Apuntes críticos sobre el americanismo de Tamayo

Authencia Americana. RR SS.
Authencia Americana. / RR SS.
Tamayo habla de indoamericanismo como una unión mística de los pueblos americanos con raigambre india, pero no dice claramente cómo se daría esa unión y si ésta supondría alguna modificación en las fronteras de los países.
Apuntes críticos sobre el americanismo de Tamayo

Franz Tamayo Solares , creador y esteta genial y pensador político a veces contradictorio y polémico, a los 65 años de su muerte, ha vuelto a aparecer ante nosotros con nuevos versos y nuevos escritos políticos y filosóficos. El libro Authencia americana, que reúne buena parte de la obra inédita del escritor paceño, incorpora textos referidos a su credo americanista escritos entre 1926 y 1930. El capítulo IV (“Credo político para América”) consigna los textos: ‘Proyecto de Ley Capital’, ‘Introducción’, ‘Americanismo’, ‘Raza’, ‘Democracia americana’, ‘Ley Capital’ y ‘Cefálico’ (palabra escrita por Tamayo en griego antiguo que, según mi modestísima ilustración en tal lengua, quiere decir eso o ‘de la cabeza’ y cuyos caracteres griegos no pueden reproducirse aquí). Los siete escritos tienen más o menos el mismo espíritu: el americanismo político. Motivo por el cual analizaremos todos ellos como un conjunto.

El Proyecto de Ley Capital, en realidad, ya fue ampliamente difundido en el libro Yo fui el orgullo de Baptista Gumucio, el cual incluso incluye un facsímil del folleto que fue impreso en 1930. Pero los demás texto eran desconocidos hasta hace poco.

En la ‘Introducción’, Tamayo comienza afirmando que en América la democracia es un fracaso, pero que es errado pensar que ésta no funciona porque los pueblos son inferiores. Nada nuevo hasta aquí. Lo que sí me parece interesante es que luego indica que las leyes son copiadas de Europa y que los pensadores americanos son pobres de pensamiento y perezosos para el trabajo serio. Además, que “en el elemento gobernante está la poca cultura intelectual que existe en América”. Creo que ésos son destellos de una sinceridad poco vista en pensadores orgullosos de lo nativo (como lo fue Tamayo, pese a haber sido un occidental cultural), a diferencia de la de pensadores críticos y desencantados, que hubo pocos (como Arguedas o René-Moreno).

Más adelante, Tamayo, al igual que José Enrique Rodó (quien justo luego de la publicación de Pueblo enfermo escribió a Arguedas una carta en la que hablaba de su libro), habla de un pueblo americano inmaduro, novato, un pueblo niño, y no así de vicios innatos de la raza. Para sustentarlo, dice que las tiranías más feroces se implantan incluso en los pueblos más cultos como Inglaterra.

El pensador paceño inicia el apartado ‘Americanismo’ hablando de la tierra. Si en la Pedagogía ya lo habíamos visto discurriendo sobre el concepto del genius loci, en este texto habla más ampliamente del mismo. Un Genius loci, según la mitología romana, era el espíritu protector nacido de la tierra. Tamayo fue, probablemente, el único pensador que retomó ese concepto para explicar el americanismo y para exaltarlo. Ahora bien, estoy de acuerdo con el pensamiento positivista de que la tierra, el clima y el medio forjan no solo el carácter de las personas sino además ciertas particularidades fisonómicas y potencialidades físicas («la raza es el retazo de tierra hecho estirpe humana», ¡estupenda definición!), empero no pienso que el concepto del genuis loci sea un fundamento serio para explicar ninguna actitud o costumbre desde la sociología.

Tamayo habla de indoamericanismo como una unión mística de los pueblos americanos con raigambre india, pero no dice claramente cómo se daría esa unión y si ésta supondría alguna modificación en las fronteras de los países. Afirma que las razas o el color de tez no son nada en comparación con el alma americana que otorga el haber nacido en tierras americanas. Aquí se puede ver a un pensador alejado del silogismo aristotélico, pues esas deducciones no resistirían ninguna interpelación seria o científica ya incluso en aquellos años de la tercera década del XX. Lo interesante es ver que el escritor paceño no desdeña ni por un solo momento la cultura occidental, desde que promueve la hispanización del indio, las ideas del liberalismo francés (bajo el nombre de radicalismo) o la implementación de «medios físicos de comunicación [que] pongan en contacto continuo a toda la América hispana» para que, a través de ellos, se produzca una «estupenda unidad continental». Estas ideas, creo yo, salvo el descrédito que tienen algunos indianistas sobre la cultura y las facilidades de la modernidad, son muy similares a las del indianismo contemporáneo, cuya característica es la pegadiza retórica romántica.

Pienso que Tamayo acertó en varios de sus juicios sociológicos sobre la raza; aun cuando éstos puedan parecer hoy anacrónicos por ser positivistas, creo que siguen teniendo relativa vigencia. Así, creo que el concepto germano de Kultur aplicado a la sociología es válido: la cultura (usos, prácticas, gustos, etc.) de las sociedades puede variar porque es fluida, cambiante, movible, pero en cambio la raza tiene ciertas particularidades innatas de la sangre según donde ésta brota, y son casi inamovibles. Cultura y raza, de esta forma, son cosas distintas. Pienso que el razonamiento filosófico tudesco sirvió a nuestro gran Tamayo en sus mejores afirmaciones sociológicas.

En ‘Raza’, Tamayo comienza citando a un tal Ortiz (que intuyo es Fernando Ortiz, el antropólogo cubano, contemporáneo suyo), diferenciando cultura y raza, pero luego cae en retoricismos vinculados con la superioridad humana americana, como el siguiente: «La blandura del corazón (…) es nobleza de alma, justamente nobleza racial…». O éste: «Jamás, en ninguna parte, la dulzura de los hombres ha florecido tan noble y tan elevadamente como en nuestra América, a pesar de nuestras tendencias democráticas y a pesar de todo». Yo pienso, en cambio, que el mayor vicio de todo nuestro ser como sociedad latina puede verse bien reflejado precisamente en las tendencias democráticas o, más bien dicho, antidemocráticas que demostramos. Además, hablando ya de la nobleza y la blandura del corazón, hay otros pueblos —v. g. el árabe— que son mucho más carismáticos, diligentes y sinceros que el latinoamericano, o por lo menos que el boliviano.

Las últimas partes son principalmente políticas. No ensayaré consideraciones jurídicas sobre la Ley Capital, dado que no soy jurista. Haré más bien algunas de tipo politológico. Me parece como anillo al dedo para el presente que vivimos la siguiente afirmación, correspondiente al ‘Cefálico’: «Hay que hacer que el buen gobierno democrático no sea tal por mera gracia y favor personal del gobernante, sino que tal buen gobierno sea el resultado forzoso de las instituciones jurídicas de la Nación». Tamayo repite una idea similar en las consideraciones sobre la Ley Capital. En suma —más allá del tiranicidio que propone—, dicha ley tiene aquella idea como eje fundamental. Tamayo entrevió un problema que se reproduce hasta hoy y su posible solución, pese a que podamos discrepar con la idea del asesinato del tirano. De todas formas, apuntó la carencia principal del país: instituciones, además de hombres preparados, rigiendo el país de manera correcta y justa. @mundiario 

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