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MUNDIARIO

La caída del mito del rey Juan Carlos de Borbón

La caída del mito del rey Juan Carlos de Borbón
Juan Carlos I, rey emérito de España. / RR SS.
Juan Carlos I, rey emérito de España. / RR SS.

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Suso Veiga

Suso Veiga

El autor, SUSO VEIGA, columnista político de MUNDIARIO, es profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Fue portavoz económico del BNG en el Parlamento de Galicia entre 1993 y 2005, y asesor del Gabinete de la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia desde setiembre de 2005 hasta abril de 2009. @mundiario

De no existir la grave crisis sanitaria –con todas las importantes secuelas sociales, económicas y políticas– que estamos viviendo, la actualidad política española sufriría un shock de gran impacto como consecuencia del comunicado emitido por la Casa Real para dar cuenta de la retirada de la asignación económica pública al anterior monarca y la renuncia del actual jefe del Estado a la herencia paterna que pudiera corresponderle.

Este anuncio oficial revela que la Casa Real da verosimilitud a las informaciones –y a las primeras actuaciones judiciales originadas por las mismas– que establecen la participación de Juan Carlos de Borbón en prácticas financieras presuntamente ilegales y, en todo caso, incompatibles con el más elemental criterio de comportamiento ético exigible a una persona de su condición. El actual Rey decide establecer un público y notorio cortafuegos con su progenitor para tratar de minimizar la contaminación de esos hechos sobre la propia institución monárquica.

La gravedad de este asunto es innegable y va a requerir actuaciones específicas en el ámbito judicial y en el de las instituciones políticas. No se puede entender, en un sistema democrático, que una crisis de esta naturaleza no se pueda abordar e investigar en el seno del poder legislativo, pieza básica del edificio representativo de la soberanía popular. No estamos ante las peripecias protagonizadas por un ciudadano cualquiera sino por la persona que ocupó -desde 1976 hasta el año 2014- la cúspide de la pirámide jerárquica vigente en el Estado español.

Cuando se conoció la participación de Iñaki Urdangarín en diversos casos de corrupción, las personas más descreídas tuvieron que admitir -más allá de las incidencias concretas de los procedimientos penales- la existencia de una grave patología moral en el interior de las elites españolas. El caso del llamado Rey emérito apuntala la enorme dimensión de lo sucedido. Hemos asistido al espectáculo de una avaricia desmedida sumada a la convicción de poseer una impunidad basada en los silencios cómplices registrados en el establishment económico, político y mediático.

Para millones de habitantes del Estado español se ha derrumbado el mito del Rey que pilotó una ejemplar transición desde la dictadura franquista al régimen constitucional de 1978. Las personas que entonces deseábamos un sistema de gobierno republicano nunca nos pudimos imaginar que la mayor crisis reputacional de la monarquía llegaría por los vericuetos que estamos conociendo. Ciertamente, la historia no está escrita para siempre. @mundiario