Las brumas pendientes de aquel 23-F donde seguimos sin saber de la trama civil

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Gutiérrez Mellado recordando el 23-F.
La depuración de las responsabilidades e implicados en la asonada dejó sin aclarar flecos de relevancia, como otros implicados civiles.
Las brumas pendientes de aquel 23-F donde seguimos sin saber de la trama civil

Quizá un año de estos, cuando se acceda a los archivos incomprensiblemente vetados, y los historiadores puedan investigar lo que nunca pudo ser investigado llegaremos a saber realmente todo lo que sigue oculto de los sucesos de aquel 23-F de 1981. Sobre todo, hasta dónde llegaba la trama civil y los militares comprometidos en la conjura. Cada año, cuando llega este aniversario, siempre recuerdo aquella entrevista que le hice al general Gutiérrez Mellado poco después de aquel aciago día. Cuando le pregunté qué pensaba cuando con tanta gallardía, a pecho descubierto se enfrentó a los golpistas, que intentaron derribarlo, me dijo: “Que por nada del mundo volviera a haber un enfrentamiento civil en España".

Sobre aquel suceso, en sus “Memorias”, Carrillo escribe: “Al anochecer [del 24 F], tras haber descansado un poco, el rey convocó en la Zarzuela a los líderes políticos. Acudimos Rodríguez Sahagún, Fraga, Felipe González y yo. Cuando llegamos estaba también Adolfo Suárez, presidente saliente que se había portado gallardamente esa noche. Una vez reunidos el rey nos leyó una declaración en la que, en definitiva, se nos exhortaba a hacer una política que superara hechos como los acaecidos, pues si se repetían no era probable que a él le dejaran las manos libres para sofocarlos. Se nos decía además que era preciso exigir responsabilidades a los jefes comprometidos, con energía, pero sugiriendo que la represión no alcanzase a demasiada gente pues podría provocar un problema mayor: aunque no fueran éstas exactamente las palabras pronunciadas, ése, inequívocamente, era su sentido”.

De las repetidas palabras de Santiago Carrillo se desprende una clara conclusión: La depuración de las responsabilidades e implicados (algunos fueron apareciendo más tarde), en el intento de golpe de Estado de 1981, se llevó a cabo de manera discreta e incompleta, sin llegar deliberadamente al fondo del asunto. Realmente, desde la perspectiva de nuestros días no cabe otra interpretación de las palabras del Rey a los dirigentes de los partidos democráticos. Con respecto a la posición del rey con los golpistas de 23 F de 1981, el 5 de febrero de 2012, el diario El País recogía una información, publicada en Alemania por el semanario Der Spiegel, según la cual Carlos expresó “comprensión, si es que no incluso simpatía” por los sublevados.

El origen de tan sorprendente afirmación se situaba en un despacho del entonces embajador de Alemania en Madrid, Lothar Lahn, quien llegó informar a su Gobierno de las palabras “casi de disculpa” que el Rey dedicó a los militares sublevados contra el Gobierno de Adolfo Suárez. En una reunión privada entre el embajador y el Jefe del Estado que tuvo lugar en el Palacio de la Zarzuela el 26 de marzo, Juan Carlos explicó a Lahn que los militares conjurados “solo querían lo mismo a lo que todos aspiramos: el restablecimiento del orden, la disciplina, la seguridad y la calma”.

Armada por un lado, Laína por otro

El equívoco misterio sigue siendo el alcance de la implicación de Armada. En su alegato y defensa de su lealtad al Rey, en sus memorias éste se refiere a una entrevista sostenida con el monarca día antes del 23 F y a un documento sobre la misma que, dada su naturaleza, pide permiso –sin obtenerlo- a la Zarzuela para ser usado en su descargo y dice: “Me llena de indignación que piensen que he sido desleal al rey. ¡Desleal yo al rey! Nada más incierto. En mi última visita el 13 del mes pasado, en La Zarzuela, ya le dije que había descontento en el Ejército. No pude hablar del golpe del teniente coronel Tejero porque no sabía nada de él. Conté a su majestad todo cuanto yo sabía. Lo mismo hice con el teniente general Gutiérrez Mellado. Nunca he ocultado nada a mis superiores”. Y concluye su alegato: “Hasta la saciedad he escrito en este libro las palabras: No engañé a nadie. El doble juego que me atribuye la sentencia de la Sala 2a del Supremo no puede sostenerse leyendo las declaraciones de los testigos presenciales, recogidas en el sumario”.

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Las guarniciones de Galicia estuvieron en alerta.

Hace ahora diez años, el otro gran protagonista de aquella jornada, el director general de la Seguridad del Estado Francisco Laína, el hombre que ejerció de presidente en funciones durante las 18 interminables horas de ocupación del Congreso de los Diputados, concedió una entrevista reveladora al diario  El País, que destacaba que era uno de los pocos protagonistas vivos que podían arrojar luz sobre el episodio, ya que el presidente Suárez estaba aquejado de Alzhéimer. Laína revela el desencuentro del rey con éste y su deseo de que fuera revelado. En cuanto a la trama civil, la componían, según este hombre clave, excombatientes, falangistas, algunos empresarios.

Más recientemente, algunas investigaciones dejaron al descubierto la implicación en la trama o la pasividad ante su conocimiento de elementos del mismísimo CESID que quedaron asombrosamente impunes. Entre las más inquietantes revelaciones de Laína destaca que "A Aramburu Topete le pregunté si podía contar con la Guardia Civil. Dijo: 'Conmigo sí pero no sé si obedecerán mis órdenes". En tiempos recientes, un nuevo escándalo salpico a la Benemérita de nuevo y evidenció el modo en que no se castigó de modo adecuado a algunos de los asaltantes del congreso: uno de los oficiales que acompañó a Tejero y que abandonó a sus hombres saltando por las ventanas del Congreso, siguió como otros su carrera militar y llegó a coronel.

Las revelaciones de Laína confirmaron que el propio Rey propició el ambiente de crítica a Suárez y a contribuir al clima que acabó en el 23-F. A él le correspondió entregar personalmente a Suárez un informe confidencial elaborado por los servicios de información policiales.  En el documento, de dos folios, se indicaba que el Rey no se recataba en criticar duramente al presidente Suárez en sus conversaciones con personas y ambientes muy diversos. Se añadía que el monarca expresaba abiertamente su disconformidad con decisiones adoptadas por Suárez y planteaba la conveniencia de un posible relevo del presidente. También se daba cuenta de una comida que el general Alfonso Armada, gobernador militar de Lleida y antiguo preceptor del Rey, había mantenido con el responsable de asuntos de Defensa del PSOE y número tres de ese partido, Enrique Múgica, en la casa del alcalde de esa capital, Antoni Siurana.

En el informe se aludía a los asuntos supuestamente tratados en esa comida y a los comentarios suscitados en torno al encuentro. “Acudí a La Moncloa a finales de diciembre a entregar el informe. Después de leerlo detenidamente, Suárez guardó un momento de silencio y luego me dijo: No me cuentas nada nuevo. Suárez era un hombre valiente y de coraje, y el que le conocía sabía que no iba a arredrarse fácilmente”.

Aquella tarde en Galicia

En aquella tarde del 23 F de 1981, una de las medidas para conocer el eco que el intento de golpe de Estado podía tener en Galicia era averiguar la situación de las diversas guarniciones. A mí me tocó como periodista esta misión. E hice por tanto diversas llamadas con éxito distinto. En Ourense me atendió personalmente, con toda cordialidad, el entonces coronel del Regimiento de Infantería 'Zamora 8', José Camiña Rivas, a quien yo conocía desde sus tiempos de capitán de la COE 81.

Años después averigüé otros detalles. Al poco de que en octubre de 1987 fuera disuelto el Regimiento de Infantería Zamora 8 'El Fiel', me trasladé al viejo caserón de San Francisco con intención de recoger algún recuerdo. Entre los documentos que rescaté se encontraba uno especialmente interesante de la Escuela Superior del Ejército, titulado 'Orientaciones provisionales para el empleo táctico de la Brigada de Infantería D.O.T.'. Allí se relataba con todo detalle qué hacer en una situación como el 23-F. Eran las órdenes de despliegue ante una perturbación del orden público, la subversión social o “que el poder civil dé muestras de debilidad o desidia”.

Entre las medidas previsoras que aquella tarde se tomaron en Ourense, dentro de la normalidad, destacó la orden de que todos los vehículos del Regimiento, que contaba con 800 hombres y era una unidad 'motorizable', estuvieran repostados de carburante y en orden de marcha, por si fuera necesario. La misma decisión se tomó en otras guarniciones. En Vigo, la dotación, entonces numerosa de la Escuela de Electricidad de la Armada estuvo acuartelada. Medidas semejantes se tomaron en el resto de las guarniciones de Galicia. @mundiario

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