; en buena medida porque ya lo había que hacer, aunque no hubiese Covid-19. Una de las prioridades que se dan por seguras gira en torno a la energía y el medio ambiente, lo que acelerará las inversiones en renovables. Por tanto, veremos líneas de ayudas a las empresas condicionadas a los compromisos climáticos, donde el carbón tendrá cada vez menos relevancia, ya que se acelerará la transición de la industria de los combustibles fósiles.

Junto a este gran cambio en el mundo de la energía estarán la digitalización y la modernización del sector del automóvil con coches eléctricos. España también debe fijar criterios al respecto, sin perder de vista su interés industrial en la fabricación y venta de vehículos producidos en el país, esto es, coches convencionales híbridos. Por último, vuelve el ladrillo. Pero un ladrillo distinto. Ahora toca impulsar el sector de la construcción con edificios e infraestructuras verdes. Poco o nada que ver con el pasado. @J_L_Gomez

Guerra fría y bolsa congelada

Las tensiones comerciales y militares entre EE UU y China parecen propias de un contexto de guerra fría. Surgieron nuevos obstáculos a Huawei, el segundo productor mundial de teléfonos móviles, y  Pekín ya anunció que prepara contramedidas, como la imposición de restricciones e investigaciones contra Apple, Cisco o Qualcomm, según avanzó el periódico Global News. Tampoco se descarta la suspensión de la compra de aviones Boeing. Por si faltase algo, EE UU ordenó movimientos militares en Asia.

A su vez, desde que estalló la crisis del coronavirus, la Bolsa –especialmente en España– no levanta cabeza. Primero cayó en picado y después inició una fase de recuperación que no acaba de cuajar. No está ahora peor que a finales de marzo pero tampoco es capaz de resistir la tímida recuperación de abril. Esta última semana fue especialmente mala, con los bancos a precio de ganga. Pero a niveles que aún pueden caer más. Aunque parezcan baratos no hay que comprar, advierte el experto Ioannis Kantartzis. @mundiario

– PROTAGONISTAS –

> Nadia Calviño, vicepresidenta económica.- Insiste en que los créditos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para financiar gastos sanitarios derivados de la Covid-19 no son “un rescate”, sino un instrumento precautorio para la pandemia del coronavirus. Juegos de palabras.

> Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.- Las ayudas europeas del fondo de reconstrucción estarán supeditadas a la modernización económica, con lo cual la concesión de recursos estaría vinculada a los programas nacionales de reformas y el marco de vigilancia presupuestaria.

> Jeffrey Sachs, economista.- "El propósito de EE UU es usar esta crisis para crear una guerra fría con China y eso es peligroso”, advierte este influyente economista, autor del libro El fin de la pobreza. "Esta pandemia es extraordinariamente grave", subrayó en la BBC.

> Paul Krugman, premio Nobel.- “Miles de estadounidenses pueden estar a punto de morir por el Dow Jones. Donald Trump está obsesionado con la Bolsa”, alerta este premio Nobel, convencido de que el coronavirus, “al que le dan igual las tergiversaciones políticas”, tendrá “la última palabra”. @mundiario