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Areces hizo política institucional en Asturias tras luchar en las calles de Galicia contra la dictadura

En Galicia luchó contra el franquismo y estudió matemáticas. En el ámbito universitario se distinguió por su activismo político, lo que le costó varias detenciones, multas y represalias académicas.

Areces hizo política institucional en Asturias tras luchar en las calles de Galicia contra la dictadura
Vicente Álvarez Areces. / Mundiario
Vicente Álvarez Areces. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Hay pesar, también en Galicia, por la muerte de Vicente Álvarez Areces. También en Galicia, y no solo en la Galicia progresista. Porque su repentino fallecimiento ha causado un hondo pesar.

El que fuera largos años alcalde de Gijón y presidente del Principado de Asturias siempre será recordado como uno de los suyos por las generaciones de gallegos que lucharon contra el franquismo e hicieron posible la transición, sobre todo por los que militaban en "El Partido", con mayúsculas, en el "Pecé". De los "históricos", por razones de edad, ya van quedando más bien pocos. Casi todos ellos, aún sin renegar de esa etapa de su pasado, terminaron por alejarse, decepcionados, de la organización a la que consagraron los años de juventud, convencidos de que su contribución y sus sacrificios serían, como lo fueron, fundamentales para la construcción de la España democrática. 

En su obituario queda constancia de que fue un destacado dirigente socialista y que ocupó varios altos cargos en los gobiernos de Felipe González. Sin embargo, Areces no ingresó en el PSOE hasta 1987, después de pensárselo mucho. Hasta ese momento, su trayectoria política había discurrido en las filas del Partido Comunista, tanto en la clandestinidad como en los primeros años tras la muerte de Franco en que se trazaba el mapa político de la España democrática. Se fue antes de que le echaran, como tantos otros líderes del "Pecé", víctimas de purgas orgánicas o del declive imparable del "carrillismo" tras los malos resultados obtenidos por los comunistas en las primeras elecciones.

Tini, como le conocía mucha gente, no solo la más cercana, tuvo un papel fundamental en aquellas revueltas estudiantiles en la Universidad de Santiago que se anticiparon varios meses a lo que después sería el mayo francés del 68. Él había venido a estudiar ciencias exactas, con la intención de ser profesor de matemáticas, su otra gran vocación, además de la política. En el ámbito universitario se distinguió por su activismo político, lo que le costó varias detenciones, multas y represalias académicas que incluían la prohibición de pisar las aulas y le obligaban a examinarse "por libre". Por eso, y por otras razones de índole sentimental, para Areces, Compostela es, más que una ciudad clave en su biografía, "una emoción".

Durante su estancia en Santiago, y a pesar de su juventud, contribuyó a la fundación y asumió puestos de responsabilidad en el Partido Comunista de Galicia (el Pecegá). Allí coincidió, entre otros, con el también desaparecido Geluco Guerreiro, con el colaboró estrechamente. En aquel agitado entorno antifranquista conoció a otros activos militantes comunistas, como Emilio Pérez Touriño, que como él acabó en el PSOE y con quien llegó a trabar amistad personal. Areces y Touriño coincidieron durante un tiempo, a mediados de los años dosmil, como presidentes autonómicos de Asturias y Galicia.  

La personalidad de Tini, su sentido de la responsabilidad como servidor público y el profundo respeto institucional que sentía por mandatarios que estaban en las antípodas políticas, o que incluso habían ocupado altos cargos en el régimen al que combatió en la clandestinidad, explican que como primer mandatario astur llegara a entenderse con Fraga y después con Feijóo en defensa del interés común de las comunidades primas hermanas. A Don Alberto casi le puede la emoción al enterarse de la muerte de Areces. Lamenta la pérdida porque le conoció, le trató y se entendió con él, pero también porque considera que a la política española de hoy no le sobran personajes de su perfil: coherentes, sensatos y con altura de miras. @mundiario