La Audiencia Nacional constituye un elemento de anormalidad en el sistema judicial español

Sede de la Audiencia Nacional, en Madrid. / Archivo
Sede de la Audiencia Nacional, en Madrid./ Archivo

La audiencia que ha encarcelado a más de la mitad del Govern es un tribunal de excepción sin equivalentes en Europa. Los delitos perseguidos por esta jurisdicción especial se han ido ampliando con el tiempo.

La Audiencia Nacional constituye un elemento de anormalidad en el sistema judicial español

La Audiencia Nacional, que ha encarcelado a más de la mitad del Govern, es un tribunal de excepción sin equivalentes en Europa. Muchos de sus jueces y magistrados han desarrollado una aplicación desproporcionada del Derecho Penal, más como represión del enemigo que como enjuiciamiento del ciudadano. Los delitos perseguidos por esta jurisdicción especial se han ido ampliando con el tiempo.

En  2008, la Audiencia  Nacional determinó en pleno, es decir, unificando criterios para todas las secciones penales, que "el delito de rebelión nunca fue competencia de esta Audiencia". Pero  la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, en decisión ya ratificada por una de sus secciones, se considera competente para conocer de los delitos de rebelión y sedición, modificando ese criterio firme establecido en pleno.

Por otra parte, es evidente que la conducta de los miembros del Govern no constituye delito de rebelión, por faltar el elemento de la violencia. Tampoco la conducta de los Jordis integra el delito de sedición, por faltar una incitación a la violencia en la consecución de los objetivos políticos.

En una democracia, tanto la competencia objetiva de los tribunales como la definición de las conductas delictivas son de interpretación  restrictiva. Pero la Audiencia Nacional siempre intentó hacer interpretación extensiva de los conceptos jurídico-penales. De este modo se llega la conclusión de que "todo es ETA", de que la violencia de baja intensidad en la calle debe ser perseguida como terrorismo o que la organización independentista gallega Causa Galicia es una banda armada.

El problema de la Audiencia Nacional es de origen. Adolfo Suárez la creó en el 1977 por decreto-ley desde la planta del franquista Tribunal de Orden Público (TOP), que enjuiciaba delitos políticos. Se consideraba necesario un tribunal especial en Madrid para luchar contra el terrorismo, pero enseguida se le fueron otorgando más competencias. Sus jueces instructores asumieron muchas veces el rol de jueces-estrellas, a veces incurriendo en claras ilegalidades, como el abuso de la prisión preventiva para conseguir avances en las investigaciones. Sus tribunales impusieron muchas veces  penas durísimas, extendiendo ilegalmente tipos penales y conceptos jurídicos indeterminados o vulnerando el principio de la irretroactividad de la ley penal, como en el caso de la doctrina Parot.

En ningún país de Europa occidental existe un tribunal excepcional como la Audiencia Nacional, con competencia en todo el territorio, reservada en dichos Estados a sus Tribunales Supremos. En la provisión  de sus plazas influye fundamentalmente  un Consejo  General del Poder Judicial elegido por  las mayorías parlamentarias. Y, sobre todo, constituye una corte  alejada del  territorio y de la sociedad y que actúa muchas veces más para reprimir al enemigo que para juzgar al  ciudadano. De ahí su anormalidad frente al principio constitucional del juez ordinario predeterminado por la Ley y su toxicidad respeto a nuestro sistema judicial.

La Audiencia Nacional constituye un elemento de anormalidad en el sistema judicial español
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