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La caída estrepitosa de Cifuentes satisface la morbosidad de las audiencias

Las actuaciones de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, más que ceñirse a la corrupción se deben a su propia soberbia y a su aparente falta de responsabilidad. Lo demás, la venganza de sus pares o  la resistencia numantina, es la salsa de los hechos.

La caída estrepitosa de Cifuentes satisface la morbosidad de las audiencias
Cristina Cifuentes.
Cristina Cifuentes.

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. Twitter: @mundiario

Un relevante medio de comunicación ha sufrido un aparente ataque de dignidad periodística, censurando “el periodismo de cloacas” que representaría la difusión de un video comprometedor para la honorabilidad de la ya expresidenta madrileña. Para calificarlo así han recurrido a entrevistar a varios dirigentes de Podemos que han utilizado las expresiones más gruesas como  “mafia” o  “indecencia”, para calificar lo sucedido. El mismo medio nos cuenta uno y otro día las denuncias de mujeres  que pretenden comprometer al Presidente Trump con presuntas intimidades de nulo interés general.

Otros medios, más ponderados, han rastreado lo ocurrido desde que hace siete años la señora Cifuentes se vio envuelta en ese triste asunto. La actuación de la empresa comercial, de la empresa de seguridad o de la policía, han sido escudriñadas para descubrir la línea de fuga informativa. Con esos mimbres han construido un relato plausible, no necesariamente veraz. Podría tratarse de un trastorno de personalidad de la interesada, sobre la que ya recaían acusaciones por hechos similares a las que debió contestar públicamente en alguna ocasión. Lo relevante es que la interesada omitió ese hecho como omitió que carecía del título universitario del que presumía, incluso cuando ya existía denuncia pública. Aquí el trastorno deja de ser personal para transformarse en público, puesto que: a) un político no debe mentir (literalmente: no debe mentir), b) un político no puede llevar a terceros a cometer actos ilegales como falsificar documentos, y c) un político debe imponer la ley, no infringirla.

A partir de ahí se pueden desarrollar otros análisis pero las actuaciones de Cifuentes más que ceñirse a la corrupción tan frecuente, se deben a su propia soberbia y a su aparente falta de responsabilidad. Lo otro, la venganza de sus pares o  la resistencia numantina, es la salsa de los hechos.

El sometimiento de la política a las leyes del espectáculo ha expuesto la vida privada de los políticos al foco mediático

No cabe volver atrás. El sometimiento de la política a las leyes del espectáculo ha expuesto la vida privada de los políticos al foco mediático. Tertulias más o menos rigurosas, debates, redes sociales, ocupan una parte. Las propias declaraciones de los dirigentes públicos, otra parte. El resto es espectáculo y un poco de análisis. Ocurre en España y en todas las latitudes.

Y por debajo también existe una industria de la extorsión. Videos, fotografías, dossieres, ... son encargados, guardados o difundidos, cuando y como conviene. Lo hemos visto en Cataluña, incluso a cargo de la propia policía autonómica, en Madrid, y en distintos ámbitos, no sólo de la política. Una carrera puede ser truncada por fotos comprometedoras o por una suma de verdades a medias, descontextualizadas y convenientemente procesadas. “Siete veces cae el justo”, dice la Biblia (Libro Proverbios), y los demás en proporción creciente.

Es necesario dignificar la vida pública y ello compete en primer lugar al mundo político y en segundo lugar a los medios de comunicación. Ni un falso título debe de ser el argumento principal durante un mes, ni cabe extrapolar conductas individuales censurables, ni la vida privada debe de ser objeto de debate salvo en circunstancias excepcionales que comprometan la función ejercida.

En el plano estrictamente político la caída de Cifuentes era inevitable. El video sólo la ha acelerado

En el plano estrictamente político la caída de Cifuentes era inevitable. El video sólo la ha acelerado. El PP tiene un problema creciente de credibilidad institucional y poco tiempo para corregirlo aunque reflejos no le faltan como ha demostrado hoy pactando los Presupuestos e incluso modificando drásticamente su propia postura sobre el aumento de las pensiones. El PNV ha demostrado una vez más que tiene estrategia en mayor grado que la mayoría de los grupos políticos.

Paralelamente, la oposición no es capaz de presentar un Presupuesto alternativo mientras las comunidades autónomas tratan de lograr acuerdos con el Gobierno en financiación autonómica. Queda mucha legislatura por delante en un escenario económico optimista. @mundiario