Procaz blanqueo de ETA al manipular la palabra "violencia"

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Blanqueadores de ETA en plena acción.
La banda vasca ya no cometió atentados, asesinatos y estragos, sino que sus crímenes quedan ahora envueltos con otros conceptos.
Procaz blanqueo de ETA al manipular la palabra "violencia"

Resulta particularmente repugnante la campaña de blanqueo conmemorativo de ETA a la que asistimos, con la destacada participación de firmas de su misma familia ideológica, que con todo cinismo y descaro la dan la vuelta a las palabras para intentar ocultar la realidad. Así, por ejemplo, en lugar de calificar de terrorismo sus actos, los envuelven en la genérica expresión de que empleaban “la violencia”; es decir que podía ser verbal o incluso física, pero sin pasar de ahí. La realidad son 829 asesinatos, 79 secuestros, con el asesinato de 10 de los secuestrados; 10.000 extorsiones, miles de estragos, continuados por sus mesnadas de la “Kale Borroca” y 358 crímenes impunes. Todo eso fue simplemente “violencia” como una herramienta para alcanzar sus fines.

Pero hablemos de Bildu. ¿Acaso esta organización no tiene los mismos objetivos finales que ETA? ¿A qué vino la aprensión del doctor Pedro Sánchez cuando afirmaba que nunca pactaría con Bildu? o su vicepresidenta Carmen Calvo insistía en ello: “Pactar con Bildu es la línea roja que nunca traspasaremos. Y los socialistas somos de fiar”.

El análisis o recuento de las acciones de ETA nos ofrece la sorprendente revelación de que la mayor parte de sus crímenes, entre otros los más violentos y de mayores efectos, se producen a partir de la “Transición”.  La banda se creó el 31 de julio de 1959, pero su primer atentado mortal fue el 7 de junio de 1968, cuando asesinó al Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay en un tiroteo en un control de tráfico en la carretera N-1, en el término municipal Aduna (Guipúzcoa). El último crimen lo cometió el 16 de marzo de 2010, cuando mató al gendarme francés Jean-Serge Nérin tras un intercambio de disparos con varios miembros de la banda. De las 829 personas asesinadas, 506 eran miembros de las Fuerzas de Seguridad, 58 empresarios y 39 políticos.

El afán de los blanqueadores

Y todo esto queda ahora envuelto por los blanqueadores como meramente “la práctica de la violencia” en Euskadi y “el Estado español” (expresión esta última franquista, con la que él régimen definía a España, reino sin rey, tal del gusto ahora del independentismo). Pero ese juego de palabras resulta grotesco cuando el secuestro y asesinato de una persona se resuelve como “secuestro y muerte”. O sea, el secuestrado no fue ejecutado, sino que se muere y se puede morir de muchas formas. Es decir, se trata de disolver lo que ETA fue realmente y, cómo no, se reparten las manidas etiquetas conocidas a todos aquellos que no comparten ese blanqueo de una banda criminal de tan larga y sangrienta historia o de la permanencia de sus objetivos bajo otros formatos.

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Ataque de ETA. / Mundiario

Bajo ese cínico disfraz de que empleaban “la violencia” como herramienta, se olvida que ETA fue una de las más pertinaces bandas terroristas del mundo, y que dejó tras de sí el más elevado balance de asesinatos tras el IRA. Y el balance no está completo. Aparte de los 79 secuestros y diez de ellos rematados con el tiro en la nunca., se calcula que más de 20.000 personas fueron víctimas directas en atentados, entre heridos y damnificados. Las cifras de las personas que sufrieron chantaje, sobre todo empresarios, es aproximado, pues se sabe que muchos de ellos no denunciaron que estuvieron pagando el llamado “impuesto revolucionario” por lógico temor a daños mayores. Ni ETA ha pedido perdón, salvo la teatralización de Arnaldo Otegui ni, sobre todo, sus antiguos miembros han colaborado nunca para esclarecer los más de 300 asesinatos impunes ni le suerte de los tres jóvenes gallegos secuestrados, torturados, asesinados y hechos desaparecer en Francia, cuyos cadáveres nunca fueron hallados.

Cierto que, tras siete años después de haber anunciado el fin de sus actos terroristas, la banda anunciaba el 20 de octubre de 2011 su disolución. Pero pasarían seis años hasta que el 8 de abril de 2017, se montó otro espectáculo en Baiona en una bien teatralizada “entrega de las armas” a la llamada Comisión Internacional de Verificación (CIV) de las coordenadas con de ocho zulos que debían contener 120 armas y tres toneladas de explosivo, a lo que siguió otras entregas posteriores. Luego en España, el Gobierno del progreso hizo vaciar los depósitos de las intervenciones de armas de la Guardia Civil y nos presentó la burla de la pública destrucción de las armas entregada o capturadas ETA, incluyendo escopetas de caza, escopetas de balines y de tiro deportivo. Una burla y apariencia más. Los blanqueadores de ETA no recuerdan cuando tienden sus mantos protectores que una de los principios de la banda que ahora protegen tuvo entre sus doctrinas la estrategia de lo que se llamó “extensión del sufrimiento”, por la que asesinó a concejales, cargos políticos de partidos democráticos, a sus propios camaradas que querían abandonar la banda y a periodistas. El terror es algo más que simple violencia. ¿Cómo se puede tener tanto cinismo?

Por cierto que Bildy defiende “como un derecho” los homenajes que se prodigan a los miembros de ETA, muchos de ellos con sangrientos historiales, cuando salen de la cárcel como un derecho, como un reconocimiento al sufrimiento que padecieron, olvidando el que causaron. @mundiario 

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