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MUNDIARIO

Los autócratas persiguen de manera encarnizada al ciudadano opositor

El autor rechaza cualquier argumento que pretenda persuadirle de las supuestas bondades sembradas por gerifaltes a la hora de gestionar el bienestar ciudadano. Da igual momento y país, dice.

Los autócratas persiguen de manera encarnizada al ciudadano opositor
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

El autor rechaza cualquier argumento que pretenda persuadirle de las supuestas bondades sembradas por gerifaltes a la hora de gestionar el bienestar ciudadano. Da igual momento y país, dice.

Quienes sigan mis artículos saben que los políticos, sin ninguna salvedad, me causan desazón para ser suave y, sobre todo, caritativo. Teniendo en cuenta mi escasa fe, el racionalismo que me caracteriza, así como la actividad empírica acumulada desde el régimen franquista a la democracia, no me siento nada proclive a comulgar con ruedas de molino. Rechazo cualquier argumento que pretenda persuadirme de las supuestas bondades sembradas por gerifaltes a la hora de gestionar el bienestar ciudadano. Da igual momento y país. Importa poco qué sello moral impregne la envoltura del mensaje. Incluso, en ocasiones, pretenden el adoctrinamiento perverso. El individuo solo les atrae cuando no constituye una rémora para conseguir o consolidar poder. Los autócratas, especie solapada pero abundante, persiguen encarnizadamente al ciudadano antagonista. Sin embargo, “sarna con gusto no pica”. Niego que el pueblo sea tonto pero sí algo necio e inocente. El jeta habilidoso -denominado casi siempre político- es un lince, nos abruma y juega con las cartas marcadas.    

Europa se encuentra hoy desorientada. Pese a que también la Comisión Euroea está constituida por políticos, estos parecen provenir de un extraño planeta. Se dejan querer estúpidamente o la nueva élite griega pretende incluso el tálamo carnal gratuito. Tsipras no necesitaba ganar ningún referéndum; era ya la jactancia convertida en dios mitológico. Tal divinización es el apeadero extremo del demagogo. Los demócratas no necesitan consagrar sus actos, los populistas demagogos sí. Lances y actores conforman una cohorte que los aúpa al poder y, a la vez, conforman un filtro o lastre, según los casos. El presidente griego falto, al parecer, de caterva celeste ha optado por ungir al pueblo (hundido en la miseria) para aunar orgullo con divinidad de segunda, esa que protege el último aposento sacro.

Los próximos meses vienen generosos en eslóganes, dichos y refranes. Percibo uno que ha de liderar todos los mensajes previos al día D. “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar”, se repetirá de forma tan cansina como fructífera. Grecia pagará un alto precio por la arrogancia y verborrea de Syriza izadas al Olimpo. Sea cual fuere el acuerdo a que finalmente se llegue, los griegos se han sumergido en las procelosas turbulencias de una indigencia tercermundista. Cuando despierten del estado catatónico actual, propiciado por el elixir demagógico, deberán digerir durante algunos años su insensatez. Otros demagogos, afines o rivales, intentarán sacar partido de tan onerosa experiencia recomendando al ciudadano europeo escarmentar en cabeza ajena.

Podemos exhibe, además, una osadía hiriente, de sarpullido. Mis raíces manchegas me hicieron especialmente sensible a la bravuconería del ególatra, a responder con firmeza al reto. Espero que este carácter bravo, aguerrido, sea común en la extensa piel de toro. Podremos soportar mentiras, fraudes, desdenes, pero zaherir la humildad es intolerable. Nuestro pundonor individual no se negocia, ni puede medirse ni compararse. Quien despliegue un talante prepotente comete la mayor ofensa que pueda erosionar la cautela ciudadana. Las últimas noticias muestran una vez más el fondo totalitario de un Pablo Iglesias de postín, huero, con lógica contrahecha; divergente sumo entre lo dicho y lo cumplido. Gracias al plan de primarias propuesto, pasa a ser gestor torpe, pero indiscutible, de Ahora en Común. Podemos es tan socialdemócrata como casta la Trotaconventos. Aparte hábiles técnicas de púlpito, dista mucho de ser un partido renovador, demócrata, ético. Es una tramoya para conseguir un poder absoluto que no piensa ceder ni compartir; una nueva casta más casposa que la anterior porque tiene antecedentes ideológicos del siglo XIX. El desvelo por los ciudadanos oscila entre arriesgados experimentos y notables desamparos aplicables a Syriza y Tsipras, sus correligionarios griegos.

El primer error lo ha cometido el PSOE. Esa estrategia de unir su destino al de Podemos crea incertidumbre y rechazo. ¿Hay alguien capaz de definir cuál es la política real de Pedro Sánchez? ¿Qué proyecto tiene de España, si esconde alguno? De momento solo le interesa sustituir al PP en el gobierno. Sospecho que semejante proyecto es insuficiente para ganar unas elecciones. Carece de referentes actuales y los pasados constituyen un auténtico lastre. Veremos al final, pero no deben hacerse demasiadas ilusiones. Jugar con fuego siempre implica riesgo; y no pequeño, incalculable. 

Rajoy y PP personifican el desacierto pues desconocen a sus votantes. La derecha no es dogmática, sino racional. Convencer con miedos o mentiras a dos millones de ciudadanos críticos, con sentido común, aparenta misión imposible. Rajoy perderá las elecciones por derrochar inútilmente aquel capital político que hace cuatro años puso en sus manos el pueblo español. Vio en él una última oportunidad para que diera la vuelta al roto calcetín. No pudo o no quiso y será el primer presidente que cumpla una sola legislatura. A mayor inri, proviniendo de una mayoría absoluta. ¿Cómo se puede desperdiciar tanto crédito? Vanidad de vanidades; es decir, vacuidad.

Nos queda como repuesto exclusivo, para continuar con esperanza, Ciudadanos y UPyD. Albert Rivera tiene que andar con pies de plomo porque es rival serio y lo observarán a fondo, tanto en su comportamiento cuanto en sus disposiciones. Dicen los mentideros que algún colaborador, quizás barón, actúa con escaso tino. Cuidado con los espontáneos. Asimismo, espero del partido magenta una renovación seria para colocarse a la cabeza en las elecciones generales y tener un protagonismo del que ahora mismo carece. Sería bueno para España y para los españoles que recogiera el espacio de la izquierda moderada, socialdemócrata, abandonado por un PSOE echado al monte. Así sea.