Berlín presiona a los dos grandes partidos para evitar nuevas elecciones

Frank-Walter Steinmeier y Martin Schulz en un encuentro bilateral. / Twitter.
Frank-Walter Steinmeier y Martin Schulz en un encuentro bilateral. / Twitter.

El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, sabe que el tiempo juega en contra de la Cancillería federal pero ni socialistas ni conservadores se ven entusiasmados con trabajar juntos.

Berlín presiona a los dos grandes partidos para evitar nuevas elecciones

Alemania quiere creer que empieza a ver la luz al final del tunel en que el Parlamento les ha metido en los últimos meses. Frank-Walter Steinmeier, presidente del país, llamó a una cita a los líderes de los dos grandes partidos del país, la Christliche Demokratische Union (CDU, Unión Democrática Cristiana) y el Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD, Partido Socialdemócrata de Alemania), para poner fin a las displicencias entre ambos y que lleguen a un acuerdo de una vez por todas para la formación de Gobierno. Se trata de la tercera reunión de este tipo y Steinmeier espera que sea de las últimas. El gran problema sigue siendo el SPD, que desde los comicios del 24 de septiembre dijo nein a una posible alianza con el partido conservador para encumbrar a Angela Merkel a un nuevo mandato, forzando a la CDU a buscar una alianza con otras agrupaciones, un emprendimiento que a la larga fracasaría.

Los protagonistas se han reunido en el Palacio de Belleveu en Berlín y su encuentro duró poco más de dos horas. Al salir, ninguna de las partes quiso dar declaraciones a los medios. La idea del presidente es que la primera economía de la UE salga del agujero en que cayó y evite el bochorno de tener que llamar a nuevas elecciones, algo inédito para los disciplinados alemanes.

Pero los roces son demasiado fuertes. Si bien es cierto la unión de ambas fuerzas a gobernado al país en ocho de los últimos 12 años, lo cierto es que los electores castigaron a cada uno en las urnas y eso dejó una herida que ninguno de los dos está dispuesto a superar. A Merkel se le acusa, por ejemplo, de estar tan obsesionada con la imagen que da de Alemania al mundo que se ha olvidado de los más desfavorecidos dentro del país. Eso explica que la populachera Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania) haya ganado votos gracias a esas almas descarriadas provenientes del núcleo conservador. Y de parte del SPD, los votantes critican que el partido perdió su identidad y que unirse a die Kanzlerin no ayudará a recuperarla.

A eso hay que unir también las diferencias bilaterales, que estallaron esta semana a raíz de la renovación de la licencia de la UE para un herbicida que se ha convertido en manzana de la discordia en Berlín. El ministro de Agricultura, integrante de la CDU, votó a favor de esta iniciativa pese a que había pactado con la dirección de Medio Ambiente, en manos de los socialistas, que se abstendría. "Se ha roto la confianza", dijo Andrea Nahles, dirigente socialdemócrata.

La alianza conviene a ambos

Los medios de comunicación locales, y la población en general, no tiene mayores esperanzas en el proyecto que empuja Steinmeier. En favor del país juega que ninguno de los dos partidos puede permanecer para siempre en su obstinación. O más bien sí puede pero no debe, pues hacerlo les traería consecuencias más serias que vencer su orgullo.

Para los conservadores representaría tener que gobernar en minoría, con la mayor bancada después de la suya como sus principales opositores y con el reto de frentar el avance de la AfD, que se convirtió en el primer partido de extrema derecha en colar representantes suyos en el Congreso federal. A estas alturas Merkel y sus chicos han agotado casi todas sus opciones luego de fracasar en la coalición con Die Grüne (Los Verdes) y Freie Demokratische Partei (FPD, Partido Democrático Liberal) debido en gran parte a la falta de desentendimiento entre estos dos. La otra gran bancada del legislativo es la de los Cids Campeadores de la extrema derecha, pero la Cancillería no está dispuesta a negociar absolutamente nada con ellos y tampoco es que los seguidores de unos y de otros estén dispuestos a consentir semejante disparate.

En el SPD, en cambio, los humillantes resultados del 24 de septiembre siguen en el corazón del partido por haber sido los peores de su historia. El partido se ensimismó en su nein como una forma de salvar su orgullo y, a partir de eso, empezar a encontrar nuevamente su lugar en el mundo. No obstante, las circunstancias los han puesto contra la pared: si mantienen su negativa, el país irá a elecciones nuevamente y se arriesgan a que los resultados sean peores que los de septiembre; si dicen que sí, sus votantes no se los perdonarán y el proyecto que dirige el expresidente de la Eurocámara se desmoronará sin haber terminado de alzarse. Bruselas espera a su país patriarca. @mundiario

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