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MUNDIARIO

Callejón sin salida en la política venezolana

La oposición no ha conseguido romper de forma apreciable el monolitismo de las Fuerzas Armadas, como se demostró hace algo más de un año. Las grandes movilizaciones han disminuido, probablemente para no desgastar más su base de apoyos.

Callejón sin salida en la política venezolana
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

José Luis Méndez Romeu

Pedagogo y columnista.

Las recientes elecciones a la Asamblea Nacional han sido boicoteadas por la oposición que posteriormente ha convocado su propio plebiscito. El resultado conduce a un verdadero callejón sin salida para la política venezolana pues el Gobierno de Maduro logra el pleno control de la Asamblea, aunque los resultados no sean reconocidos internacionalmente, mientras que la oposición se queda sin su principal plataforma, que le permitió elegir a Juan Guaidó como presidente interino y desde esa posición obtener el reconocimiento explícito de medio centenar de países.

La decisión de no participar en las elecciones por considerarlas faltas de garantías, dio lugar a que el Gobierno interviniese algunos partidos de la oposición, imponiendo dirigentes afectos al régimen, dando así un paso más en el control omnímodo de todas las instituciones y vaciando de contenido la democracia. Pero también ha dado lugar a la división profunda en el seno de la oposición. Las tres tendencias más conocidas en España son las que encabezan respectivamente María Corina Machado, de tendencia más conservadora, la de  Leopoldo López y Juan Guaidó, de centro liberal y la corriente socialdemócrata en el que se encuadra  Henrique Capriles. Éste ha censurado públicamente la estrategia de Guaidó en lo que parece el primer paso para una revisión de la alianza opositora.

Por otra parte los intentos de las tres plataformas diplomáticas internacionales que intentan mediar y facilitar la salida de la crisis política venezolana, no registran avance alguno. Ni el Grupo de Lima, ni el Mecanismo de Montevideo, ni el Grupo de Contacto impulsado por la Unión Europea han logrado resultados tangibles. El enrocamiento del régimen bolivariano es absoluto, basado como en otros países similares en la unidad de las Fuerzas Armadas, auténtico bastión del poder, así como en mecanismos de ayuda social favorecedores del clientelismo. El régimen, acosado por las sanciones económicas y con varios dirigentes acusados de delitos por los que podrían sufrir largas condenas, carece de incentivo alguno para modificar su posición crecientemente autoritaria. En el plano internacional el apoyo de Rusia, China, Turquía e Irán, básicamente por oposición a Estados Unidos, no es suficiente para mejorar la situación económica pero refuerza la voluntad de resistir, siguiendo el modelo de Cuba.

La situación actual se asemeja a la de países como Argelia, Bielorrusia o Birmania, por citar tres ejemplos en otros tantos continentes. Regímenes aislados pero suficientemente asentados frente a los cuales sus respectivas oposiciones carecen de instrumentos suficientes para lograr un sistema plenamente democrático. Situaciones que abocan a dos posibles salidas. Una implosión del régimen cuando no sea capaz de satisfacer las necesidades mínimas, que podría provenir de su propio núcleo dirigente o bien una presión social suficientemente amplia como ocurrió en Ucrania o Túnez. Por el momento ninguno de los dos supuestos se dan en Venezuela.

Restablecer la unidad de acción opositora es una premisa ineludible. Cuando lo han conseguido, y gracias en primer lugar al Presidente Trump, han conseguido visibilizar internacionalmente su causa, logrando un éxito diplomático extraordinario. Pero también Biden habrá leído los resultados precitados, extrayendo las conclusiones adecuadas que podrían iniciar una estrategia distinta. En cualquier caso, la presión diplomática, el aislamiento del Gobierno de Maduro y en su caso las sanciones, siguen siendo medidas ineludibles para la oposición.

Hasta ahora la oposición no ha conseguido romper de forma apreciable el monolitismo de las Fuerzas Armadas, como se demostró hace algo más de un año. Las grandes movilizaciones han disminuido, probablemente para no desgastar más su base de apoyos. Con los medios de comunicación reducidos a mínimos, la oposición necesita ampliar su base social, lograr que ésta desborde la capacidad de respuesta, ya sea asistencial o represiva, hasta situar a los valedores del régimen ante la evidencia de que la perpetuación tendrá un coste altísmo. Lo cual no favorece necesariamente a Guaidó pues la ruptura podría venir del propio aparato para asegurar su supervivencia, modelo Rumanía.

Cuando el Vaticano renunció a una mediación por no darse las condiciones mínimas, se evidenció el punto muerto actual. El trabajo diplomático se ha hecho de forma sobresaliente, pero sólo los venezolanos conseguirán forzar el cambio democrático. La oposición necesita diseñar una nueva estrategia de acciones en el interior para mantener el compromiso internacional. Se impone la política. @mundiario